Después de ese día dieciséis tan perfecto, en serio, no podía haber sido mejor, yo seguía sintiendo que me faltaba algo, es decir, tenía a mi novio, un departamento hermoso, una novela recién publicada siendo un éxito, el nacimiento de mi sobrino, una familia que aunque no era de sangre era perfecta. Y entonces allí residía el problema, ¿Porqué mi familia de sangre no podía ser aunque sea un poco buena? Y en mi mente no podía dejar de pensar en los ojos de mamá la última vez que la había visto y muy en el fondo estaba segura de que ella me había mirado con lástima y un poco de melancolía, podía equivocarme, seguramente estaba alucinando, pero yo no me iba a quedar con las ganas de hablar con ella. Solamente con ella. Así que una semana después, para ser exactos, el día veinticuatro

