Capítulo 7

2307 Palabras
  Lia esperaba paciente y en silencio, cuando Almer y su acompañante se retiraban, dándole una última mirada. Estaba segura de que ahora mismo irían a su hotel a esperarla, pero se preocuparía de todo eso en el momento. Ahora tenía otros asuntos por el cual estar concentrada, y esa mirada penetrante solo hacía que sus nervios se desajustaran. No debía tener miedo, aunque hubiese una mentira entre su nuevo jefe y ella, debía mantener la cabeza en alto, porque de alguna manera no era su mentira, y aquí estaba ayudando a una amiga. Además, ese hombre solo era su compañero laboral, en unos meses, solo recordaría este episodio, y estaba segura, que jamás tendría que ver en este mundo… en el mundo que había soñado por años. —Señorita James… Sus ojos se desviaron de la puerta por donde desapareció Almer, y los llevó hacia… Said. «Prometo que te diré así solo en mi mente», pensó tratando de no sonreír y colocando las manos debajo de la mesa. Ellas jamás le habían sudado, pero ahora mismo lo estaban haciendo y mucho. Era demasiado extraño. —Señor… —Como aún es temprano, y quizás en el avión ya debamos estar trabajando… —Lia asintió—. Creí pertinente hablar un poco sobre mi país, el trabajo que llevará a cabo y algunas cosas que creo debe saber. —Por supuesto. —¿Le gustaría tomar algo mientras hablamos…? A ella le encantaba el vino, por supuesto, pero con los nervios que ahora dominaban su cuerpo, una copa no iba a durarle cinco minutos, y necesitaba estar lo suficientemente cuerda para atender a todo lo que este hombre tenía por decirle. —Prefiero… este café n***o, gracias… Said apretó su boca para no reír. —Perfecto, entonces pediré más café turco… Lia iba a abrir la boca para negar, era horrible el sabor, no le gustaba para nada, pero por supuesto tampoco podía ser descortés con el hombre. Y comiéndose sus quejas asintió observando la taza a la mitad y levemente tibia de café, que tenía a su lado. Las tazas fueron servidas a los minutos, pero ella visualizó de inmediato que la suya era un té, y el vapor solo le comprobó que debía estar muy delicioso. No pudo evitar una sonrisa cuando lo tomó en sus manos y soltando un suspiro observó al jeque. —Gracias, solo, no quería ofenderlo… —aunque Lia pensó que el hombre le devolvería la sonrisa, su rostro se transformó, dando un semblante sobrio, mientras lo vio acercarse, como si todo su enorme cuerpo estuviera cayendo encima de ella. —Lia… —él pronunció muy cerca, y con mucha confianza hacia ella, como si estuviese dispuesto a lanzar un misil. Lia solo pudo apretar la taza de té, aunque esta estaba caliente—. Por eso me quedé a solas con usted… Hay miles de personas en mi país que pueden hacer su trabajo, y unas diez mil fuera de Kuwait que están muy preparadas para este puesto. Pero no es exactamente eso lo que necesito ahora… Ella parpadeó varias veces, no tenía ni una palabra en su garganta para arrojar, porque ahora ni siquiera podía colocar en orden las declaraciones del hombre. Hablaba de forma tan exquisita que estaba segura no había dejado de mirar su boca. —Yo… señor, no estoy entendiendo. Ese suspiro cansado que el hombro soltó, ella lo recibió en toda su cara, mientras cada poro de su piel se inflamó. Sus vellos se acrecentaron y un escalofrío recorrió su espalda. No pudo evitar reprimir sus ojos y bajar la mirada. «Por favor, Lia, ¡basta ya…!» —Lia… —otra vez estaba esa voz con orden, en este punto ya no estaba tan segura de ella misma. Con mucho esfuerzo levantó la mirada y pasó un trago. Nunca había visto unos ojos tan negros como esos. —Señor… Yo… —Escúcheme, mi país está atravesando un momento… bastante incómodo. Con esto no quiero que se asuste —ella relajó los hombros asintiendo, estaba entendiendo un poco lo que el hombre quería hacer, necesitaba prepararla para su llegada a Kuwait—. Pero mi padre, como ya debe saber, porque no es un hecho oculto, fue asesinado… Lia asintió lento sintiendo condolencias. A pesar de su dura careta podía ver que en sus ojos había amargura y