«¿Cuál era la razón de las reacciones en su cuerpo?», aún no lo sabía, lo único que tenía claro es que el que una mujer le generara este tipo de reacción, era una novedad.
Estaba totalmente claro que, después de esa guerra beduina en su amado desierto, su vida había cambiado del día a la noche, no solo por la preocupación que se sumaba a sus hombros, sino también por la insatisfacción de su cuerpo.
Said, junto con sus hombres más indispensables habían sido atacados por una emboscada, como cuando alguien clava una daga en la espalda en plena oscuridad. Dispuestos a negociar por mandato de su padre con su clan beduino, fueron víctimas de un atentado, y junto con minas explosivas, el equipo con el que viajó al desierto, resultaron heridos de gravedad.
Muchos de sus hombres murieron y un tanto quedaron con heridas que perjudicaron partes de su cuerpo e incluso la inmovilidad definitiva de las extremidades, y en su caso, algunas quemaduras que dejaron cicatrices.
Pero no era eso lo más importante para Said, las cicatrices para él solo eran recordatorio de lo bendecido que era de estar con vida, sin embargo, en esta ocasión, lo habían desenfocado.
Unos días después como hijo del jeque, le hicieron exámenes exhaustivos y precisaron en la región donde sufrió el mayor ataque de su cuerpo, que fue en su pierna derecha, pelvis y torso. El médico era un hombre confidencial de su padre y fue muy fácil para ambos hablar sin tener tapujos de por medio.
—Mi señor, lamento tener que darle esta noticia…
—¿Qué ocurre, Mali?
—Yo… señor… las quemaduras y el impacto…
—Mali… —sentenció Said totalmente crudo para que fuese directo.
—Señor… yo, usted no podrá engendrar… hay un daño que causó este mal y… no creo que pueda repararlo…
—¿Señor? —Said parpadeó para centrar su mirada en aquella mujer que lo miraba con preocupación.
Se había ido del lugar, pero, «¿Por qué todo esto estaba volviendo a sus recuerdos?»
¡Por supuesto!, su ante pierna apretada por causa de esta mujer, fue lo que lo llevó a razonar.
No tenía ningún problema con las relaciones sexuales, Mali dijo que tendría una vida s****l normal, sin embargo, en los últimos meses no había conseguido que esto se diera de natural. Se había acostado con otras mujeres, sí, pero había tenido que esforzarse para que su cuerpo tuviese el mismo empeño antes de que pasara el atentado.
No tuvo otra opción que formar una sonrisa corta hacia ella, que solo esperaba una reacción suya. Pero en el momento en que iba a excusarse, ella se adelantó:
—Yo… no sabía que se trataba de usted, ayer por la noche…
Ella era muy sincera…
—Lo sé —pero en el momento en que la vio sonreír, todo volvió a desajustarse.
No pudo evitar recorrer su cuello delgado sin ninguna joya o decoro, su piel blanca estaba iluminada, y por Dios santo que deseaba saber como era su cabello. Debía ser muy sedoso, al igual que toda ella.
Said carraspeó desviando la mirada a sus manos delgadas y unidas, como si allí estuviera descargando ella su nerviosismo. Debía detenerse, esto no tenía sentido, pero su ante pierna estaba tan tensa que aún no se explicaba cómo era posible que esto se diese de esta forma tan… espontánea.
Puso todo su empeño y cambió su semblante por un serio y decidido.
—Señorita James, ¿esta usted preparada para irse conmigo mañana por la mañana?
Lia abrió los ojos aún más conmocionada que antes. «¿Qué fue ese cambio repentino en primero lugar?», su voz, su tono, incluso su postura que antes estaba relajada, ahora estaba en tensión. «¿Qué había hecho?», se preguntó un poco temerosa, incluso podía pensar ahora mismo que el hombre estaba un poco disgustado.
—¿Mañana? —fue lo único que consiguió preguntar.
—Sí, mañana. Necesito regresar a mi país, creo que sus jefes ya le han informado el por qué.
¡No sabía un carajo!, a excepción del asesinato de su padre y casos de corrupción. Necesitaba con urgencia trasnocharse esta noche para leer todo el informe que Almer le había dado a Mila. Eso contando a que hablaría con Mila lo más pronto que pudiera.
