La tarde siguiente estoy terminando de arreglarme cuando la señora Martínez me informa que Marcos llegó, le agradezco con un beso en la mejilla y tomo las dos máscaras y mi bolso. Veo a mi padre salir de la recámara de Nicolás, me halaga mi apariencia y por primera vez no me retiro cuando se acerca a mi para darme un beso en la frente. Mientras bajo las escaleras mis tacones llaman la atención de Marcos que voltea y se queda con la boca abierta, me río de su reacción cuando lo saludo y doy una vuelta para presumir el vestido. —Estás hermosa Johanna —comenta besándome en la mejilla—, esas botas largas, ¡uff! Rio traviesa alzando un pie hacia atrás para presumirlas. —¿Lista? —pregunta ofreciendo el brazo. Asiento, se lo tomo y caminamos a su auto. Cada metro que nos acercamos al hote