dolor. —Hay algunos casos de corrupción que vienen desde la gerencia de mi padre, yo estoy lidiando con una fuerte presión en mi puesto de cabeza de mi nación, y en este punto, me es difícil confiar en las personas que tengo alrededor. Ese trago que pasó Lia en este preciso momento, fue muy amargo. El hombre estaba pidiendo confianza y sencillamente ella había comenzado con el pie izquierdo. Le estorbaba ese peso en sus hombros, y ni siquiera sabía cuánto pudiera aguantarlo. —Usted, necesita alguien en quien confiar… —arrojó Lia mientras el jeque asintió. —Necesito, debo y quiero confiar en usted, Lia… ¿Cree que es posible? A Lia le dolía el cuerpo entero y tuvo que tomar un trago caliente de su bebida, para alivianar su garganta. —Señor, yo, puede que… escuche, quiero ser sincera con usted. Yo tengo un poco de miedo, porque de cierta forma, desconozco su entorno. Habrá algunos momentos en que me equivoque en el trabajo, sé que mis jefes le dijeron que soy la mejor, pero soy un ser humano y… no soy la mejor… Ella vio que el hombre alzó la mano para que hiciera silencio mientras negó. —No importará que se equivoque en lo laboral. Ahora mismo Lia, necesito saber si podré girar mi espalda y usted no me apuñalará con una daga. —¿Qué? —un susurro en forma de pregunta salió de su boca asombrada. —Habrá gente que intentará corromperla para traicionarme. Créame, no estoy aquí hablando con usted por pasar el rato. Este asunto es muy serio —dictaminó el hombre, y ahora, ella si estaba en pánico—. Por ello estoy aquí Lia, antes de que acepte el vuelo, usted puede retractarse. Tengo un montón de gente a mi alrededor, pero muy pocas personas con las que puedo sentarme para relajar mis hombros. El asesinato de mi padre no se resuelve y tengo familiares que corren peligro si doy un paso en falso. No quiero llevarme de Riad una carga más, sino alguien que llegue allá y la gente piense que será mi asesora comercial y relacionista pública, pero, aunque nadie sepa, sea mi mano derecha también… «Esto no podía ser cierto. ¿Por qué?, porque estaba pasándole todo esto a ella». Lia no podía despegar los ojos de esa mirada intensa, de cierto modo sentía una gran compasión. Él era un jeque, el dueño de un país, la autoridad que todos debía acatar en su nación, y aquí estaba buscando desesperadamente alguien en quien confiar. Sintió una fuerte opresión en el pecho y no puedo evitar recordar a sus padres. “Lia, la confianza es tan importante como tus ojos. Cuando hay duda e incertidumbre tu juicio se nubla, y si el cuerpo pierde la vista, ira solo a golpearse ves tras vez”. El nudo que hizo su garganta no le permitió hablar de una vez, y forjó una sonrisa para reprimir la sensación que la abrumó. Conocía la sensación de no tener a quién recurrir, y sentirse totalmente perdida. —Mis padres me hablaron mucho de ello, entiendo como se siente, de cierta forma… Cuando ellos murieron mi hermana y yo estábamos con las espinas en la piel, no sabíamos qué hacer ni a dónde ir, porque las personas con las que caminábamos con los ojos cerrados, simplemente ya no estaban… —Lo siento mucho… —el hombre se consolidó con ella y ella negó. —Fue hace mucho, solo que es imposible que pierda algo de ellos a pesar de los años, sus enseñanzas fueron muy valiosas para nosotras, y perdone que saque esto en este momento. El hombre negó. —¿Entonces son dos hermanas? Lia asintió sonriendo. —Mi hermana se llama Anne… ella es azafata de vuelo, y… —pero… ¿qué estaba haciendo?, se frenó de golpe al ver a donde iba su charla y carraspeó rápidamente—. Lo siento… ¿En qué íbamos? Said sonrió volviendo a tomar su café sin quitarle la mirada a Lia. —También puede contarme lo que quiera, si tengo el tiempo… —Debe tener mucho por hacer allá. —Lo tengo, sí, —Said estaba dispuesto a seguir con sus normas, pero se dejó llevar por el momento—. ¿Conoce el desierto? —Le confieso que nunca he ido a uno —Lia se acercó con una sonrisa en los labios que lo estaba matando—. Lo he visto en videos ya sabe… Ella torció sus ojos, ahora podía