Salí del quincho detrás de Chace para buscar al menos una respuesta a lo que acababa de ocurrir, y claro está, para ver si se encontraba bien después que ese idiota trajera a colación a la pendeja de cuarta. Vi un cuerpo en movimiento por el camino que conducía al río. Apresuré mi paso. —¡Chace! ¡Detente! —le gritaba mientras intentaba alcanzarlo. Pero sus piernas eran largas y sus pasos eran rápidos. —Vuelve a casa —logré escuchar. —¡Por la mierda, Chace! ¡Háblame! Seguía caminando rápido, pero no lograba llegar hasta él. Comencé a correr hasta que me pude acercar lo suficiente. —Carolina, vuelve a casa —repitió. —¿Me puedes explicar qué mierda fue todo eso? —No, no puedo —su voz cortante hizo que parara en seco. —¡Por la misma mierda, Chace! ¡¿Qué está pasando?! Su cuerpo enojad

