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684 Palabras
-Antes de entrar -digo-. Me gustaría que me digas lo que sientes cuando estás conmigo. Me mira extrañada al no entender mi petición. - ¿Sientes alguna clase de recelo cuando me tienes a tu lado? -niega-. Muy bien. Entonces… Bienvenida a la cabaña de los recuerdos. Cabaña de los recuerdos… Increíble nombre. - ¿Cabaña de los recuerdos? -pregunta al poner un pie dentro y mirar a los alrededores. A primera vista solo hay un par de sillones, una estantería de libros, una mesa con licores y al fondo un pequeño comedor de madera. -Este lugar guarda muchos recuerdos del pasado -solté, sin decirle que eso recuerdos no son míos, sino de las personas que traigo para luego no soltar-. Aquí es donde vengo cuando no quiero saber de nada ni de nadie. - ¿Y has venido muy seguido últimamente? -No, a decir verdad -cierro la puerta y la veo ir a tomar uno de los libros que tengo frente a mí al momento de sentarme. -Lindo lugar -dice-. Se siente tranquilo y da paz. Es lo que menos pasa aquí, créeme. -Es muy tranquilo -murmuro. Utiliza su mano derecha para pasarla por todos los lomos de los libros que alcanza a tocar, tocando las yemas de sus dedos sintiendo si hay o no alguna place de polvo por lo antigua que se ve la estantería. - ¿Hay más dentro de esta cabaña? ¿Cuarto? ¿Alguna televisión donde ver películas? -No, nada de eso -miento. -Entonces… -continúa-. ¿Solo vienes aquí a leer mientras te sientas en uno de esos dos sillones y bebes trago? -Omitiendo lo de leer, sí. Exactamente eso hago. - ¿Me dices que no lees, aunque tengas toda una biblioteca? -asiento-. ¿Sabes el desperdicio de vida que tienes si haces eso, Lían? Tuerzo los labios y miro todo el lugar que ocupan. -Leer un libro es como vivir una vida diferente. Es increíble. Puedes leerlos y estar en un lugar diferente con personas distintas. O divertirte luego de tener un largo día de trabajos. Los libros son… un método de escape de la realidad para… todos. -Es tu método de escape de la realidad -le digo-. Es tu diversión, tu vida diferente -lo pienso-. Si alguno de los que están aquí te agrada puedes llevártelo a casa, Débora. - ¿Y cuánto me cobrarías? -Estoy de oferta -bromeo-. Por esta noche es gratis. - ¿Hablas en serio? Me levanto y me pongo a su lado para coger cualquiera y mostrárselo. -Estos tienen mucho tiempo aquí, no les vendría mal tener otro dueño. Sus ojos toman un brillo muy pequeño, y su sonrisa se engranda al escucharme decir aquello. Muevo mi cabeza ligeramente y la invito a coger uno. Sin pensarlo dos veces empieza a sacar uno por uno y leer si título, a abrir otros y a coger y dejar donde estaban los que no se le hacían interesante. Finalmente, terminé diciéndole que podía llevarse más de uno al ver los que estaba separando para elegir entre esos. -Son muchos -se avergüenza-. No creo que deba… -Si, son muchos, no creo que quepan en tu mochila -confieso, restándole importancia a la frase que quedó suspendida en el aire-. Te daré una bolsa para que los guardes. Busco algo en qué ponerlos, pero lo único que encuentro es una caja pequeña donde venía la colección de cuchillos que tengo en el sótano de abajo y donde seguramente habría alguna bolsa, pero no iba a ir hasta allí con ella aquí. -La caja está bien -sonríe cuando se la muestro-. Gracias de nuevo por esto. Asiento comprensible y la ayudo. -Es tarde. Creí que el venir aquí sería más rápido en auto, pero el lugar está un poco apartado de la ciudad. -Me gusta que sea así -sonríe de lado-, así nadie sabe lo que hago. Absolutamente nadie. - ¿Quieres que te lleve a casa? -Solo si esa propuesta aún sigue en pie -murmura divertida, con su caja en manos y su mochila en los hombros, muy contenta. -Te aseguro que sigue en pie.
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