01

1458 Palabras
Ellos nacieron para aprender del otro. Para no encajar y para hacerlo al ser tan diferentes. Porque uno brillaba más, pero era todo lo contrario. Ambos estaban cubiertos de una capa gris que no cualquiera podía ver. Solo ellos. Tan solo esas dos personas que no vivían por razón propia, que no sabían el sentido o que no sabían escoger un buen camino para encontrarse a sí mismos. Las mejores historias no son las que se cuentan, por eso ambos siempre permanecieron callados. Solos. Ocultando lo que sabían que sentían. Siendo incapaces de ponerse de primera. Pero así tenía que ser para que ambos lograran encontrarse. Aunque les fue difícil, muchos errores que el otro se reprochaba día y noche, muchas veces que casi decidieron ser infelices alejándose del verdadero amor. Porque Deva no sabía amar, pero lo hizo sin siquiera darse cuenta de lo que era. Y porque Lían no sabía siquiera lo que era sentir sin tocar, querer sin tener y perder sin intentar… Pero estaban ahí, aún sin toparse, sin verse a los ojos, sin saber lo que el uno escondía del otro. Aún sin querer dejar todo por la otra persona… PORQUE ASÍ EMPIEZA ALGO QUE TE MARCARÁ POR SIEMPRE  -Mi querida Deva, ¿dónde te habías metido? Déjame adivinar, en la biblioteca. - ¡¿Qué dijiste?! ¡Salgo en un momento! ¡No tardo! -decía aún dentro del refrigerador-. ¿Te apetece algo? -Sabes que no como frituras… -Porque cuidas tu línea. Lo sé, Daila -rueda los ojos y se acerca-. ¿Me buscabas? -Buscaba no, rastreando por todo el insti dirás. ¿Acaso nadie te conoce? - ¿Qué crees tú? -suspira-. ¿Te apetecería hablarle a la nerd de la clase? -No. -confiesa, algo incómoda al darse cuenta de la inseguridad en el rostro de su amiga. -Ahí está tu respuesta. -Volviendo al tema -junta sus manos en forma de súplica-, ¿puedes ayudarme? -Depende -entrecierra los ojos mirando a su amiga fijamente, dudosa, pensando-. ¿Quién es ahora? ¿Jones? - ¿Ya lo has visto? ¡Es guapísimo! -se tapa la cara con ambas manos-. Está en tu clase. - ¿El punto es…? -espera, con una sonrisa pícara en su rostro. -El punto es que quiero que me ayudes a acercarme a él. Es de tu promoción, pero tiene un cuerpo de infarto, sus padres tienen dinero y tiene mi edad. - ¿Ya lo estás acosando? -rie-. Tan temprano y atacando a la presa, Daila -reprende. -No le llamaría acoso ni presa..., solo me lleno de información para saber qué clase de persona es. - ¿Y en qué trabaja? -suelta para ver si dice la verdad. -Queda a menos de veinte minutos de aquí, es una empresa de no se qué aún, pero su padre es uno de los dueños y… -se detiene al ver la mirada reprochadora de su amiga-. ¡No me mires así! -No es acoso, te entiendo -asiente a carcajadas. -Deva… -Está bien -se rinde, dejando el juego-, ¿qué gano yo con eso? - ¿Qué quieres a cambio? Esa pregunta la puso alerta. Había muchas cosas que ella quería, pero sabía que ninguna sería capas de cumplir. -Quiero ir a una fiesta…, contigo. - ¿Te encuentras bien? ¿Una fiesta? ¿Conmigo? -le toma la temperatura-. ¿Tienes fiebre? -En primer lugar, dijiste que era lo que yo quería, y en segundo, no estoy como tú cuando te deja un chico en lugar de ser lo contrario. Así que ¿es un trato? - ¡Me has salido más barata que el top de la tienda de la esquina! ¡Y ningún chico me ha dejado! -lloriquea. - ¿Ah, no? ¿Qué hay de Patrick? -Ese es otro tema, no cambies las cosas -se indigna-. Patrick es..., bueno, era el que me enredó por completo. -Te conozco -niega, riéndose-. Mañana te doy razón de aquel afortunado. - ¡Eres la mejor Deva que hay! Por eso voy a sentarme contigo y ver películas de casos sin resolver hasta dormirme. -Lo haces apenas empiezan… - ¿Eh? -Nada, tengo que irme. - ¿Si me vas a ayudar? ¿Por favor? -le hace un ligero puchero logrando hacer que sonría. -Que sí, pero quiero la fiesta este fin de semana, antes de empezar mi tesis. - ¡Como usted ordene! Daila se despide lanzando muchos besos al aire hasta que Deva desaparece tras la puerta de aquel apartamento