Capítulo 6.

2038 Palabras
Grace.  Al otro día, desperté con la alarma y me levanté de inmediato, disparada hacia la ducha. Dejé que el agua recorriera todo mi cuerpo y tras diez minutos me vestí, le di de comer a Bruno y me subí al auto para conducir hacia el instituto. Como todos los días, la rutina me comía y como siempre, esperaba la hora del timbre final para correr a la biblioteca y… ¿Qué? ¿Ver a Oliver? Sí, pero todavía no estaba dispuesta a aceptarlo. Como una idiota estuve pensando en eso todo el día porque estaba obligada a enfrentarme a ello casi siempre. En el patio, mientras Josh hablaba y hablaba con sus amigos sin incluirme en la conversación, desde lejos podía ver como charlaba animadamente con su nuevo séquito de seguidoras y me ponía realmente enferma. La tarde no se demoró demasiado en llegar y el instituto se vació más rápido de lo común. Para cuando llegué a la biblioteca mi sorpresa fue aún mayor, el séquito había desaparecido y nuevamente éramos solo Oliver y yo. Qué día tan glorioso. ― Hola. ―Me sonrió. ― Hola. ― Te ves contenta hoy. ― Comentó. Asentí con la cabeza mientras intentaba contener una sonrisa. ― Lo estoy, me gusta este lugar más vacío. ― ¿Aunque nos demoremos más? Me encogí de hombros. ― No es tan malo después de todo, en casa no tengo mucho que hacer. Oliver asintió. ― Sí, algo noté. Tus padres no están mucho en casa. ― No, siempre trabajan y ahora con lo del divorcio no quieren verse mucho las caras. ― ¿Quieres hablar de ello? ― Preguntó mientras detenía sus movimientos para centrar toda su atención en mí. La sensación de ser genuinamente escuchada me arrolló como un camión e hizo que mi estomago se vaciara casi por sí solo y la garganta estuviera tapada por un nudo. ― No por ahora. ― Contesté. ― ¿Te ayudo a acomodar esos libros entonces? ― Claro, no hay problema. ― Con sus brazos tomó dos cajas y las acercó a la sección donde me tocaba trabajar, a unos cuantos metros de su lado. Saqué mis audífonos y puse música, dejé un oído libre para poder escuchar a Oliver cuando quisiera hablarme y simplemente comencé a hacer mi trabajo. Los minutos pasaron y para cuando volví a ver el teléfono después de conversaciones bastante intensas y cómicas con Oliver, noté que ya habían pasado más de una hora y media y que pronto cerrarían el instituto. ― Tengo mucha hambre. ― Me quejé. ― Fue demasiado por hoy. Tenía los brazos apretados y ya estaba cansada de estar de pie y mover libros y cajas. Aunque no lo pareciera, era un trabajo bastante arduo. ― Yo igual estoy cansado. Vamos. Caminamos en silencio a recoger nuestras mochilas y Oliver dejó la puerta cerrada. Mientras discutíamos si el chocolate blanco podía considerarse realmente chocolate, bajamos la escalera y desde el otro extremo del salón empezó a llegar un montón de gente con la cara pintada de los colores blanco, rojo y n***o, típicos del instituto. Me detuve en medio del patio por un segundo mientras la multitud avanzaba en dirección a la puerta que daba con la salida a la calle principal. Diablos. El partido. ― ¿Qué ocurre? ― Me preguntó Oliver. ― ¿Dónde están todos? No tuve tiempo de responder porque Josh ya venía caminando hacia nosotros echando humos por todos lados, con el rostro furioso y transpirado producto del largo partido que acababa de jugar y el cual no presencié. ― Ya veo. ― ¿Qué demonios haces aquí? ¿Por qué carajo no viste mi partido? ― Su voz era más amenazante de lo normal. Tragué saliva mientras miraba por todos lados en busca de una salvación, pero toda la escuela se encontraba petrificada alrededor nuestro, esperando la resolución del conflicto con sus celulares atentos para