—¿Adónde quiere que la lleve? —Pete me observa por el espejo retrovisor. Me encuentro montada en la parte de atrás del vehículo. Me siento en un callejón sin salida. Deseo irme, deseo escapar, pero aun así una parte de mí, una parte muy grande, siendo honesta conmigo misma, quiere quedarse aquí, quiere quedarse con él, pero no puedo entregarme, no cuando sé que él no está dispuesto a dejarlo por mí. Él ni siquiera tuvo la delicadeza de admitir en qué diablos está envuelto. —Llévame lejos de aquí, lo más lejos que puedas, no importa dónde sea. —¿Quiere montarse en el avión e irse a Manhattan? —Aún no —respondo en automático. Y no es falso, todavía no estoy lista para irme. No estoy preparada para marcharme en definitiva y alejarme de él. Comienza a conducir despacio. Pego mi

