Grace.
Para cuando desperté, la respiración de Oliver aún me seguía, al igual que el recuerdo de todo lo que había pasado ayer. De sus ojos, de sus labios, de su cabello, de él entero. ¿Qué demonios era todo aquello? No tenía la más mínima idea. Tuve que mover la cabeza de un lado a otro para salir de mi cama y dejar de pensar en… esas cosas.
Mi rutina no se detuvo y tras darle comida a Bruno, partí al Instituto en mi auto.
Antes de entrar, decidí revisar las r************* para saber las consecuencias del infierno del otro día. El resultado era espeluznante. Oliver era un ídolo y la mitad del instituto comenzaría a darle caza esa misma mañana y si ya me molestaban su trío de admiradoras de la biblioteca, lo que se venía era aún peor.
Fruncí el ceño ante todos mis pensamientos y antes de que pudiera salir del auto, la puerta del copiloto se abrió y Josh se sentó a un lado mío.
Tomé aire para aguantar lo que se venía.
Con el rostro hinchado, Josh comenzó su discurso sobre el arrepentimiento y el perdón. Me dio unos chocolates que recibí casi como un autómata y adivinen, ¿Dónde terminaron aquellos chocolates? En la basura. Eran chocolates light, blancos, el peor chocolate que podrías darle a una persona que adora el chocolate amargo. Era realmente insultante. Mientras Josh no paraba de pedir perdón yo no pude hacer otra cosa que asentir con la cabeza para huir lo más rápido que pudiera de ahí, ni siquiera quería escucharlo.
La jornada fue lentísima y al final de clases, fui corriendo a la biblioteca. Mónica estaba ahí, acomodando unos libros junto a Oliver, quien me saludó con una bella sonrisa. Sonreí de vuelta y este se volvió a arreglar los libros. Tomé unos libros de no sé qué y me puse a su lado, ansiosa por otra jornada junto a él.
― ¿Cómo amaneció tu brazo? ― Preguntó.
― Mucho mejor. ― Me acomodé en un estante de la biblioteca. ― Gracias por ayudarme.
― Fue un placer.
Oliver se mantuvo atento en su trabajo, mientras que yo apenas podía mantenerme quieta y con la mirada en otra cosa que no fuera él y su hermoso cabello castaño. No tenía idea de lo que me pasaba, pero Oliver poco a poco habpia dejado de ser una molestia para convertirse en la compañía diaria que necesitaba.
― Oliver, me preguntaba si…
No pude terminar debido a que Mónica avanzó hacia nuestra dirección con una sonrisa en la cara, emocionada hasta más no poder. ― Chicos, solo nos queda la caja de libros que están haciendo y nuestra labor estaría concluida.
La noticia fue más amarga que dulce. Dentro de mí sabía que esto significaba menos tiempo con Oliver y la verdad, no lo recibí muy bien, lo cual se expresó en mi cara.
― ¿Estás bien, Grace? ― Preguntó Mónica.
― Sí, no pasa nada.
― Genial, entonces déjenme ayudarles y terminaríamos. No saben lo agradecida que estoy con ustedes, chicos, sin su ayuda me hubiera demorado años.
Mónica parloteaba sola mientras avanzaba por las estanterías repartiendo los últimos ejemplares. Me aferré a los libros que me quedaban, últimos en encontrar su lugar para estirar un poco más el inminente distanciamento que se venía.
― ¿Qué necesitabas?
La voz de Oliver me devolvió a la realidad.
― Me preguntaba si me podías ayudar para el próximo examen de química, es que no entiendo mucho y…
― El examen es pasado mañana.
― Lo sé.
Oliver torció el gesto. ― Hoy no puedo, tendría que ser mañana.
― ¿Estás seguro? ¿Ni siquiera tienes tiempo hoy en la noche?
El castaño se rascó la nuca. ― Es que ya me pidieron ayuda y me comprometí con alguien más.
¿Qué? La noticia me tomó por sorpresa.
― ¿En serio? ¿Con quién?
― Marie Black.
Eso fue como una directa patada en el estómago. A mi mente llegaron los recuerdos de aquella maldita tarde de hace dos veranos, cuando encontré a mi ex mejor amiga, Marie Black, abriéndole el cinturón del pantalón a su novio mientras le devoraba la boca en medio del laboratorio. Desde ese entonces, no volví a ser la misma y jamás volví a confiar en nadie plenamente, ni siquiera en Josh, ni siquiera yo sabía porqué lo había perdonado, pero la traición de Marie jamás se la había esperado y eso terminó por alejarlas para siempre y hacerlas rivales.
― No puedo creer que te estés juntando con ella.
― ¿A qué te refieres?
― ¿Sabes que te quiere porque eres la sensación del momento? Te usa porque golpeaste a Josh y tienes un minuto de fama, eres inteligente y las gafas no se te ven tan mal, pero eso es todo. Marie utiliza a las personas.
Oliver frunció el ceño y se cruzó de brazos. ― ¿Piensas que no puedo interesarle a alguien como Marie o que no puedo tener amigas como ella?
― No dije eso, simplemente no es una persona sincera, no te quiere por quien eres ni le interesa conocerte, solo le interesa que te vean con ella. Créeme, yo sé como operan esas personas.
― ¿Y cómo lo sabes? ¿Experiencia propia?
Fruncí el ceño ante su actitud.
― Algo así, Marie no es de mi agrado exactamente.
― Entonces decides que no debo juntarme con ella.
― Solo te estoy advirtiendo.
― También me advirtieron sobre ti y aquí estamos. ― Abrí la boca, ofendida, para después cruzarme de brazos. Al diablo si Oliver no quería entender por las buenas.
― Es una roba novios, ya cumplí con advertirte.
― Que bueno que yo no soy tu novio entonces.
Golpe bajo y no tenía idea de por qué me lo tomaba tan personal.
― Ella ya estuvo con mi novio.
― Entonces es personal.
― Muy personal. ― Respondí. Oliver suspiró, decepcionado.
― Quizás piensas que eres diferente a ella, pero ahora mismo estás haciendo lo mismo que ella haría. ― Dijo, mientras colocaba el último libro que le faltaba. ― Lo siento, Grace, pero tú tampoco eres una blanca paloma ni eres una persona que pueda decir qué o no hacer. Lamento no poder ayudarte con tu examen de la manera en que te gustaría. Adiós.
Y simplemente me dejó ahí, incrédula e incluso un poco dolida. Volví la vista al último libro que me quedaba por reponer y no hice otra cosa que dejarlo en cualquier parte menos en el sitio que correspondía. No tenía ánimos para eso, no si Oliver no estaba para reclamarme por ello o para simplemente darme una sonrisa.
Oliver había cruzado una línea inalcanzable: la línea de Marie Black.