Podía sentir como movían mi cuerpo de un lado a otro, hasta que, sin aviso, estrellé mi puño con lo que me estaba despertando. — ¡Oliver! —El rizado chilló a mi lado y abrí mis párpados haciendo que un mareo apareciera. — ¿Qué? —gruñí sobando mis ojos y viendo que él estaba de pie. — ¡Golpeaste a la enfermera! Dejé escapar un suspiro y me acomodé de medio lado para volver a dormir. Rápidamente me empujaron y caí al suelo. —Mi nariz —gimoteé acariciando el puente de esta. —Ayúdame a levantarla y ponerla en la cama. Rodé los ojos y con cuidado subimos a la mujer a la cama. No podía creer que Jacob estuviera mejor. Su rostro se veía muy bien y no parecía una paleta de colores. —Te ves perfecto —caminé hasta él y traté de besarle, pero puso su mano en mi pecho. —Lávate los dientes. —

