DAIRA

2774 Palabras
Escapar de casa cada vez era más peligroso, y pedir permiso para salir por las noches no era una opción, Iris lo hacía siempre que deseaba salir, aunque ella no necesitaba escapar, mamá le daba siempre todos los permisos que deseara por mas ridículos que fueran como beber una copa de vino, lo que a mí se me negaba hasta ahora; tal vez fuera porque madre e Iris si compartían un lazo sanguíneo de tía y sobrina; en cambio nosotras no lo hacíamos, Erika solo era madre de los gemelos. Y una gran tutora y madrastra para mí, o eso hacía creer a mi padre.   Levante la vista al cielo bajando del coche, hacia una noche preciosa, y al estar en un área despejada de edificios las estrellas brillaban con luz propia al igual que la luna llena que se imponía en esa noche de domingo. Escapar no era propio de mi pero Martin valía la pena o eso me había dicho Kass, ya que ella me lo presento en una de las pocas salidas que tuvimos junto con Iris. Fiesta a la que mamá insistió demasiado a que asistiéramos, si Erika hubiese sabido el tipo de fiesta que era seguro no me permite ni cruzar la puerta… Ahora estoy aquí con el chico más caliente de todo Sydney tomada de la mano mientras caminamos hacia donde se llevara a cabo la carrera clandestina. —Hoy correrás— pregunte a Martin al detenernos en una barra improvisada de bebidas. —Esta noche no nena, solo seré un espectador más— era un alivio, amaba la velocidad pero este hombre conducía como un loco, mis uñas no soportarían más maltrato. —¿Quieres correr tú?— con sus manos grandes rodea mi cintura pegándome más hacia su cuerpo musculoso, un vaso yace en su mano libre, la música de fondo y el barullo de sus amigos gritando su nombre apenas y se escuchaba por el lugar.   Estaba segura que mis ojos estaban brillando con entusiasmo en ese momento mientras Martin esperaba una respuesta, no sería la primera vez que correría aunque nunca he tocado su MacLaren, había conseguido mi propio auto veloz en un deshuesadero de autos, y Aaron lo había vuelto a la vida; así que ahora era dueña de un bellísimo Hennessey venom GT, el cual por obvias razones no mantenía en la cochera de la casa, si no que el mismo Aaron era el encargado de este. —Estas preguntando enserio— dije entusiasmada, saltando en el lugar cerrado por sus brazos. Su chaqueta raspaba la piel desnuda que no tapaba la blusa, pero no importaba… no cuando él estaba tomando la iniciativa para  que yo corriera. —Supongo que es un sí, ¿verdad?— sus dedos se posaron en mi barbilla, inclino el cuerpo y nos besamos. —Vamos. Vamos a conseguir tu carro y apuntarlo, para los arrancones.   ***   La noche era fría pero mi cuerpo se sentía caliente mientras caminábamos a la basta carretera olvidada, un par de chicos nos habían ofrecido bebidas pero Martin negaba por mi diciendo que no podía beber si pensaba correr esta noche, lo que era cierto, me acurruque más en su costado mientras el pasaba su brazo por mi hombro. En la línea de salida donde se iniciaba la carrera dos carros ya estaban alineados, y muchos otros detrás de ellos en espera de su turno. —Ahora vuelvo— Martin se quitó la chaqueta dejándose una camisa abierta por los costados que dejaba ver parte de sus costillas tatuadas, me encantaba el dragón que adornaba su piel, pero sin duda amaba más el tigre que sobresalía de sus clavículas; también yo tenía mis propias rayas, —obviamente ocultas— no me gustaría que mi madre se enterara y flipara junto con mi padre, antes de volverme de regreso sin pensar al internado donde tuve que estudiar parte de mi niñez. —De acuerdo— tome la chaqueta colgándomela del brazo. Este ambiente no tenía nada que ver conmigo, pero Kass había estado muchas veces aquí, y decía que no era tan malo, aunque también pensé que ella y Martin tenían algo, una vez hace un tiempo fueron muy unidos, que daban mucho de que pensar. Ahora desde que yo comencé a venir, Kass se alejó y yo me quede; algunos decían que era el remplazo barato de la despampanante acompañante de Martin.   