CAPÍTULO 3 - Ella no entiende español

2084 Palabras
POV CLARA - ¿Sabes lo que me acabas de decir? - preguntó con seriedad, como si yo hubiera cometido un delito. - Vete a la mierda. - le susurré al oído, despacio, intentando no reírme. El chico no dijo nada más, sólo se quedó allí, fingiendo ser una percha. Podría haber sido más divertido, ya que era "mono". Alto... Demasiado alto, al menos para mí. Ojos marrones, mandíbula bien definida, pelo liso castaño oscuro bien peinado y ligeramente despeinado. Delgada. Seguro que debajo de esa camiseta negra lisa, sin ningún detalle, sólo había huesos. Tenía la boca bien dibujada y los labios gruesos. Yo diría que demasiado grandes para el tamaño de su cara. ¿Y qué dientes milimétricos? - ¿Llevabas ortodoncia? - pregunté. Me miró, tomándose su tiempo para responder: - ¡No! ¿Por qué? - ¿Hijo de dentista? - ¡No!" Entrecerró los ojos. - ¿Por qué no? - Tus dientes... - ¿Qué me pasa en los dientes? - Son perfectos, típicos de alguien que ha llevado ortodoncia. ¡Deberías sonreír más, Hanger! - No me gustó el apodo que me pusiste. No somos amigos, ni íntimos, ni siquiera conocidos. Así que, por favor, no te fuerces a acercarte a mí como si me conocieras de toda la vida. Le miré seriamente. "¡Hanger, amargado!" - Joder, sólo tienes 17 años. ¿A qué viene tanto mal humor? - No estoy de mal humor. Simplemente no me pareció bien que me llamaras "percha". Podría ser "esqueleto". ¿Le gustaría más? OK, los apodos no eran realmente agradables. Pero sus hombros eran definidos y anchos... Eso realmente me llamó la atención. Y no, nunca me había fijado en los hombros de nadie. Pero los suyos... Bueno, eran "suyos". - ¡Medianoche! - gritó Flora, acercándose a mí. Nos abrazamos y empezamos a gritar y a saltar. En fin, yo tenía dieciocho años. Era mayor de edad. Podía irme de casa, vivir sola, casarme, tener hijos, firmar mis cosas... E ir a la cárcel, según mi padre. Toda mi vida he soñado con tener dieciocho años. Y entonces llegó el día. Y hasta ahora nada había cambiado. Pero sólo había pasado un minuto desde que cumplí dieciocho. - Pablito, ¿no me vas a dar un abrazo? - le grité, que me agarró por detrás y me levantó, botando conmigo de lo lindo. - ¡Feliz cumpleaños, preciosa! Creo que a los diez años ya puedes tener la boca llena. El uruguayo era guapo. Era fornido, pero bajito. Llevaba una camisa estampada blanca y azul de manga corta y vaqueros. Era moreno, llevaba el pelo casi rapado y lucía barba y perilla. Suspiré, entristecida. No me gustaban los hombres que llevaban barba. De hecho, nunca había besado a uno. Tampoco me gustaban los que llevaban camisas estampadas, aunque me encantaban los colores. Miré a mis amigos, suplicando que me rescataran, y comprendieron. Pronto dejaron a los dos chicos que se aferraban a ellos y se acercaron a felicitarme, obligando a Pablito a soltarme. Las citas de mis amigos también vinieron a felicitarme. Lo único que faltaba era la percha. Lo miré y siguió sentado, con cara de haber comido limón con sal. Abrí los brazos y me puse delante de él: - ¡Oye, acabo de cumplir dieciocho años! Pensé que me ignoraría o me mandaría a la mierda. Pero no. Fue educado y se levantó, dándome un abrazo con sus largos brazos. Llevaba un perfume bueno, de olor delicado. No era fuerte, como el de los chicos con los que solía estar. - Feliz Cumpleaños. - Me susurró al oído. - Feliz cumpleaños a ti también. Luego nos soltamos y sonrió: - Falta un mes para mi cumpleaños. - Ciertamente no nos veremos cuando llegue el día. Así que... Ya te he felicitado. Y mira que bien, ¡he sido la primera! - Bromeé - Por cierto, soy Ana Clara. Pero puedes llamarme Clara. - Le tendí la mano. - Pedro - me cogió de la mano y se rió - Puedes llamarme de todo menos Percha. Empezamos a reír y nos dimos la mano. Le besé en la mejilla, sintiendo su mejilla lisa y suave. Quería tocarla para asegurarme de que aún no le había crecido la barba. Nunca había besado a un hombre con una cara tan suave... Excepto a los niños. - Se pone de mal humor cuando no ve a su ex. - explicó su amigo, burlón. - Hum, ¡tenías novia, Pedro! - Le di una palmadita en la barriga- Eso significa que no debes de ser tan mal tío como pensaba. - ¿"Tan mala"? ¿Qué te hizo pensar que soy malo? Suspiré: - No está mal, no tiene sentido del humor. - ¡Tengo sentido del humor! Sólo que no vivo de él como tú. Vi la tarta pasar entre la multitud en la pista de baile, junto al vino espumoso Chandon. Ah, había soñado tanto con ese día, en el que todo sería para mí, ¡en Baccarath! La vela de la tarta se encendió en cuanto el camarero la colocó sobre la mesita, brillando intensamente como si fuera a explotar. Éramos ocho y recibimos cuatro copas, lo cual era absurdo comparado con el precio que habíamos pagado por la caja. Por supuesto, no faltó el "Cumpleaños feliz" y luego insistí en el "Es grande". Cuando llegó el momento de soplar la vela, cogí la pequeña tarta redonda cubierta de mucho glaseado y la puse delante de Peter: - Soplemos juntos. No olvides hacer tu pedido. - No... Puedes soplar por tu cuenta. Estoy... estoy bien. - ¡Vamos, sopla! - insistí, dándome cuenta de que estaba perdido. Conté hasta tres y soplamos al mismo tiempo, la vela se apagó por completo. Pablo abrió el vino espumoso y llenó las copas. - Quería abrir el vino espumoso. - Pedro le dijo al paraguayo. - Las mujeres no saben abrir vinos espumosos. Simplemente se los beben. Intenté traducirlo mentalmente: "Las mujeres no saben abrir vinos espumosos... ¡Sólo los beben!" Creo que eso fue todo. ¡Qué sexista, Pablito! Cogí dos copas para asegurarme de que Pedro y yo tuviéramos al menos una copa de vino espumoso por nuestro aniversario. Pablo tomó otra y, por suerte, Flora fue rápida y también cogió una. Le di una de las tazas a Peter, que la rechazó: - ¡No puedo beber! - Mostró el sello en su muñeca. - Yo digo que puedes. Tengo dieciocho años y soy responsable de ti. - Dudo que puedas responsabilizarte de ti mismo, ¿cómo vas a responsabilizarte de mí? - ¡Oh, perdóname, Pedro! - Le abrí la mano y le puse la copa, que se obligó a sostener- ¡Bebe esta mierda! ¡Por nuestros dieciocho! - Levanté la copa, haciendo un brindis. Mi sueño siempre ha sido beber Chandon. ¡Y qué cosa más jodidamente mala! Hice una mueca, sacudiendo la cabeza involuntariamente. Miré el vaso de Peter, que estaba vacío. - ¿Te... ¿Te lo bebiste todo? - pregunté, confuso. Asintió con la cabeza. Puse mi vaso sobre la mesa y empezó a sonar "Celebration" de Kool and the Gang. Dios, si hubiera hecho una lista de reproducción para el DJ dudo que hubiera salido tan perfecta. Fue como un brindis por mi decimoctavo cumpleaños. Grité y Flora se rió, saltando conmigo. Yo no sabía una puta palabra de inglés, pero me encantaba cantar. De hecho, cantaba muy bien en la ducha. Todo el mundo se divertía y bailaba, excepto mi nuevo amigo Pedro. - ¿No lo oyes? Celebración... - Sacudí sus brazos, intentando que se moviera. - ¿Sabes lo que quieres decir? - me preguntó, con cara de piedra. - ¿Lo celebramos? - aventuré. - Celebra, celebra... - ¡Ya lo tengo! - Salté aún más alto - ¿Enseñas inglés? ¿Has vivido en el extranjero o algo así? - ¡No! Respondió lo menos posible. No le caía bien, estaba enfadado por su ex que no había aparecido o simplemente no se sentía querido. Me di la vuelta y le dejé, volviendo a bailar. Pablo me tomó por la cintura, juntando sus caderas con las mías. Tenía swing, bailaba bien el