—Me estás jodiendo —gruño, mirando la fachada del club—. Me estás jodiendo, Stephan. No deja de reírse mientras se termina de fumar su cigarrillo. No sé si está borracho, drogado o demasiado feliz, que no deja estar chistocito, pero sea lo que sea que lo haga estar demasiado emocionado, no se debe al pago de esta apuesta. Esto solo es un plus a su risa burlesca y buen humor. —¿Miedo, cariño? —Stephan, ¿es en serio? —vuelve a soltar una gran carcajada palmeando mi espalda—. Yo creí que lo del yate no iba a ser superado jamás, pero esto… —señalo el club—. Esto sin duda es peor, mucho peor, pendejo hijo de puta, ¿acaso quieres que me siente a ver a un poco de maricas pavonearse frente a mí? —¿Creíste que nos sentaríamos? —tira la colilla del cigarro en el suelo—. Nada de eso, cariño. Nad

