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Lo Prohibido

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Descripción

Ella era una niña ante sus ojos, la diferencia de edad era alta, más de diez años de diferencia, pero aun así ella no dejaba de ser una tentación prohibida para él, siendo toda tímida y sonrojos, sus padres la tienen en el concepto de princesa mimada, pero él sabe que no lo es, ella puede ser todo un ángel caído del cielo pero cuando están a solas ella es totalmente otra chica que arde en el fuego de la pasión.

Las relaciones prohibidas no siempre terminan bien; aunque para Aika y Daia las cosas son algo distintas, el buen sexo y las salidas clandestinas para verse terminan cuando la prima de Daira lo chantajea para que se haga cargo después de dejarla embarazada.

Con el corazón destrozada por la traición, Daira se reúsa a creer que él bebé no es de él, cuándo todas las pruebas lo acusan.

¿Lograran Daia y Aike resolver sus problemas?

O dejaran que los comentarios en la alta sociedad acaben con su relación prohibida.

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Lo Prohibido
Que tan perverso era verla ahí parada al lado de su madre con las mejillas sonrojadas y su largo cabello casi cubriendo gran parte de su precioso rostro, parecía la diosa afrodita en su blusa blanca de cuello redondo y esa falda por arriba de la rodilla azul con flores amarillas, aunque no llevaba tacones como su madre ella era alta por naturaleza. Había pillado a su madre reprenderla por ese detalle, —una chica de sociedad siempre debe llevar tacones, por más bajos que sean no dejan de ser zapatilla hija— la chica solo había visto sus pies enfundados en un par de tenis blancos de alguna marca muy conocida mientras trataba de ocultar su disgusto. Después de eso la vi salir silenciosamente por la puerta que daba a la piscina.   —Que estás viendo— murmura Alonso a mi lado, inclinándose a su costado para ver lo que estaba mirando. Le di una mirada de «no entiendo» encogiéndome de hombros. Observe por donde se había ido la chica sin lograr verla de nuevo. De pronto los pasos de la persona por la cual nos encontrábamos sentados en la sala de la mansión Medici resonaron en la estancia de espera. —Caballeros— saluda el hombre de cabello cano y cuerpo semi redondo entrando en la estancia. Me puse de pie seguido de mi gran amigo y mano derecha en los negocios. —Señor, Medici— estrechamos manos. —Señor Cisco, es un placer al fin conocerlo, he estado siendo informado de sus grandes avances en las nuevas vacunas para eliminar genes malignos hereditarios. —Así es señor, hemos estados trabajando estos últimos cinco años en ello, por cierto este es mi colega y mano derecha, Alonso del real. —Un gusto señor Del real. —El gusto es mío señor Medici. Soy un fiel admirador suyo y de su esposa— Alonso se aproximó a estrechar la mano con el señor Medici y después volvió a mi lado. Nos hizo una seña para que volviéramos a tomar asiento. Me perdí en mis pensamientos que aun rondaban en esa bella chica; los avances que veníamos a tratar con el señor habían pasado a segundo plano en mi mente confusa. —Entonces lo que me están planteando es que si mi empresa colabora con la suya estaremos más próximos a encontrar el primer elixir eliminatorio de enfermedades mortales. —Efectivamente señor Medici. Sabemos que en Medici Corp, cuentan con la mejor tecnología de punta en avances científicos, pero en Aladu Corp contamos con el personal capacitado, egresados de Harvard.   