Capítulo 24: Las Astillas del Trono

1946 Palabras

Isabella no durmió. ¿Cómo se podía dormir? Se quedó hecha un ovillo en esa cama gigantesca, en el Ala Este, con la puerta sin cerradura sirviendo como un portal abierto al dolor de él. El sollozo. Ese único sonido, gutural, ahogado y roto, que había venido del Ala Oeste, se repitió en su mente mil veces. Fue el sonido de un colapso total. El sonido del hombre más fuerte que había conocido, el tirano de hielo, desintegrándose. Y luego, nada. Silencio. Un silencio que dura horas. Un silencio tan pesado que Isabella temía que, si se levantaba, lo rompería y lo encontraría… ¿cómo? ¿Muerto? ¿Desmayado por el alcohol y el dolor? El sol comenzó a pintar el cielo de Chicago. Primero un gris pálido, luego un rosa sucio, el mismo "amanecer rojo" que habían visto en Zúrich. Qué ironía. Era

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