uruguayo, aunque el perfume que llevaba era fuerte y empalagoso. Se acercó a mí e intentó robarme un beso, lo que me hizo girarme y agarrarle la mejilla. Pensé que se iba a enfadar, pero no. Se rió y siguió divirtiéndose, bailando conmigo. - Ah, Pablito... "No me gustan los hombres con barba" - No me gustan los hombres con barba. - dijo Pedro inmediatamente, traduciendo mi español. ¿Soy sólo yo, o dijo lo mismo que yo, sólo que cambiando las palabras? - Ahora mismo me estoy afeitando la barba, ¡precioso! Miré a Peter, suplicándole que me tradujera. - Dijo que lo sentía, pero que le gustaban las barbas y que a las mujeres guapas les gustaban. Me enfrenté a Pablo, frunciendo el ceño. Eso no era muy agradable. Pero, por otra parte, era agradable tener un hombre que se amaba a sí mismo y se gustaba. - Decirle que admiro mucho a los hombres que se quieren y se cuidan. Y que no lo encuentro engreído. Explícale que si al final de la noche no ha encontrado a nadie que le interese, le daré un beso. - Le pregunté a Pedro. - Dijo que la barba le parecía muy antihigiénica y que te buscaras otra chica, porque ya está comprometida. Hoy sólo he venido a emborracharme y a comer pasteles. Joder, hablaba tan rápido que no entendía una mierda... Sólo la pasta. Pablito me dio un beso en la mejilla y se fue. - ¿Qué le ha pasado? - pregunté. - Ya verás si no encuentras a nadie al final de la noche. - Pensé que quería el beso. Incluso renunciaría a mi prejuicio contra besar a hombres con barba. - ¿Qué quieres decir? ¿No besas a hombres con barba? - No. - ¿Por qué? - Porque debe ser malo. - ¿Estás loco? - ¿Qué quieres decir pastel en español? - Pastel significa pastelería. - Pero yo no dije pastel cuando te pedí que tradujeras lo que estaba diciendo. Pero le dijiste pastel a Pablito. - No se llama Pablito. Se llama Pablo. Algo me decía que Pedro estaba jugando conmigo. Lo peor de todo es que de repente todos se fueron y quedamos los dos solos. Yo tan animada y el chico más abatido se quedó haciéndome compañía. Y ese Pablito no tenía corazón. - "Celebra los buenos momentos Hay una fiesta aquí Una celebración para recordar durante años Así que traiga sus buenos momentos y su risa también Celebremos la fiesta contigo Es hora de unirse ¿Qué le hace feliz? Es una celebración". Pedro dijo todo esto mientras me miraba seriamente. - ¿De qué estás hablando? - Arqueé una ceja, completamente confusa. - De qué trata la canción Celebration. Me eché a reír y cogí la mini tarta, pasando el dedo por el merengue y probándolo: - El Chandon estaba malo... Pero el pastel no estaba tan mal. No dijo nada. Se quedó mirándome como si fuera una piedra. - ¿Qué te hace feliz, Pedro? ¿Qué te hace celebrarlo? - Muchas cosas. - Una respuesta de alguien que no sabe qué decir. - ¡Ni siquiera me conoces! - Levantó los hombros, mostrando que yo era insignificante. Pensé que era nata montada, pero era merengue. Y me gustaban mucho los dulces. Y el merengue más que la nata montada. Llené dos dedos con la crema y me la llevé a la boca, saboreándola: - Cuando era pequeña, mi madre solía hacer merengue para ponerlo en mi tarta de cumpleaños y, para darle color, utilizaba Q-suco. - Me reí, recordando. - ¿Te hace feliz? ¿Recuerdas esto? - No... Estoy feliz porque cumplí 18. - ¿Y qué ha cambiado en tu vida? - Se rió, seguramente pensando que cumplir 18 años era como cumplir 15 o 20. - Puedo salir de casa. - Confesé. Se puso tan serio como yo. Suspiré. No tenía intención de hablar de mi vida con aquel desconocido. Mi deseo en aquel momento era sentarme y apoyar la cabeza en el hombro de Flora y llorar. ¡"Celebrar"! Me reí. Sabía lo que me hacía feliz. Estar lejos de casa.
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