-Hola, Deva. ¿Pasó algo? Es tarde y no has vuelto a casa.
-Estoy con Lían -confieso-. Él se ofreció a llevarme a casa.
-Ok… ¿De qué me he perdido?
-Tuve un posible accidente, él me ayudó y como agradecimiento acepté cenar con él.
- ¡¿Posible accidente?! -alejo un poco el celular de mi oreja y lo acerco de nuevo-. ¿Devora?
-Te cuento todo cuando esté en casa -miro disimuladamente hacia unas mesas del frente y lo veo venir-. Lían ya está cerca.
-Devora, explí… -cuelgo la llamada.
- ¿Todo bien por aquí? -toma siento y acomoda su camisa.
Sonrío.
-Si. Todo bien.
Me quedo sin saber qué decir al notar un silencio incómodo que encaja perfectamente con la tensión del ambiente.
-Lindo lugar -suelto.
Mira alrededor y le doy gracias al cielo por no soltar nada menos fuera de lugar.
-Siempre es mi primera opción cuando se trata de comer.
- ¿Tienes algún plato especial?
-No, pero acepto de todo -llegan con dos platillos, un par te copas y el vino, lo acomodan todo y se marchan-. ¿Qué me dices de ti?
Me entretengo viendo la delicia de comida que tengo frente a mis ojos y trago saliva. Hambrienta. Tengo mucha hambre.
-También acepto de todo. Si sabe rico no importa el aspecto.
Ríe y gracias a Dios empezamos a comer. Jesús, maría y José… ¿Qué era esto y por qué siento que nunca lo había probado? Qué delicia. Si me dieran de comer esto por el resto de mi vida no me opondría…
-Ahora dime -murmura-, ¿crees que sirven comida de verdad o solo aperitivos?
No tengo tiempo para responder a su pregunta porque suena su celular.
-Disculpa -asiento y se lo lleva a la oreja-. ¿Sí? Me disculparán, pero cancelaré la reserva… Si… No hay problema… No, mañana no podré…. Díganle que no me espere, tengo asuntos más importantes ahora mismo… Pagaré las molestias… Gracias, depositaré el dinero más tarde.
Deja el celular encima y toma un poco de vino. Por su expresión puedo deducir que tendrá que pagar algo muy costoso o que acaba de pasar una incómoda conversación. No lo sé, pero todo eso cambia a la irritación y seriedad total cuando en su teléfono llega un mensaje. No, fueron dos. Digo, tres… cuatro… ¿Cinco? ¿Seis? Si, fueron siete mensajes y de la misma persona.
-Me disculpo. He olvidado que existen personas muy exigentes día a día -murmura y decide apagarlo.
-Así como tú.
-No soy exigente -asegura-. Al menos no contigo, Devora.
-Mmm… Ya -titubeo-. ¿A qué te dedicas?
-Mejor cuéntame de ti -propone.
-No tengo algo bueno o relevante para ser contado ahora mismo -dije, pensativa-. ¿Qué hay de tu familia?
- ¿Daila no te lo ha dicho? -niego, curiosa-. No tengo familia.
-Oh… No quise… Es decir, lo siento, Lían.
-No hay problema -dice, finalmente-. ¿Qué hay de tu familia, Devora?
Parpadeo un par de veces y me cuestiono la pregunta.
-No tengo familia -digo lo mismo.
Enarca una ceja mientras corta con el cuchillo la carne de su plato dejándola perfectamente alineada, como si no la hubiera tocado. Alza ambos platos y pone el suyo frente a mí. Luego se sirve más vino y me mira.
- ¿Qué hay de ti? ¿Creciste, te mudaste y conociste a tu amiga o hay más?
-Acabas de resumir toda mi vida -bromeo y empiezo a comer-. ¿Qué hay de ti? -repito-. ¿Creciste, te mudaste y conociste a Jones?
Él ríe.
-Hay más. Crecí, no me mudé, me independicé y conocí a Jones por trabajo.
-Y se hicieron buenos amigos desde aquel entonces -agrego.