ver que era completamente natural en su forma de actuar y no pudo evitar recordar la noche de ayer cuando estaba en ese balcón detallando su vestido pegado al cuerpo. Así que, apretando los ojos con sus dedos, Said asintió. —Bueno, prácticamente vivimos en él. Dentro del bioma de desierto que ocupa todo el territorio de Kuwait, nosotros tenemos dos ecorregiones: el desierto y monte xerófilo de Arabia y el Sinaí en el extremo oeste, y el desierto y semidesierto del golfo Pérsico en todo el resto del país… somos desierto por donde lo vea. Por supuesto, por las partes construidas, ahora no se ven como tal, pero muchas veces somos invadidos por tormentas de arena. —La naturaleza reclama su curso… —agregó Lia con un rostro placentero mientras Said asintió correspondiendo a su alegría—. Entonces… ¿También es parte de la comunidad beduina, y visita la región arenosa? Al jeque se le salió una carcajada. —¿Región arenosa?, ¡vaya forma de decirlo!, y no Lia, no voy de visita, a veces vivo allí mismo con nuestra comunidad. —¿Usted? —a ella se le salió preguntar totalmente conmocionada por la respuesta. —Sí, en carpas, los beduinos en sí, es como cuando usted va al campo, pero en mi caso, es desierto. Son agricultores y pastores de ovejas. Tienen un estilo de vida muy parecido a la gente del campo y se visten de una forma diferente para protegerse del calor y la arena. Pero son nuestras raíces, y mi padre me mantuvo mucho tiempo allí hasta el punto de llegar a amarlo con mi alma. —Debe ser muy hermoso ver el amanecer… —Lo es… Ambos se quedaron en silencio, y solo el móvil de Lia vibrando constantemente, los sacó de su ensoñación. —Lo siento… —estaba por silenciarlo cuando vio en la pantalla que era Mila y sus ojos se abrieron—. Señor… —No se preocupe, vaya. Estaré arreglando todo para que nos vayamos en cuanto regrese. Ella asintió levantándose, y de inmediato se retiró lo más lejos que pudo. Puso rápidamente los auriculares y deslió la pantalla para la videollamada. —Mila… —¡Lia! —Los ojos de Mila estaban rojos, y no tenía una gota de maquillaje en su rostro. Su corazón latió rápido al verla en esa condición—. Perdona si no te avisé antes, he leído tus mensajes hasta ahora, mamá estaba muy agitada y debí atenderla también… —Y… ¿Frank? —No me han permitido verlo, ¿puedes creerlo? —la voz de su amiga se rompió y ella no pudo evitar conmocionarse—. Dicen que está delicado, pero que su condición solo puede descifrarse en unas horas más. Yo, tengo mucho miedo Lia… Ella limpió una lágrima que se derramó y le habló firme. —Estará bien, lo va a estar, ahora, debes estar fuerte para Elizabeth, ella no debe visitarlo con ese ánimo. Mila negó. —Lo sé… Lia, me dijiste que adelantaste la cita, ¿Qué tal fue todo? Estas dos horas de diferencia me hicieron cruzar los tiempos… —Todo resultó bien, no te preocupes, pero creo que Almer requiere una explicación inmediata de tu parte. Mila asintió. —Lo llamaré ahora mismo. —Por favor hazlo antes de que yo llegue al hotel, debo estar toda la noche revisando tu trabajo, porque… —Lia se giró y solo vio que el jeque estaba de pie con todos sus hombres alrededor y un hombre en traje estaba dándole la mano, debía apresurarse—. Tu jefe quiere que nos vayamos mañana… —¿Qué? —Mila… tengo que colgar, debo despedirme de él y creo que ya se está yendo. ¿Puedo llamarte cuando llegue al hotel? —¡Claro!, por favor, que no se te olvide, tengo que agregar algunas cosas que se me pasaron para dejar todo listo… Lia… —esta vez ambas se miraron a los ojos a través de la cámara frontal. —¿Sí? —¡Gracias!, sé que lo harás mejor que nadie… Ella asintió, ambas colgaron la llamada y en el momento en que Lia caminó también visualizando donde podía encontrar a Amid, el giro repentino del jeque volvió a frenarla. —¿Busca a alguien? —Sí… a mi acompañante… él… —Lo envié al hotel, Lia. Ella estuvo confusa. —¿Por qué?, es… —Yo la llevaré a su Hotel, de ahora en adelante, usted es completamente mi… responsabilidad…  
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