Era un veinte de diciembre, cinco años atrás. La adorable Julia de apenas doce años odiaba mudarse, pero odiaba más que el cambio se hubiese hecho casi en navidad. No podrían alcanzar a decorar la casa de esa forma. Estaba molesta con su madre por permitirlo pero aún más con su padre por ser el causante de la mudanza. ¿Un barrio más accesible? ¡No necesitaba ser accesible! ¡Necesitaba a sus amigos! Rendida, salió al parque que estaba justo en frente de su nuevo "hogar", uno pequeño, donde apenas habían columpios. Ya era mayor para juegos, pero en casa no había nada qué hacer. Iba a ser la navidad más aburrida de toda su vida. Hizo un puchero hasta que escuchó a un niño reírse de ella. Lo miró de mala gana. —¿Necesitas algo, mocoso? El niño se asustó apenas oírle la voz. Tenía un acento

