Allegra Me había quedado en shock. Mateo me abrazaba y me decía palabras para tranquilizarme, pero realmente no podía hacerlo. Tampoco podía creer que George me hubiera engañado de nuevo. Claro, jamás mencionó a nuestra hija porque sabía exactamente que estaba bien y estaba viva, pero no entiendo qué diablos quiere de nosotros. ¿Por qué no hablarme de frente y decirme a qué ha regresado? Mierda, bien dicen que el pasado siempre te alcanza. Mateo toma mi rostro y limpia mis lágrimas, lágrimas que ni siquiera me había dado cuenta de que estaba derramando, pues era mucho mi coraje por no saber qué va a hacer este idiota. —Allegra, escúchame, tienes que estar tranquila. Mi princesa no puede verte así. Yo me pongo de pie y empiezo a caminar de un lado a otro. Él hace lo mismo, se acerca a m

