7 Un Libro y un Beso.

2055 Palabras
Isobel. Me despierto dentro de mi propia mente. Un paraíso en constante cambio, lleno de mis temores y esperanzas. No llevo lentillas, solo ropa cómoda y estoy armada hasta los dientes.  Este tipo de meditación, en la que te encierras de forma consciente en tu cabeza, es algo muy difícil de lograr, ningún humano normal podría haberlo logrado. Me tomo meses aprender bajo la tutela de una vampira tan anciana que la mayoría cree que no existe. Pero lo hace y me enseño a enfrentarme a mis temores. Nada de lo que aquí pueda encontrar me atemoriza, ya que conozco este lugar como a la palma de mi mano. Además puedo cambiarlo a mi voluntad. Comienzo a caminar y a observar todo a mí alrededor, por ahora es un campo lleno de dientes de león, donde la hierba me llega a la cintura. Camino despacio atenta a todo lo que me rodea, no olvidando el hecho de que a pesar de que este paisaje es parte de mi subconsciente, no quiere decir que no sea peligroso. Salgo del prado para adentrarme en la playa y ver como se esconde el sol en el horizonte. Me sumerjo de forma tranquila en el mar, y sin detenerme lo atravieso cual espejo, para salir del otro lado a un bosque. Donde hay una casa asentada junto al lago, subo al muelle sin el menor esfuerzo y entro en la casa. La casa es lujosa, con un exquisito decorado que habla de la Toscana italiana. Una vez  corrí por estos pasillos cuando era niña y mi padre aún vivía, esta fue nuestra casa vacacional. Pues vivíamos en la ciudad y a mi padre le encantaba pasar el fin de semana y todos los días libres aquí, donde no hay señal telefónica y la conexión de internet es tan lenta que aburre. Había un teléfono satelital que solo se usaba si estábamos en peligro de muerte. Y cuando lo necesitamos, ese teléfono no salvo a nadie. Los vampiros vinieron y mataron a mi padre. Yo lo vi todo, escondida como estaba detrás de un estante. Ni siquiera papá había sabido que estaba allí, habiéndome escabullido para no quedarme sola con mamá, porque seguro que esa noche estaba bebiendo y cuando lo hacía era insoportable. Subo sin vacilación las escaleras, tras haber superado esos demonios hace mucho y llego a su despacho. Si quiero encontrar de donde vino esa frase y lo que significa, debo de buscar en los papeles de su despacho, donde mi mente archiva toda información que mi subconsciente cree que mi yo consciente no podrá soportar o no es el momento para que lo sepa. Rebusco en los papeles del escritorio sin encontrar lo que busco, reviso en los estantes un libro que pueda ayudarme. A veces también podría esconderse en la gran biblioteca, allí se almacenan miles de recuerdos, los que están en este despacho, son solo los que están en cuarentena. Me tropiezo con un libro que parece... diferente, la emoción que lo mantiene cerrado es diferente a cualquiera que hubiera visto. Al abrirlo me topo... con amor, amor puro y duro. Amor hacia Scott. Dejo caer el libro y lo miro en shock. ¿Amo a Scott? Siento las lágrimas sin derramar en mis ojos, no sé si de alegría o tristeza y me confunde, mucho. Tomo el libro y vuelvo a abrirlo. Los recuerdos me asaltan, todos de Scott y yo juntos, bailando, hablando de todo y nada, riendo, y abrazándonos. Sonrió ante esos recuerdos. Parece que amo a Scott, me rio por no haberlo visto antes. Me llevo el libro conmigo, antes de dirigirme a la gran biblioteca. Rebusco por todos lados y no consigo nada. Me siento en una mesa de lectura, con los pies colgando por el borde y trato de pensar en donde podría esconderse tal información. Si no está en ningún lugar visible entonces... Una puerta, ¿cómo no lo pensé antes? Bajo de la mesa y con un simple gesto de mi mano, aparece ante mí una