Observe al señor Medici mientras ahora mi colega continuaba hablando, la casa era enorme y agradable, el sonido de un video juego provenía de la sala de entretenimiento, que supuse estaba en la puerta semi oculta al lado del cuadro de viejo señor Medici pintada en acuarela antigua, no era para nada parecido al señor Medici hijo, quizá el señor Medici hijo se pareciera más a su madre, después de todo mi padre solía decir que todos los hijos del viejo señor Medici se parecían a su madre la señora Anastasia quien era guapa y refinada, en cambio el viejo señor Medici solía tener una cara de pocos amigos tal como en la foto. Le doy una rápida mirada al señor Medici quien parece estar a la espera de una respuesta por mi parte, me encojo de hombros apenado por no prestar atención a lo que me ha dicho. —Lo lamento yo… —Estoy más que seguro que mi colega está flipando todavía por la sugerencia señor, ¿verdad Aike?— asiento, agradeciendo con la mirada a mi mejor amigo que me haya salvado de esta, aunque no me salvare de la reprimenda que tendré una vez estemos fuera de aquí. —¡Padre!— levanto la vista observando a la tímida chica recargada en el umbral, como si estuviera ocultándose de la vista de un depredador. Tiene los labios demasiado rojos, como si alguien los hubiese estado besando. Apuño las manos porque el solo hecho de pensarlo me tiene mal. Descarto la idea, como un desertor, impidiendo un ataque.    —¿Sucede algo Daira cariño? —Madre dice que la cena esta lista, que pueden pasar al comedor. —De acuerdo— asiente en dirección a la chica. —Quieres venir aquí. Necesito presentarte a unos colegas Cariño. Estoy ansioso cuando le escucho. Ya quiero poner mis manos sobre las suyas, suaves y delicadas. La chica da pequeños pasos, en ningún momento le veo levantar la vista, y eso ¡maldita sea! Es una trampa furtiva. Me estoy mordiendo las mejillas internas en la boca para no lanzarme a ella y j***r todo este convenio con el que hemos estado tratando y planeando desde hace mucho tiempo.  —Caballeros, esta es mi hija mayor, Daira, futura Nutrióloga de la familia. —¡Papáá!— susurra en forma de reprimenda. El señor Medici parece sonreír ante la queja de su hija. —Un gusto, Daira, Alonso De Ral, y este es mi amigo y colega Aike cisco. —Un gusto, señores— saluda pero su mano nunca llega ante nosotros. Observo la mirada del señor, esta impávida, en la espera de decirle algo a la chica. —Lo siento— murmura ahora estirando la mano, no sé qué me he perdido pero sé que su padre le ha dicho algo en algún otro idioma que no logre distinguir.   Sus mejillas se mantienen rojas cuando se encamina hacia la puerta oculta al lado del retrato en acuarela de su abuelo. Su padre le ha pedido que llame a sus hermanos, tengo entendido que son gemelos de seis años, unos revoltosos que no pueden estar quietos sin hacer travesuras, o eso es lo que sus mismos padres dicen a otras persona. Nos ponemos en pie siguiendo al señor hasta la mesa.   La mesa es elegante para ocho personas, demasiado lujosa, rodeada de grandes ventanales con marcos de madera y gruesas cortinas que evitan que entre el sol cuando está pegando de lleno, el área exuda la riqueza de los dueños con todo y el candelabro que cuelga del techo en pedrería fina, las paredes son en tonos pasteles y relajantes, al lado de la silla principal hay un soporte con una cubitera con dos botellas de ace of spades armand de brignac, color oro y menta. —Señores— dice la señora Medici entrando al área del comedor, esta bellísima, con su vestido hasta la rodilla y sus… zapatillas de tacón bajo, su cabello castaño está recogido en medio moño, no hay arrugas a la vista y luce más joven que su edad actual, aunque tampoco es que sea muy vieja, solo tiene cuarenta y pocos años, o eso fue lo que logramos investigar. —Señora Medici. Un gusto conocerla— le digo besándole el dorso de la mano. —¡Dios!— exclama apenada cubriéndose los labios con los dedos —es usted un caballero… —Aike Cisco, para servirle— le digo y observo como la hermosa Daira entra al comedor seguida de un par de niños muy iguales. Daira levanta la vista mira a su madre, hace una mueca y se detiene al lado de su padre, quien parece limpiarle algo de la mejilla, haciéndola sonrojar, sus labios se mueven en una mueca y terminar en una bella sonrisa de labios rojos. —Alonso del Real— dice mi amigo a la señora copiando mi acto. El rostro de la señora esta rojo al final, su esposo la estrecha entre sus brazos y le aprieta la mano con una sonrisa. Le besa la mejilla y le señala la silla a su lado. —Señores pueden tomar asiento.   