Levanto mi vista al oír el sonido de la puerta. Lo veo ingresar con una sonrisa socarrona. La camisa blanca manga larga cubre los tatuajes en sus brazos, pero no los de su cuello. Tiene sus gafas puestas, su bata junto con su saco en su brazo, lo que significa que el cerebrito andaba en su laboratorio o en alguna reunión importante. Nota el escritorio a mi izquierda, las cosas de Siena sobre él, y luego me ve a mí con su ceja enarcada. —¿Estabas en algo importante? —No. Solo era una reunión con el Departamento De Defensa y la NASA —le resta importancia como si nada—. Mi amigo me necesita y aquí estoy. Toma asiento mirándome con esos ojos azules intensos que tiene, yo me levanto para servirle un trago. De hecho, serviré dos porque es necesario. Me acerco al minibar y sirvo mientras lo

