Miedo

660 Palabras

No sé cómo diablos terminé haciendo esto. ¿En qué momento mi vida comenzó a depender de ella? Estoy sentado detrás del escritorio con la puerta cerrada solo con los pantalones puestos. No me he preocupado por recoger los cristales rotos. Estoy seguro de que ya lo ha hecho la persona encargada de mantener mi club como un jodido percal. Mi teléfono timbra y veo en la pantalla el nombre de Aria. —¿Qué quieres? —le espeto cuando tomo la llamada. Si decidió irse, que se termine de ir y que se regrese a Manhattan. La vigilare y la protegeré, pero ella no quiere nada que ver conmigo. Su respiración es acelerada, casi puedo asegurar que está llorando. —¿Aria? Aria, ¿qué sucede? —Me levanto de la silla como si un resorte se hubiera activado en mi culo—. ¿Aria? ¡Responde, maldita sea! —¿Po

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