compartido. La brisa azotó su rostro haciendo que este se sonrojara por lo frío que estaba haciendo fuera. Tomó pasos ligeros, sin tener prisa. Puso en sus oídos un par de audífonos y dejó que la música la guiara sacándola de la realidad. Ese era uno de los momentos que más le gustaba, estaba en su mundo, nada interrumpiendo esa tranquilidad que tanto le costaba tener. Era una rutina que no la aburria. Ni siquiera cuando tocaba la entrada del sitio que acababa de dejar hace menos de dos horas. El insti. La realidad. El tiempo pasaba muy lento siempre que estaba de camino, sin tener ninguna mirada encima que la incomodase, siendo invisible la mayor parte del tiempo que pasaba estudiando para graduarse. Así era siempre. -Muy bien chicos, como sabrán, se aproxima el comienzo de su tesis. - ¡No! -decían todos en coro, quejándose, sabiendo que se vendrían dolores de cabeza y noches sin poder dormir. - ¿O prefieren realizar un proyecto? - Suena mejor -dijo uno de los chicos que estaba sentado de último. Deva sabía que el proyecto sería mucho peor y mucho más trabajo que dar su exposición final. - ¿Están todos de acuerdo? -No -se atrevió a decir. -Deva, ¿puedes hacer silencio? -amenazó una chica con una mirada cansada. -No creo que un proyecto sea más factible si vemos la verdadera razón por el cual no quieren dar una tesis -dijo, tranquila. -Según tú, ¿por qué razón? -Todos creen que sería más fácil, pero no hablamos de un simple proyecto de grado. Hablamos de uno donde tenemos que realizar el trabajo con pruebas, simular el proyecto como si fuera real, sustentarlo y dar la exposición de esto. La verdadera razón por la que ustedes no quieren es porque no tienen tiempo o, mejor dicho, porque son vagos. - ¿Vagos? -se le burla. -La tesis es más razonable, es la última exposición de grado al menos que quieran realizar un trabajo doble -agarró aire y se dirigió al maestro frente a ella, sintiendo las miradas de toda la clase sobre ella-. ¿Es correcto, licenciado? -Totalmente correcto, Deva -todos empezaron a susurrar y ella sabía qué decían-. ¿Un proyecto o la tesis? Queda a su elección, solo sé que volveré a ver a muchos de aquí el próximo semestre. - ¡Maestro! -Es broma, chicos. Decidan rápido. - ¡Tesis! -dijeron todos al mismo tiempo. -Muy bien, mandaré todo por los grupos. Cogieron sus cosas y cada uno salió del salón, menos Deva que prefirió quedarse un poco más. -Jones. ¡Espera! -llamó al chico. -Hola, ¿qué tal? -Bien, ¿y tú? -Igual. -Queria hablar contigo -dice, logrando que toda su atención cayera en ella. - ¿Pasa algo? -No, la verdad es que una amiga mía me pidió que te pida el número -confiesa. - ¿Amiga tuya? ¿Quién? - ¿Conoces a Daila? -pregunta, curiosa. - ¿Daila? ¡Claro que la conozco! A Deva le era normal escuchar eso. Dalia, su amiga, la más amigable con todos los chicos y la más perra con todas las chicas. - ¿Me das tu número? -Si, dame un segundo -sacó de su mochila un bolígrafo y un pedazo de papel-. Aquí tienes. -Gracias, un gusto conocerte. -El gusto es mío -le ofrece la mano, siendo amable-. Por cierto, también prefería la tesis, gracias por evitarnos tremendo estrés. A Deva le pareció agradarle lo amigable que sonaba Jones. No parecía de los chicos rudos o intimidante como lo suponía. -No hay de qué -ambos sonrieron-. Le diré a Daila que te llame. Nos vemos. Jones agitó la mano con tranquilidad en respuesta. Definitivamente no era el ideal para su amiga. Conocía a Daila, sabía que buscaba chicos con aspecto misterioso, que la tratasen con indiferencia y Jones parecía lo contrario. Todo marchaba bien. No presentía que algo sucedería o que gracias a ese chico su vida no sería la misma. Al igual que Daniela, Deva tenía pequeños anhelos, lo único que era diferente es que los de ella eran más oscuros, perversos. Más... retorcidos. Pero claro está que aún no lo sabía. Ni peligro ni caos, solo una misión por cumplir. Y una historia por vivir.
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