Grace. Mientras conducía e intentaba que la radio amortiguara la tensión s****l del ambiente, aún podía sentir mi respiración agitada tras aquel encuentro en los camarines. De vez en cuando intercambiábamos miradas con Oliver, casi como si ambos entendiéramos el sentimiento del otro. Conduje lo más rápido que pude, tenía ganas de llegar a su casa y que, en esencia, pasara lo que tuviera que pasar. Busqué su mano hasta que la encontré y en un apretón, él me dio a entender de que estábamos cerca. Cuando llegamos, él sacó las llaves y abrió la puerta y antes de que si quiera pudiera avanzar un pie dentro, salió una mujer igual de castaña que Oliver. ― Hola Oliver. ― Dijo ella con un delantal y sus manos acomodadas en sus caderas. ― ¿Qué carajos? ¡Me asustaste, mamá! ¿Qué estás haciendo aqu