Tomo asiento al otro lado del señor Medici. La señora Medici está reprendiendo a los gemelos por no comportarse en la mesa, Daira se ríe disimuladamente frente a mí, no me pierdo ninguno de sus movimientos delicados, el sonido de su risa es tan cautivador, como una dulce canción entonada por los ruiseñores. Se cubre la boca cuando se da cuenta de que la estoy observando, se aclara la garganta, toma la servilleta de la mesa y la coloca en sus muslos. Es una niña, todo en ella grita que lo es, demasiado joven para un hombre como yo, pero es tan hermosa que me hace tener pensamientos impuros con ella y con migo entre sus piernas tomando impulso para hacerla gemir más fuerte mi nombre. Tomo la copa de vino que recién ha sido servida y bebo la mitad despejándome de los locos pensamientos que estoy teniendo. Aparto los ojos de la chica y los pongo en mi amigo quien me codea. —Quien es ella— me dice apuntando disimuladamente a la chica que entra, es guapa debo de admitir, los pantalones grises de vestir de cinturilla alta le van espectacular, me fijo en el escote de su blusa medio abierta que lleva fajada, es blanca y traslucida, es una provocadora que camina sobre tacones mostaza, mueve el cabello disimuladamente hacia un lado y sonríe ampliamente al verse observada. Le doy una mirada al señor Medici cuando le escuchó gruñir en desaprobación, su esposa por otro lado sonríe ampliamente aceptando el beso que la chica le da al llegar a su lado. Toma asiento al otro lado de la mesa, muy cerca de mi buen amigo quien parece haber dejado de respirar. —Esta es mi sobrina Iris— dice la señora viendo a su sobrina y después a su hija quien le sonríe dulce —Iris ellos son los caballeros, Aike cisco y Alonso del Real— nos presenta. No hay necesidad de ponernos en pie, la chica inclina la cabeza y musita un —mucho gusto— que parece suficiente para la señora de la casa. —Te vez linda hija— le dice la señora a la chica.   Daira parece ahora incomoda, su padre le toma la mano apretándole, quizá haya algo ahí, nosotros no sabíamos nada de esta nueva chica, en la información que se nos proporcionó no hablaba de ninguna sobrina que viviera con ellos. Un mozo con traje de pingüino se acerca con un carrito de comida depositando los platillos en cada asiento. Olía delicioso. Platos de carne, arroz y verduras fueron dejados sobre la mesa, pero a Daira no. «Deja de morderte el labio» quise decirle cuando se lo maltrato dejándolo rojo «joder niña, que no sabes lo que me estás haciendo» me removí incómodo. Al poco rato entro una pelirroja con un plato en sus manos y una jarra de jugo natural, dejo el plato en el lugar de Daira y lleno la copa a su lado. —Daira no come grasas— aclara la señora. Me fue imposible dejar de ver a Daira cuando sus mejillas se veían tan condenadamente lindas todas rojas. —Ni carnes. —Maamáá… Sonreí al escucharla quejarse ahora contra su madre. Aunque aquella queja parecía más como una advertencia… era una lástima porque yo tenía mucha carne para ofrecerle. —Tranquila cariño, sé que no lo haces por la profesión que estas estudiando, las grasas no son malas, lo sé, me lo has dicho siento de veces— la chica al otro lado de la mesa soltó una risita. —Erika deja a nuestra hija en paz. Solo no tiene ganas de comer esto, y punto. —Siempre es la misma. Mimas mucho a tu hija, Roman, y me quitas autoridad— ok. Yo no quería presenciar esta reprimenda, pero después de eso el silencio se hizo presente y comenzamos a comer.

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