Gaby, Gillian y yo esperamos en el comedor a que mi madre regrese con café. Alex está en la sala con los brazos cruzados observando el jardín exterior con el ceño fruncido, tenso. Lizbeth Huerta está en completo silencio observándonos a los tres, su rostro, sus gestos denotan la incomodidad en la que se encuentra. Me mira con frecuencia y curiosidad. Sacudo mi cabeza y recuerdo el tenso momento en la entrada. Mamá apenas hizo algún gesto de reconocimiento, solo me tomó del brazo y me jaló al interior. —¿Valeria? —dijo Liz en confusión cuando los demás entraron detrás de nosotras. —Es mi hija —dijo con aspereza y nos pasaron a todos al comedor. La tetera suena con un fuerte silbido pero nadie la apaga. Me levanto observando tras el arco que separa las estancias de la cocina y veo a