Fuertes manos me tomaron por la cintura, el aliento se me atoro cuando quien quiera que fuese estaba demasiado cerca respirándome en el cuello, esto no podía ser nada bueno, a los tipos de por aquí no les gustaban las y los “niños pijos” que paseaban sus traseros ricos como si fuesen dueños del lugar, a menos que vinieras a perder un poco de plata en las carreras eran aceptados. Y tal vez este tipo tan aventado no supiera de mi relación con Martin o el realmente no aprecia sus joyas donde están. —¡Hola hermosa!— susurro el tipo con voz grave, tirando de mi cuerpo contra el suyo, dejo un beso en la piel de mi cuello, erizándome los pequeños bellos; porque sin duda ese era uno de mis puntos débiles.   Sobresaltada me gire bruscamente para golpear al tipo que paseaba sus manos sobre la piel desnuda de mi abdomen. —¡IDIOTA!— grite al ver a Aaron destornillándose de la risa, tomándose de las rodillas y aplastando su abdomen. Con brusquedad me di la vuelta limpiándome las lágrimas traicioneras. Realmente me había asustado. —¡Hey!— troto hasta tomarme del codo impidiéndome que siguiera caminando. —¿Qué sucede? —Realmente me asustaste— le di un golpe en el hombro. Se sobo. Me abrazo y beso ambas mejillas acunando mi rostro entre sus manos. —No era mi intención— la burla en su voz desapareció, ahora sonaba molesto pero no conmigo si no con el mismo. —Olvídalo. Donde tienes a mi bebé— Aaron sonrió amplio, tomándome de las manos me guio hasta una amplia sección de coches de carreras, unos tipo formula con múltiples pegatinas de alguna marca y otros tuneados para mayor velocidad. —Aquí lo tienes— dijo apuntando mi ahora Hemessey Venom n***o con detalles purpuras —como podrás ver le cambie la pintura, el amarillo canario se fue, dando paso el n***o mate y al purpura metálico. Brillaras por las noches cariño y aún más en el día, la pintura tiene un efecto brilloso— rodeo el auto y abrió la cajuela sonriendo en mi dirección. Me acerque a él y mire dentro; había reparado el motor o mejor aún había conseguido uno nuevo —conseguí el motor original, un GM LS7 de 7.0 litros con doble turbocompresor. —El mismo que se usa en el Chevrolet Corvette Z06 Callera. —Sin turbo, pero con sobre alimentador— dijo. Paso la mano por su muy despeinado cabello, su sonrisa ladeada. Sabía que él amaba que hablara con el de autos, no es que yo fuera una experta en autos, pero soy una gran alumna. —Aprendes rápido— dijo. Apretó mi mejilla ganándose un gruñido y un golpe en la mano. —En fin. Le cambie la transmisión, esa fea cosa ya no serviría más, ahora tienes la original Nicolas PLC de 6 velocidades con doble embrague. —Velocidad—  me incline sobre la cajuela levantada en dirección contraria y eche un vistazo. —Puedes alcanzar una velocidad máxima de 484.31 kilómetros por hora, y puede acelerar de 0 a 300 km/h en tan sólo 13,53 segundos. —Eso es genial… puedo correrlo hoy ¿cierto? —Tanto como que ganaras si lo haces. —Bien— chocamos palmas. Cerramos la compuerta y nos recargamos. Aaron extendió una soda y la tome con gusto bebiéndola hasta la mitad, casi ahogándome en el proceso por el gas.   —Hay viene tu galán— señalo mi amigo donde venía Martin. Expulso el humo del cigarrillo de su boca y boto la colilla al piso. Una chica grito su nombre agitando su mano desde un grupito de chicas muy ardientes; embutidas en trajes cortos de cuero y tacones altos, Martin les sonrió moviendo su cabeza y continuo caminando. —Hola nena. ¿Me extrañaste?