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Amor Azul

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Descripción

Un atardecer de verano Aydan y su hijo encuentran una extraña criatura en el muelle de Rotford, sin saber que hacer con ella, la llevan a su casa para curar sus heridas y tratar de entender su procedencia; Cuando Aydan puede verla se encuentra con unos ojos que brillaban encantadores de un azul intenso, tan profundos como el mismo mar, su cabello blanco azulado como la espuma marina le llegaba hasta la cintura cubriendo su desnudo torso y sus piernas… no sus piernas, lo que vieron fue una hermosa cola azul cubierta de escamas; padre e hijo deciden a ojo cerrado ayudar a esta “mujer” y poco a poco ambos sienten por ella más de lo que están dispuestos a reconocer, ¿puede el amor superar la barrera de pertenecer a mundos diferentes?.

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Capítulo 1. EL ENCUENTRO
Era el atardecer en el Muelle de Rotford, Aydan Arlez y su pequeño hijo de 12 años, Hugo, estaban sentados pescando en la orilla, el cielo se tornaba de color entre azul y naranja, el mar ondeaba los brillos del sol que poco a poco moría en el horizonte; era una tradición que hacían cada año desde la muerte de su esposa y madre, generalmente padre e hijo tenían mucho que decir, pero ahora estaban en un silencio profundo de esos que rompen el corazón, sólo se escuchaban de vez en cuando suspiros de alguno de los dos hombres que disfrutaban del atardecer. De un momento a otro ese silencio se vio interrumpido por el chapotear fuerte de las olas y un quejido ahogado por ese ruido, Aydan miró al mar y vio una figura femenina que al parecer se estaba ahogando. - Hugo, no te muevas de aquí, espera a papá, hay alguien en apuros - después de decir eso se quitó los zapatos y la chaqueta y se lanzó al agua. Nadó hacia donde había escuchado el sonido, se zambulló varias veces pero no encontró nada, cuando se estaba dando por vencido sintió una mano que le cogió una pierna, inmediatamente tomó esa mano y la siguió para buscar la persona, tomó aire y descendió, aunque no podía ver muy bien logró distinguir el rostro de una mujer, intentó darle aire por la boca, pero ella no lo permitió; tomó sus manos y mirándolo a los ojos las llevó por su cuerpo, su torso estaba desnudo, él sintió la firmeza de sus senos aunque sus manos pasaron por el lado sin tocarlos directamente, cuando ella siguió descendiendo las manos él intentó retirarlas, sin embargo ella insistió hasta que llegó a un tejido escamoso, él intentó nuevamente retirar sus manos pero ella con sus ojos suplicó que le permitiera continuar, el corazón de Aydan latía a mil , pero permitió que ella lo guiara por su… ¿cola?, ella tenía una cola y según lo que podía sentir estaba enredada en hilo de pescar, aunque estaba aterrado entendió lo que ella quería decirle así que subió a tomar más aire para poder ayudarla; en su bolsillo siempre cargaba una pequeña navaja suiza que le había regalado su abuelo así que con mucha dificultad la buscó y descendió nuevamente hasta la cola de la sirena a cortar los hilos que la atrapaban y le estaban haciendo mucho daño, tanto que alrededor había una gran cantidad de líquido viscoso color verde que él suponía que era sangre, cortó hilo por hilo con mucho cuidado, pero después de todo el esfuerzo que hizo para soltarse y la sangre perdida, ella perdió el conocimiento en sus brazos. Sin saber que hacer nadó hasta el muelle arrastrándola con él, se quitó la camisa y se la puso para cubrir su cuerpo desnudo y le pidió a su hijo que ya corría en su dirección que le lanzara la chaqueta para cubrir su cola, luego la llevó a la playa, tenía miedo de sacarla del agua porque no sabía si se ahogaría como los peces, pero era necesario curarle esas heridas que seguían sangrando, así que decidió sacarla despacio y esperar unos minutos, como no pasó nada la cubrió bien rogando que resistiera un poco más y corrió hacia su hijo que se encontraba a unos metros de distancia por miedo a acercarse, aún no sabía que pensar de todo esto, tampoco sabía si la decisión que había tomado era correcta, subió a la mujer en el asiento trasero del auto y la llevó a la casa. - Papá, ¿Quién es ella? – Preguntó Hugo muy angustiado. - No sé amor, se estaba ahogando… - hizo una pausa - o eso creo – el niño arrugó las