Capitulo 26

2327 Palabras

»Puedes imaginar el aspecto que ofrecía cuando surgí del tronco del roble. Los druidas habían aguardado a que llamara a la puerta y, con mi voz silenciosa, les había dicho: » Abrid. Soy el dios. »Mi muerte humana había terminado hacía mucho. Estaba famélico, y, con seguridad, mi rostro no era sino una calavera animada. Sin duda, los ojos me sobresalían de las órbitas y mostraba los dientes desnudos. La túnica blanca me colgaba como si tuviera debajo un esqueleto. No habría podido presentar una prueba más fehaciente de mi divinidad a aquellos druidas, que me contemplaron llenos de asombro y veneración mientras salía del tronco del árbol. »Pero yo no sólo vi sus rostros, sino también sus corazones. Vi en Mael el alivio de comprobar que el dios del árbol aún había tenido fuerzas sufi

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