— pregunto antes de recargar su peso contra el mío y besarme, marcando su territorio metiendo su lengua y chupándome los labios. Solía hacerlo cuando estábamos cerca de Aaron quien según mi novio estaba secretamente enamorado de mí, ¿qué edad teníamos siete, ocho, para andar con esas estupideces? Le aleje con un leve empujón; me estaba lastimando las piernas. Dejando un pico en sus labios bebí de nuevo de mi soda. Aaron también era su amigo pero el parecía olvidar que eran amigos por mucho más tiempo que yo. —Que onda— saludo Martin a su amigo, con un movimiento de cabeza y un choque de puños. —La has inscrito ya. —Desde luego. La tensión era palpable, lo que no entendía aun, hace un par de meses que esto comenzaba a cansarme, a veces cuando solía descuidarme ambos ya estaban gruñéndose como perros rabioso, y luego cuando volteaba a verlos eran los mejores amigos del planeta; hacían como si nada hubiera pasado… lo que me comenzaba a fastidiar porque mi sexto sentido me decía que algo estaba pasando y ninguno de los dos daría su brazo a torcer para decir nada. —Eres la doceava, Daira.   Hubiera subido los pies al capo del coche y abrazado mis piernas para darme ánimos, pero traía falda —lo aras bien— palmeo mi espalda Aaron siendo observado minuciosamente por mi novio, le sonreí y agradecí su apoyo. Mientras esperábamos mi turno los demás chicos se nos unieron, salude a todos excepto de Charon la novia del morenazo de fuego Oliver quien era un gran bailador y besador por así decirlo, había sido un reto y Charon me odiaba desde entonces; no se podía molestar… no cuando ella también había besado a mi chico y metido su lengua hasta las amígdalas de Martin, aunque la única diferencia entre ambas fue que Martin se limpió los labios y Oliver se lo había relamido mientras me miraba fijamente. Después Martin lo golpeo jugando y lo alejo de mí.   Si, solía causar ese efecto en los chicos. Aunque yo no lo buscaba.   Reímos, gritamos y celebramos cuando Alexandro el chico de sangre italiana se nos unió, era conocido mío y de mi familia, y por azares del destino también era muy amigo de estos chicos, —«Gane»— grito con las manos al cielo cuando bajo de su precioso SSC Ultimate Aero, gris metálico. Javier el chico de ojos azules y paño en la cabeza le lanzo una bebida, atrapándola en el aire la destapo con los dientes y la bebió hasta el final. La bulla continuo alabándolo por su Azaña en la pista. Aunque después terminara botado con el culo hacia arriba en el asiento trasero de su coche.   Nos besó ambas mejillas a las chicas y palmeo la espalda a los chicos, dejándoles besos al aire sin pudor ya que era una costumbre Italiana.   Recargándome en el pecho de mi novio quien no había dejado de darme sugerencia de lo que pasaría esta noche mientras dejaba múltiples besos por todo mi cuello, fije la vista en su mano donde un reloj n***o brillaba, era cerca de la media noche y mi tiempo en este lugar estaba terminando. —Es hora— jadeo en mi oído. Mordiéndome el lóbulo. Martin estaba quizá un poco ebrio, y dopado por fumar m*******a, porque eso era lo que venía fumando cuando llego hace rato. Aaron llego con el coche a los segundos, saco su mano apresurándome, bese a Martin una vez más y trote hasta el coche para subirme. Aaron se corrió al asiento de al lado, él siempre era mi copiloto. Acelere levantando una nube de humo, los bitores y bulla de los chicos deseándome suerte quedaron disueltos en el aire mientras nos acercábamos a la línea de salida.   