—Me siento enfermo, Oliver —gimió Jacob a mi lado. No podía oírlo muy bien por el fuerte sonido que había en la discoteca. —Debes sólo estar un poco mareado —grité cerca de su oído —. Relájate y deja de joder. —Ay, pero llegas a ser bien hijo de puta, ¿no? —rodó los ojos. —No —suspiré —, lo siento, ¿bien? Asintió mostrándome aquella sonrisa que me había enamorado como un idiota —Esta bien, Oliver. Una de mis canciones favoritas comenzó a sonar y no pude evitar chillar al escucharla. Era un fanático de aquel hombre y por nada del mundo podía evitar bailar ese tema. — ¡Sólo bailemos esta canción! —hablé levantándome de mi asiento. Me sentía libre usando unas converse y no zapatos de trabajo. Thomas negó y tocó sus sienes —Es En serio, estoy muy enfermo. Fruncí el ceño al verlo tan p

