Mientras Calisto repasaba el plan en su cabeza una y otra vez y se planteaba los posibles desenlaces que bien pudiesen ocurrir luego de que Fenhir lograra lo que se supone que tenía que hacer, comenzó a sentir ansiedad y a arrepentirse de haberle puesto a su hermano una misión tan peligrosa. Totalmente nervioso no pudo evitar recurrir al tarkaro para aliviar su pena. - Stav… ¿Puedes hacerme un favor demasiado grande e importante?. Le dijo Calisto en voz baja mientras el otro cargaba pesadas cajas llenas de armas muy peculiares. El tarkaro lo miró muy serio y luego dejó de hacer lo que estaba haciendo para ponerle toda la atención posible. - Por supuesto, ¿En que puedo ayudarte?. Le preguntó muy amable. Definitivamente los años habían cambiado al gigantón, ya que era más que obvio qu