puerta negra que nunca había visto. Pensé que conocía cada uno de los pasadizos secretos de mi cabeza, pero esto demuestra que no. Al acercarme, el dolor me asalta, una pena tan grande como nunca la había sentido. Un fuerte dolor en mis sienes cuando logro tomar el pomo. Pero una tormenta de sufrimiento me aleja de la puerta. Regreso a mi yo consciente de golpe y el dolor en las sienes me sigue. No sé lo que hay detrás de esa puerta, pero lo que sea es muy poderoso, no voy a poder entrar sin ayuda y la única que podría ayudarme ha desaparecido para dormir voluntariamente por eones. Me levanto de la alfombra y me doy cuenta de que estoy toda sudada. Voy al baño y me doy una ducha antes de poderme un camisón, me peino y lavo los dientes. En el espejo puedo ver que mis lentillas han vuelto a desaparecer. Carajo.                                                                                           |*****| Me despierto a las dos de la tarde según mi teléfono. Después de un sueño reparador me cambio para ir a comprar más lentillas. Antes de salir me pongo unas gafas de sol para ocultar mis ojos y salgo del edificio. Camino hasta la óptica donde siempre compro los lentes de contacto. Me encuentro a Sam, el hijo del dueño detrás del mostrador. —Hola Sam, ¿Por qué estas cubriendo a Hannah? Hannah es la cajera de la tienda. —Enferma— responde— ¿Tus lentillas? —Ya lo sabes. —Regreso enseguida. Sale en busca de ellas, mientras yo me quedo viendo un par de gafas para el sol de alta tecnología. Tiene unas funciones muy interesantes, conectadas a la red de internet local podrían investigar a quien quisieras en un santiamén, funcionan con movimientos de retina y eso. También puedes tener visión nocturna y de ondas de calor, según lo necesites. Son bastante guays, pero no son para mí, cuando Sam regresa pago las lentillas y me dirijo a casa. Me quito las botas al llegar y voy al baño para guardar los dos paquetes de lentillas, me coloco un par de forma inmediata. Normalmente nadie viene a visitarme los fines de semana y nunca llevo lentillas, pero  estos días no sé qué creer y mejor estar preparada para todo. Con eso en mente me preparo algo de comer. Enciendo el proyector y lo dejo en las noticias mientras devoro mi emparedado. Dejo que las noticias ahoguen el silencio del apartamento como si fuera música de fondo. Normalmente encontraría todo esto relajante, pero hoy no. Hoy es un día diferente a otros en más de un nivel. Necesito hablar con Scott. Pero no puedo acercarme al club, se supone que estoy fuera de la ciudad. Dentro de cuatro días es viernes, dentro de cuatro días es Halloween, mierda tengo tantas cosas en la cabeza que se me había olvidado esa noche. La fatídica noche donde todo podría salir mal. Si, parece que últimamente los problemas crecen en los árboles. El teléfono suena y lo contesto de forma inmediata. Ansiosa por una distracción. — ¿Diga? —Soy yo, ¿puedo ir a tu apartamento? Scott. —No hay problema. Me muevo como un rayo, lavo los platos sucios, me aseguro de que todo está en su lugar antes de que alguien toque la puerta. Veo por la mirilla que se trata de Scott y le abro sin demora. Entra sin decir nada y lo conduzco al sofá. Admira todo a su alrededor, el gris, turquesa, azul y amarillo dominan la estancia. —Has hecho un gran trabajo con el lugar. Scott nunca había entrado aquí. —Sí, me llevo mi tiempo pero al fin esta como me gusta. —He estado buscando información sobre lo que me pediste— me mira a los ojos— ¿Usas las lentillas hoy? —Tengo que, es un día raro y no puedo arriesgarme a que Astrax o Esteban me vean sin ellas. —No quieres que le lleguen rumores al novato sobre una chica con ojos violetas. —Exacto, Carol lo sabe porque