—Entiendo, señor, —dijo Lia soltando un suspiro, y en el momento en que iba a preguntarle a qué hora deseaba que partieran, pudo ver que detrás de los hombros anchos del jeque, estaban Almer y David Brunel.
«¡Que Dios me ayude!»
Ambos hombres se acercaron a la mesa junto con el mismo acompañante que llevó a los demás a la reunión. Tanto Almer como Brunel fruncieron el ceño en cuanto llegaron, y sus caras de puro miedo cayeron cuando el Jeque les pidió que se sentaran.
—La señorita James y yo partiremos mañana, a primera hora…
Lia dio un trago duro cuando ambos se giraron de golpe hacia ella totalmente enmudecidos.
—Todo está en orden, señor Almer… —su voz titubeó un poco—. Le explicaba al Señor Abdullah que, la empresa cometió un pequeño error de enviar el expediente de mi compañera Mila…
Los labios de Almer temblaron, pero el rostro de Brunel era el más conmocionado.
—Señor… —Brunel se giró hacia el jeque, quizás para reparar esta situación, pero por alguna situación extraña, el móvil del mandatario sonó interrumpiendo todo.
Said vio la pantalla y tuvo que colocarse de pie, era Tarha, su hermana, y precisaba contestar.
—Debo contestar, permítanme —todos asintieron en la mesa mientras él se desvió a una parte más privada para ejecutar su llamada.
Lia supo que era su fin, pero si pasaba a estos dos hombres, podía decir que podría hacer cualquier cosa en adelante.
—¡¿Qué es esto por el amor a Dios?! —Almer casi gritó, pero Lia no dejó que la amedrentara sino más bien le mostró una mirada fija.
—El padre de Mila tuvo un infarto, lo supimos esta mañana y está muy grave.
Él pasó un trago, y luego movió la cabeza.
—Lo siento por ella, pero, ¿qué es esto Lia? —la tuteó como si la conociera desde hace mucho, y Lia aprovechó su atrevimiento.
—Conozco el trabajo de Mila, tengo todo su trabajo en esta computadora y manejo muchas del comercio. Ella me pidió remplazarla, y todo porque la empresa no pierda esta oportunidad. A pesar del dolor de Mila, ella pensó en ustedes…
—¿En nosotros? —esta vez fue Brunel quien intervino en voz baja pero apretada—. Mi puesto depende de esto, señorita, usted puede arruinar mis relaciones, ¿No lo ha pensado?
—Entonces es más que claro que debo hacerlo bien —dijo Lia firme—. Porque… no vamos a decirle nada a estas alturas al Jeque ¿o sí?, ¿no creen que es mejor brindarme el apoyo que necesitaré, para que todo salga bien…?
David Brunel pasó las manos por su cara muy preocupado, mientras varias gotas de sudor llenaban su frente.
Sin embargo, Almer le puso la mano en el brazo para tranquilizarlo y Lia agregó:
—Estaré en contacto con Mila en el caso de que se me escape algo, no haré algo improvisado, ella ya realizó todo un esquema para este trabajo. Pero… —se levantó tomando su bolso—. Si no quieren mi ayuda, pues, entonces me iré…
Ambos hombres se pusieron de pie, tomando su brazo.
—No puede irse, sería la ruina para nosotros decirle al Jeque que hubo nuevamente otra equivocación.
—Entonces no hay otra opción que confiar en mí…
Ambos hombres se miraron, pero no les dio tiempo de decir nada cuando el Jeque ya estaba de vuelta a la mesa. Para él fueron muy extrañas sus posiciones y rostros, pero de inmediato, todos se sentaron en sus puestos y enviaron una sonrisa, menos Lia, que parecía muy seria al mirarlo.
Ante el evidente silencio, Said agregó:
—¿Quieren comer primero o vamos al papeleo de una vez?
—¡Comamos primero! —todos se giraron al sitio de Lia—. No puedo pensar mucho con hambre…
Said no pudo evitar apretar su boca, ella era tan espontánea que amenazaba su equilibrio.
Todos hicieron sus pedidos y en cuestión de unos minutos, la comida estaba servida. David trató de sacar temas aislados, pero Said siempre conectó todos los puntos de los que le interesaba tratar.
Era un hombre que no perdía el tiempo.
