ROMA, ITALIA. Franco estaba enfadado. Había dejado claro a aquellos miembros del gobierno que el puerto de Nápoles era de su territorio y tenían dos opciones, le dejaban el camino libre para hacer sus negocios trayendo paz o haría una matanza, no tenía problemas con ello. Estaba harto de que metieran sus jodidas narices donde no les correspondía y fue por ello que cuando le informaron que la marina italiana había incautado el barco y encontrado el doble fondo con sus armas y dinero en dirección a América, su sangre se convirtió en lava y la poca paciencia del capo italiano terminó yéndose a la mierda. Domenicco Effel. Ese era el nombre del comandante de la marina italiana en Nápoles, un hombre correcto que había hecho caso omiso a pesar de las advertencias de sus allegados con res

