Despierto en mi habitación, me duele un poco la cabeza y tengo seca la boca, mis típicas resacas. Una sonrisa boba aparece en mi cara cuando recuerdo a Alex: el beso que me dio, su mano en la mía. Al llegar a casa se despidió con otro beso y dormí rememorando la sensación de sus labios sobre los míos. No pasa de medio día y salgo de mi cuarto con la intención de alcanzar algo del desayuno pero al aproximarme al comedor escucho risas y voces masculinas. No quiero ilusionarme sobre quién está dentro pero al asomarme doy un grito de alegría provocando que los dos hombres den un salto, asustados. Corro los metros que nos separan en lo que uno de ellos se levanta y abre los brazos para recibirme. —¡Nico! —choco con él, riendo y me levanta dando vueltas conmigo encima. —¡Joha! —saluda mient