El olor a caucho quemado se concentraba más en esta área de salida, el pavimento tenia pronunciadas marcas de neumáticos por todos lados, de los tantos derrapes que hacían los coches. —Fija la meta, nena, y no dejes de acelerar— asentí a Martin quien se había recargado del otro lado de la ventana. A mi lado Aaron se colocaba el cinturón al mismo tiempo que yo. Puso un poco de música electrónica en el estéreo tarareando la canción de skrillex. Le sonreí mostrándole el pulgar. El semáforo que marcaba la salida se puso en amarillo. Martin se inclinó dentro del coche y me beso, choco el puño con su amigo y se alejó no sin susurrar: rómpele las pelotas a ese hijo de puta. Apunto con la barbilla al carro al otro lado del muro de gente que se apilaba tratando de ver la salida de ambos coches. El motor ronroneaba majestuoso con todo su poder antes de que soltara el freno y saliéramos despedidos en la line de meta. El grito ahogado de la gente fue lo último que escuche después de pisar el acelerador hasta la mitad, no fui ruda con el tipo, y Aaron parecía satisfecho con mi decisión, pues el polvo blanco de la meta se levantó primero en mi lado. —ESO CARAJO— grito Aaron golpeando el techo y quejándose por ello segundos después. —¡maldición! Me fracture la mano— reí en su cara, antes de ser ahogada por su cuerpo que me aplastaba contra el asiento. Se levantó avergonzado por su acción. Se disculpó, y dejo que pusiera en marcha de vuelta el coche. Bajamos el vidrio al llegar a la línea de inscripción, él se bajó y tomo nuestro premio. —Tómalo— le dije. Cerrándole el puño cuando extendió el fajo de billetes. —Lo necesitas más que yo, para ese elevador para motores en tu taller. —Daira no… —Por favor, insisto. Tómalo. —Gracias— le bese la mejilla y volvimos con el resto de los chicos. Cuando menos lo esperaba ya estaba en brazos de Oliver siendo fulminada por su novia, Martin se nos acercó, estiro sus brazos por arriba de su cabeza y me bajo de los hombros del chico de piel oscura. Apreté las piernas sobre su cintura cuando me dejo a esa altura, nos besamos y pidió que lo acompañara; el resto es historia…   ***   Sudorosos y con la ropa a medio poner me levante de la cama cuando la puerta de la habitación de Martin fue tocada, trate de acomodar lo mejor que pude cada prenda antes de abrir. Al otro lado Aaron quien también era compañero de vivienda de mi novio esperaba con un sándwich y un vaso de malteada de frutos rojos, mi favorito, y una amplia sonrisa en sus labios coquetos, lo fulmine, porque sabía lo que estaba diciendo con su mirada, tome sin rechistar la comida, y salí con el fuera de la habitación, mientras Martin continuaba durmiendo. —Así que… —No lo digas…— pedí avergonzada por mi manera de ser escandalosa y descarada cuando estaba siendo tomada por un hombre. —Para ser una niña seria y refinada, pierdes toda la elegancia ahí dentro— a esta altura sentía que la cara me estallaría. Me eche el cabello a la cara y continúe mordiendo el sándwich hasta terminarlo. Me bebí el batido dejando el vaso sobre la superficie de la mesa. Aaron se puso de pie delante de mí con su mano estirada, la tome para ponerme en pie. —Te llevare a casa. Martin no se despertara hasta muy tarde. Y no creo que quieras que tus padres se enteren de tus salidas nocturnas. —Iré por mis zapatos— Aaron asintió, antes de informarme que me esperaría fuera en el coche. Bese la frente de Martin saliendo del cuarto con los zapatos en la mano, cerré la puerta y trote hasta la otra de enfrente para salir de la casa. Aaron ya estaba esperando dentro del Shelby GT500 para cuando salí, me senté en el último escalón de la entrada, me puse los botines y corrí hasta entrar en el coche.   Rezaba para que ningún empleado se encontrara en la puerta de entrada, y me vieran vestida de este modo, si lo hicieran se escandalizaran al igual que mis padres. En este mundo las apariencias son muy importantes. Al igual que mantener un estatus alto e impecable.
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