-No, fue lo contrario -escucho atenta-. Nos odiábamos por demostrar que uno era mejor que el otro hasta que nos dimos cuenta que ambos éramos iguales y decidimos sembrar la paz entre los dos. Fue muy divertido mientras duró.
-No me imagino a Jones ser competitivo.
-Es más que eso -murmura.
- ¿Jones? No creo. Él demuestra ser todo un caballero educado desde que lo conozco.
-Creía lo mismo con las personas que conocía hasta que crecí -abre la boca para seguir, pero lo piensa mejor-. Te conozco, Devora. Y quiero conocer más de ti. Es admirable verte y sentir que derramas felicidad, pero puedo decirte que hago lo mismo cuando claramente es lo contrario.
- ¿A qué te refieres al decir que me conoces?
-Lo superficial -aclara.
Dejo mis manos quietas en la mesa y me pellizco el puente de la nariz. Un poco mareada.
-Quiero saber una cosa -confieso, sin mirarlo-. ¿Esto es una casualidad?
-Si con casualidad te refieres a encontrarnos esta tarde y luego comer juntos…, sí, es una casualidad.
-No creo en las casualidades -digo-. Y no creo que haya sido una.
- ¿Estás diciendo que fue planeado?
-No. Trato de decir que no estoy segura de lo que pasa o de lo que quieras. Pero sí de una cosa… y es que no quiero involucrarme contigo de ninguna manera posible a partir de ahora -su mano toma la mía y la suelta al instante como si quemara.
- ¿Qué tratas de decir?
-Que no quiero volver a verte -levanto la cabeza y veo sus ojos oscuros tan abiertos, pero tan serios que me causa un escalofríos-. Lían… Fue un gusto, pero…
-Entiendo -me interrumpe-. El gusto fue mío, Devora.
Ya estaba. Solo le limitó a asentir y seguir comiendo de su plato. Sin mirarme. Si inmutarse. Como diciendo que podía irme con su silencio.
-Te llevo a casa. El trato era ese, ¿no? -dice, serio.
Se levanta y pedimos nuestras cosas para ir al auto. Miro por la ventana la oscuridad de la noche ser el centro de atención de muchas personas soñadoras que buscan un momento de tranquilidad mirándola. Siento que no puedo mover mi cuerpo porque al hacerlo estaría atrayendo su mirada de alguna manera. Y mis manos… estaban muy impacientes ahora mismo.
El recuerdo de cuando me despedí del orfanato mientras lloraba y me abrazaban vino a mi cabeza. Es la primera vez que le confieso a una persona que crecí sola. Pero hay algo… que no me deja vivir plenamente. Que me hace evitar poder disfrutar de los momentos. Y Lían…, lo tenía a mi lado ahora mismo, como cualquier otra persona, sin embargo, le acababa de decir que este sería nuestro último encuentro.
Pero en el fondo quería que no fuer así. Verlo me causaba un dolor de cabeza, pero también me despertaba curiosidad. Y ahora no podré volver a sentir eso. Era algo nuevo, y ahora algo del pasado.
-Lían…
-Dime.
Dudo en decirlo.
-No quiero ir a casa.
- ¿Entonces, hacia dónde? -volteo a verlo, su mirada al frente, con la mano izquierda en el volante y con la otra en la palanca del auto, concentrado.
- ¿Tienes un lugar que sea para escapar cuando quieres huir?
-Tengo uno -duda-, pero no creo que sea de tu agrado.
-Llévame ahí -pido, suspirando y preguntándome si es una buena idea.
-Si hago eso estaría mostrando una parte de mi que no te gustaría.
- ¿Hay algo que me guste de ti, acaso? -lo molesto.
-Si te llevo allí estaría pagando un boleto para no verte más, Devora.
-Esta es la última vez que nos veremos de todos modos, Lían.
-Pero estaría condenándote a verme diferente.
- ¿Por qué no?
-Porque no es un lugar, sino el lugar.
-Ni que me llevaras a la cueva del monstruo -bromeo.
-Estás en la cueva de uno.
-Quiero arriesgarme por esta noche -accede no tan convencido y cambia de rumbo.