cejas. - ¿Por qué no la llevas al hospital? – - No creo que sea una buena idea, llevémosla a casa y allí decidimos. – - Papi, pero si se muere estaremos en problemas. – - Entonces no la dejemos morir. – - Está bien, sólo que está muy pálida. – - Busca el agua de los peces y mójala con ella. – a Hugo casi se le cae la mandíbula al escuchar eso, su auto era un precioso espécimen para él. - ¡¡¡Papá!!!, ¿y el auto? – - No importa, mañana lo lavamos. – - Lo lavas tu sólo, siempre dices lo mismo y luego me mandas a mi. - Aydan soltó un momento el volante y despeinó a su hijo mientras él vaciaba el balde de agua sobre la extraña, ella hizo un gesto de frío por unos segundos y luego siguió desmayada. Al llegar a casa Hugo entró primero encendiendo todas las luces y despejó el sofá. - Por aquí papá – - No hijo, pon a llenar la bañera - Hugo arrugó las cejas. - ¿La bañera, estás seguro? – Aydan asintió. - Creo que es lo mejor – - Bueno, pero… no entiendo, estás muy extraño – Aydan sólo pensó que lo realmente extraño dormía en sus brazos. - Sólo hazlo enano – Cuando la bañera estuvo llena Aydan se acercó a ella llevando a la mujer en sus brazos, se agachó suavemente y la sumergió con cuidado, luego retiró la chaqueta para ver como una hermosa cola azul con escamas plateadas que tenía una gran aleta donde deberían estar los pies, se convertía en un par hermosas piernas y al tiempo su cabello cambiaba su color gris azulado a uno castaño claro; la camisa que traía puesta le cubría la intimidad, pero la transparencia permitía ver sus hermosos senos debajo de la misma. - WOW – Hugo se escondió detrás de su padre - ¿Qué es eso? – - ¿Una sirena?, creo – dijo Aydan poniendo la chaqueta sobre su torso que ya lo tenía nervioso verla semidesnuda. - Pero las sirenas no existen, son un mito. – - Pues parece que si existen, ella no puede ser más que una sirena. – Se agachó y la levantó suavemente para llevarla al sofá – Trae el botiquín, no se le infecten las heridas – - Papá, ¿si le sirven los medicamentos humanos? – Aydan frunció las cejas. - No sé, pero tenemos que probar, pienso que mientras tenga forma humana le servirán, además perdió mucha sangre – Hugo corrió y buscó el botiquín de la habitación de su padre, mientras el tomó la mujer en sus brazos y la llevó al sofá, Hugo lo asistió a realizar las curaciones de las heridas que eran muy profundas y algunas comprometían hasta el músculo, su padre era veterinario especializado en fauna salvaje y vivían en un refugio por lo que él le había ayudado muchas veces en estos menesteres. Después de curar las heridas con mucho cuidado para no descubrirla le pusieron un pantalón y una camisa de Aydan y la llevaron a la habitación de invitados, Hugo se fue a dormir, pero Aydan puso una silla al lado de la cama y se sentó a esperar que la mujer despertara, aproximadamente a medianoche escuchó un quejido y al mirar la mujer se dio cuenta que estaba temblando y se le veían los labios muy resecos, además de tener la piel muy caliente, sin saber que hacer buscó una toalla con agua, al sentir la tela mojada sobre la piel ella la buscó y la chupó buscando refrescarse con él agua, sin embargo la escupió inmediatamente haciendo gestos de asco, Aydan fue a la cocina y sirvió un vaso con agua y le adicionó varias cucharadas de sal y se la llevó esperando que no le hiciera daño. - Ven, toma despacio – ella no abrió los ojos, pero se bebió y hasta se saboreó cuando se tomó el excedente de sal, Aydan se estremeció, pero al mismo tiempo sonrió al ver su gesto tan tierno, ella siguió durmiendo por lo que Aydan le limpió el cuerpo y trató de mantenerla fresca. Sin darse cuenta Aydan se recostó en la cama y se quedó dormido tomándole la mano, cuando ella se despertó lo primero que vio fue su rostro, sus largas pestañas reposaban sobre sus mejillas, tenía un leve aleteo nasal causado por la incómoda posición, ella había visto humanos antes, desde lejos los espiaba en el mar, pero nunca había visto un humano tan hermoso como él, su cabello rubio y despeinado caía sobre su frente en la que se marcaba una profunda arruga, sus labios eran tan rojos y se veían tan suaves que no pudo resistir tocarlos, cuando sintió su toque Aydan abrió los ojos y se quedó mirando durante unos segundos sin decir nada, cuando reaccionó se levantó muy despacio.

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