captar cada momento. Mierda, mierda, mierda. ― Estuve trabajando con Mónica, no pude ir. Lo siento. ― Contesté. ― No hagas un escandalo, por favor. ― ¡Un escandalo! ¡¿Es una puta broma?! ― Josh dio un paso hacia mi mientras su tono de voz se alzaba cada vez más. No pude seguir viéndolo, Oliver se había puesto delante de mí, creando una barrera entre Josh y yo. ― Cálmate. ― Le ordenó Oliver. Josh lo miró con asco para acto seguido soltar una risa. ― ¿Y tú quien mierda crees que eres? Apártate. ― Primero cálmate. ― Vete a la mierda. ― Josh se acercó tanto a Oliver que estaban frente a frente y en un ávido movimiento, mi novio agarró mi muñeca fuerte y me atrajo hacia él con fuerza. Eso y el chillido que se me escapó fue el impulso suficiente para que Oliver se abalanzara con todo su cuerpo contra él para tumbarlo al suelo para luego montarse encima de él y comenzar a golpearlo.  Oliver. No sabía de donde sacaba la fuerza para continuar, pero cualquier lugar servía para estrellar mi puño. Hace tiempo que no me sentía tan enojado, tan furioso. Una cosa era que este idiota me hiciera la vida a cuadritos a mí y a un par de idiotas más, pero ponerse violento con Grace hizo que perdiera los estribos completamente. En mi mente se combinaban los recuerdos de todas las ocasiones en que este imbécil me humilló y eso hacia que mis puños fueran con más fuerza. ― ¡Oliver, para! ― Me detuve de inmediato, casi como si ella hubiera apretado un botón. En el momento que me detuve observé como en mis puños tenía un poco de sangre que ya no se distinguía entre si era mía o de Josh. Finalmente, observé como mis golpes le habían dejados moretones por casi todo el rostro, el cual se había hinchado bastante. Cuando levanté la mirada, toda la escuela estaba con la vista pegada en mí. Me iba a acercar a Grace, pero el bastardo me agarró del pie e hizo que me cayera y saliera sangre de mi cara. ― ¡Ahora sí, maldito! ― Grité y me subí encima de él para golpearlo de nuevo, pero fui interrumpido por un par de profesores que me agarraron por la espalda y evitaron que le destrozara la cara. ― ¡Murphy, detente! ― Me gritaban, hasta que dejé de forcejear. El grupo de estudiantes había grabado todo y mientras me arrastraban hacia la sala de castigos, pude ver como otros profesores llegaban a ayudar a Josh mientras Grace solo me miraba a mí hasta que la perdí finalmente de vista. No volví a verla porque primero me llevaron a la enfermería mientras me exigían explicaciones y me daban mi castigo. Un mes entero quedándome en la sala de castigos. Increíble. Esto era nuevo para mí, jamás pensé que podría llegar a este lugar siendo que desde niño llevo un récord en buen rendimiento académico y de disciplina. ― No puedo creer que estés aquí. ― Dijo el inspector, mientras se sentaba en su escritorio, dispuesto a pasar las siguientes dos horas conmigo y otro par de chicos que se encontraban sentados a mi alrededor. Tras las dos horas, salí a paso lento del salón mientras me dirigía afuera. Tenía el cuerpo molido y la cabeza con muchos pensamientos, por lo mismo, cuando el coche que andaba a mi lado tocó la bocina no pude evitar pegar un pequeño salto. El conductor bajó la ventanilla y Grace se asomó. ― ¿Quieres un aventón? Miré a ambos lados de la calle, esperando a encontrar a algún mirador indiscreto que pudiera malinterpretar las cosas, pero no había nadie y sin más, me subí al asiento de copiloto. ― ¿Estás bien? ― Me preguntó una vez estuve sentado a su lado. Sus ojos cafés me miraban con atención y detalle, cuando se detuvieron en la herida que me había hecho en el mentón, su ceño se fruncía. Era hermosa. ― Sí, me