Una semana. Las dos semanas que supuestamente debía permanecer en Londres, se había convertido en solo una semana. Ya no me necesitaban más físicamente y podía viajar a España hoy mismo. —¿Qué estás esperando? —me preguntó Dylan. —Es que sigo sin creerme lo que acabas de decirme —. Mi voz sonaba parecida a un silbato. —Pues creetelo niña y corre con tu hombre a España. Solté un grito emocionado mientras comenzaba a brincar, no podía creer lo que me decía. Irme ahora, significa que a más tardar en dos días ya estaría en territorio Español y ufff, que nervios siento. —¿De verdad puedo irme? —pregunté de nuevo para confirmar. —Te voy a extrañar —dijo, mis labios hicieron un puchero antes de abrazarlo con mucha fuerza. —Yo también, volveré pronto y seguro nos veremos muy seguido