crecimos juntas y ella me ha visto sin ellas varias veces en ese pasado en conjunto. Pero Sav fue un error, ella vino un sábado y me sorprendió sin mis lentillas. — ¿Desde entonces las usas en fin de semana? —No, solo les he dicho que nunca vengan sin avisarme y de todas maneras ellas ya lo saben. — ¿Qué has encontrado? — inquiero, la cuestión de esa frase molestándome sobremanera. —Nada— responde rotundo— lo que me has dicho no conduce a nada. Ya lo sabía pero aun así… —Mierda, tampoco encontré gran cosa en mi cabeza— bueno, un libro de amor por mi mejor amigo no es poca cosa— pero si encontré una puerta que no sabía que existía. — ¿Y?­-dice expectante. —No pude abrirla— me recuesto sobre él— estaba llena de tal pena y sufrimiento... que me expulso de mi propia mente. Era una sensación tan ajena a mí, pero al mismo tiempo, parecía ser una parte indeleble de mí ser. No sabría cómo  describirlo de forma adecuada. — ¿Pena? ¿Sufrimiento?-parece tan perplejo como yo, sus ojos marrones transmitiendo su  preocupación por mí. —Sí y no sé porque o de donde salen esas emociones. No tengo ningún recuerdo que pueda afectarme  de tal modo. Isis me ayudo con todo eso. —Tal vez no con todo— me abraza y nos reconforta a ambos. Quiero decirle lo otro que he descubierto en mi cabeza, pero tengo miedo. Todavía no  he tenido mi primer beso de amor. Aquel que una vez su cuerpo destrozó, hoy le dará su primer beso de amor. El dolor de cabeza regresa para atormentarme y porque estoy en los brazos de mi mejor amigo me permito reaccionar gimiendo. Scott se paraliza y comienza a masajearme las sienes hasta que el dolor remite. —Tus lentillas se han consumido. — ¿Qué? —Han desaparecido Itzel. —M. I. E. R. D. A —Completamente de acuerdo. —Tengo miedo Scott— ahí está, ya lo dije. Tengo miedo de todo lo que está ocurriendo en este momento. Mi vida actual podría terminar en desastre y mi mente parece estar dañada, podría estar perdiendo la razón poco a poco.  Su respuesta demuestra una vez más cuanto me conoce. —Lo sé. Nos quedamos así, hasta que su teléfono revienta la burbuja. El tiempo no tiene compasión con los temerosos, la vida continúa y Scott debe irse. Me mira confirmando que estaré bien sin él. —Ve. — ¿Segura? — por primera vez lo veo inseguro. Esa visión me atenaza el corazón. —Vete Scott, estaré bien— me levanto y lo abrazo. No sé lo que me apremia, ni que me hace decir mis siguientes palabras, pero siento que si no lo digo ahora... no tendré oportunidad de decirlo más adelante. —Te amo Scott— lo miro fijamente, mientras la sorpresa y el deleite inundan su mirada— no lo olvides. Su teléfono vuelve a sonar interrumpiendo el momento. —Regresa apenas puedas y entonces me darás mi primer beso real— le doy un casto beso en sus labios y lo despido con una sonrisa. Me sonríe ampliamente antes de susurrar en mi oído. —No sabes cuánto jodido tiempo he esperado para escuchar esas palabras salir de tu boca Itzel. Lágrimas corren por mis mejillas, con una enorme pena. —Y no sabes lo mal que me siento por no darme cuenta antes...— las siguientes palabras salen de mi boca sin mi consentimiento, el filtro entre cerebro y boca aparentemente desconectado—... antes de que fuera demasiado tarde. —Nuca es demasiado tarde— besa mi frente, mis mejillas y seca mis lágrimas a besos antes de marcharse. A pesar de sus palabras y lo reconfortante que son, toda calidez se desvanece de mí cuerpo. Al verlo irse por esa puerta mi corazón se acelera y un dolor horrible me atraviesa. En ese instante mi alma intentaba decirme algo que yo me negué a escuchar pero la ignorancia no cambia la realidad. Me di cuenta de cuanto lo amo demasiado tarde.  
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