duele un poco el cuerpo, eso es todo. ― Lo siento. ― Se disculpó, con un tono de sincero arrepentimiento. ― No debiste haberte involucrado en esto. ― Me involucré solo. No me gustó como te trataba. ― Respondí. Miré su muñeca y de nuevo, un fuego se prendió dentro de mí al ver que aún tenía levemente marcado los dedos de ese idiota. ― ¿Tú estás bien? Ella me miró de reojo y apretó el volante entre sus manos. ― No fue nada, estoy bien, lo que importa ahora eres tú. Mira lo que te hiciste peleando con él. Pegué mi mirada a la ventanilla. ― No tienes mucha fe en mí.  ― No debiste haber peleado con él. Es un atleta, va al gimnasio cinco veces a la semana, y ni hablar de sus años en taekwondo. ― No le sirvieron de mucho, no sé si lo viste, pero lo hice papilla. ― Comenté. ― Podría querer golpearte de nuevo, es muy impulsivo, además él está… ― Ella se detuvo mirando el camino. Fruncí el ceño. ― ¿Está qué? Ella negó con la cabeza. ― Nada. ― Aplicó el freno de manos y me miró. ― ¿Quieres que te ayude con esas heridas? ¿Lo quería? Podía hacerlo solo, pero sí quería quedarme con ella un rato más. ― Está bien. Bajamos del auto y ambos caminamos en silencio hasta el ascensor de mi edificio. Saqué las llaves y abri la puerta, Sam aún no estaba en casa. ― Deja tus cosas, voy a buscar el botequín. ― Está en el baño, fondo… ― Lo sé. ― Me contestó, desapareciendo por el pasillo y abriendo la puerta del final. Dejé mi mochila a un lado y me senté en el sillón, segundos después ella apareció con el botequín en sus manos. Estábamos sentados en el sillón mientras ella pasaba el algodón sobre mi labio con mucho cuidado. Mientras ella hacía eso yo la miraba con detención, reparando en pequeños detalles que antes no había visto como, por ejemplo, el largo de sus pestañas, el pequeño lunar que le adorna el pómulo y el rico olor a fresas que su cabello desprendía al estar sentado junto a ella. Miraba mis labios mientras los curaba y yo, sin quedarme atrás, miraba los suyos. Dentro de mi pecho sentía como una fuerza me acercaba a ella y la verdad, no me molestaba en nada, el sentimiento era mucho más grande que mi cerebro en estos momentos, quizás por eso me abalancé sobre Josh cuando le cogió la muñeca demasiado fuerte, quizás por eso sentía las enormes ganas de besarla en esos momentos. Aún me debía un favor, ¿podría…? ― Grace. ― ¿Sí? ― Aún me debes un favor. ― Le recordé. Ella se detuvo y me miró con atención. ― Lo sé. ― Quiero cobrarlo. ― Le respondí. Ella asintió. ― Está bien. ― Se quedó quieta, expectante, mientras que yo no sabía que decirle. ¿” Bésame”? ¿” Quiero un beso”? No pude pensarlo mucho, mis ojos se distrajeron con sus labios nuevamente y poco a poco me fui acercando y acercando hasta que sentí su respiración chocar cerca de mi rostro. La puerta se abrió, ella se incorporó y se separó de mí de inmediato. Por su lado, Sam hizo una desastrosa entrada con un montón de bolsas colgando de sus manos. ― Hola Oliver, hola Gr… ¡¿Qué te pasó en el rostro?! ― Preguntó. Grace y yo nos miramos y ella se levantó del sillón para que acto seguido, yo hiciera lo mismo, totalmente incomodo, frustrado y un poco enojado. ― Me tengo que ir. ― Dijo ella. ― Nos vemos. ― E-Está bien, nos vemos. ― Ella cogió su mochila y caminó hacia la puerta. Sam aún nos miraba a ambos de forma incrédula. ― Adiós. ― Se despidió. ― Adiós. ― Dijo ella en un susurro. Cuando la puerta se cerró, Sam no despegó su mirada de mí. ― ¿Me puedes decir que mierda estaba pasando aquí? Suspiré y sin voltearme a responderle, caminé hasta mi habitación. ― Arruinaste mi favor, nada más.   
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