Lia fue puesta a sus ojos por Almer, como si estuvieran hablando de la mismísima Mila. En el momento en que hablaron de sus habilidades y que de manera intrínseca le dieran datos a Lia sobre su trabajo en sí, ella no podía dejar de sentirse como una completa mierda al saber que estaba siendo parte de un engaño.
Detestaba las mentiras, la traición y la deslealtad. Sus padres habían sido tan firmes en su crianza y aun en ausencia de ellos, Anne siempre se esmeró en que ella fuese tan íntegra en su forma de proceder, que todo su cuerpo se incomodó al ver que se hundía cada vez más en una red de mentiras de nunca acabar.
Al menos tenía su identidad, y su propio nombre con ella. Esperaba que pudiera hacer este trabajo de la mano de Mila, y más pronto que nunca, regresara a su país, a su casa y a su cama para ovillarse.
Extrañaba a su hermana, y solo desvió los pensamientos cuando los platos fueron retirados y unas tazas de café muy n***o, fueron servidos.
Observó como el hombre frente a ella tomó su café con premura, «debía estar rico», pensó, pero cuando dio un sorbo, casi se atraganta con lo fuerte que estaba eso, sabía horrible.
—Lo siento —puso sus dedos en la boca—. Yo…
—Es café árabe… usted dijo sí cuando le preguntamos si quería…
Ni siquiera recordaba eso.
—Sí, lo siento, está un poco cargado…
Said volvió a apretar sus labios mirándola fijamente mientras ella le quitó la mirada. Odiaba que le desviaran la mirada, en su país nadie se atrevería a hacerlo mientras hablaban con él, jamás.
—Señor aquí esta toda la documentación, puede leerla esta noche y firmaremos mañana… —anunció Brunel pasando todos los papeles al mandatario en una carpeta de cuero.
El hombro la tomó, pero a diferencia de guardarla como todos pensaban, él sacó un bolígrafo dorado de su chaqueta y comenzó a firmar.
—No tengo tiempo de leer, cuando llegue a Kuwait alguien lo leerá por mí. Usted Brunel, fue recomendado por gente de mi extrema confianza, si hay algo aquí que pueda perjudicarme, no debo siquiera decir qué puede ocurrir…
La tensión se hizo más pesada que nunca.
—Yo… nunca defraudaría su confianza, señor —la voz del hombre vibró mientras observaba a Lia sudoroso.
En ese preciso momento Lia entendió la carga que reposaba en sus hombros, no solo era la espalda de Mila, estos hombres, y por supuesto sus familias estaban en juego. Fue hasta entonces que desvió la mirada hacia el mandatario para ver cómo firmaba papel tras papel, sin siquiera hojear una sola palabra.
Una persona así debía tener mucho poder, y no pudo evitar ver detalladamente como una especie de línea más clara del color de su piel bronceada, sobresalía de su traje para ir de su cuello hasta la oreja. No era muy notoria, pero era claro que alguien había causado esa herida en él.
Sin embargo, ver a un hombre tan masculino, tan… inmenso en su proceder y forma, la hizo temblar de una manera que no entendió.
Le gustaría saber tanto de él.
Said terminó con las hojas y cerrando la carpeta se la pasó a los hombres. No sabía por qué notaba a Brunel nervioso, pero eso ya no importaba ahora.
Lo único que tenía en su cabeza es por qué ella lo estaba observando de esa forma detenida, como si quisiera leer su misma alma.
Ante el silencio del mandatario, Almer y Brunel decidieron colocarse de pie para dejarlo descansar.
—Señorita James, creo que nos retiramos, y dejamos descansar al señor Abdullah… mañana tienen un viaje y…
—Me gustaría… tener una pequeña charla antes de irme, con mi nueva relacionista.
Almer observó a Lia, y ella asintió.
—Claro… ¿Lia, llegas a tu hotel?
Ella sonrió de puro sarcasmo.
—Me iré con Amid a quien delegaron para mi compañía en hotel…
Los hombres se despidieron con sobrada formalidad, y con los ojos le dijeron el abecedario a Lia. Era imposible para ella no saber que estaban al borde de la locura por este paso que estaban dando, y siendo justa, no era para menos.
Ahora mismo no comprendía en totalidad en lo que se estaba metiendo mientras sus ojos se detenían en esa mirada que no la dejaba ni por un segundo…
Tenía miedo de las preguntas que le hiciera, pero de cierto modo le había agradado en desmedida quedarse con él…