Al observar con atención el lugar, Fenhir se percató de que el sitio era en verdad aterrador. Parpadeó un par de veces para acostumbrarse a la fuerte luz rojiza que iluminaba los alrededores, curiosamente a la distancia el lugar parecía demasiado oscuro a duras penas iluminado por una mortecina luz anaranjada proyectada de sabrá Dios donde. Stavros se frotó las manos con fuerza y luego se las llevó a la boca para calentarlas con el aliento. - Este puto lugar está helado… De haber sabido me hubiese traído un abrigo. Se quejó el tarkaro. Fenhir entonces lamentó ser tan delgado y menudo en comparación de su enorme amigo, le hubiese fascinado ofrecerle su cazadora para que se cubriese. Fen sabía que el lugar era muy frío, sin embargo no le molestaba las bajas temperaturas. Calisto ya le

