Capítulo 26: El Arma y el Aliado

1469 Palabras

La mano de él en su mejilla. No era la mano que la había agarrado del brazo en el aeropuerto. No era la mano que había cubierto la suya en el picaporte. Esta... esta era diferente. No era un gesto de propiedad. Era un gesto de... reconocimiento. El contacto era un infierno, sí. Pero no el infierno de la furia. Era el infierno del agotamiento, del dolor crudo y de una conexión que ninguno de los dos quería admitir. Su piel era áspera. Cálida. Y su pulgar, casi por instinto, se movió, rozando el hueso de su pómulo. Isabella dejó de respirar. Estaba mirando al hombre que acababa de romperse. El hombre con la mejilla roja por la bofetada de su madre, los nudillos vendados por su propio puño y los ojos inyectados en sangre por un llanto que ella solo había oído. —Sos una tonta —murmuró é

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