II

1975 Palabras
En 1897 el tatarabuelo de Raúl migró desde Alemania al nuevo continente estableciéndose en la Ciudad de México. Su pasión por los motores de combustión interna se transmitió a su hijo quien fundó Kucing, único fabricante automotriz integral creado en México en aquella época. Mi bisabuelo fue quien consolidó la automotriz, y aunque uno de sus hijos falleció prematuramente, mi abuelo logró que la inversión en Kucing la mantuviera a flote en años difíciles. Hoy en día Raúl, su hijo único, es presidente del consejo de administración y socio mayoritario del grupo, mi hermano y yo tenemos nuestra participación también. El corporativo y la escudería están en la Ciudad de México, pero Kucing está presente en cincuenta países con diversas plantas armadoras. KCG es la marca de los vehículos motorizados, de combustión y eléctricos, los cuales se crean y exportan alrededor del mundo. Generación tras generación se luchó contra todo pronóstico y obstáculo para consumar el sueño de mis antepasados. Pero estando sentada en la sala de juntas no me siento parte de Kucing e influye mucho mi mala relación con Raúl, en la junta con el consejo de administración las indicaciones que me dio fue prestar atención y no intervenir. Fue difícil no quedarme dormida cuando de lo único que se habló durante dos horas fue de estados financieros o nuevos proyectos. Varias personas con las que compartí la mesa me veían con curiosidad, incluso algunos mostraron deseos de iniciar una conversación, pero conozco la personalidad de Raúl en el trabajo y esta es inflexible y puntual, así que hice caso y no intervine para nada. En unos momentos empieza la junta con los directores de los diversos departamentos del grupo y me sirvo mi segunda taza de café para aguantar unas horas más, vuelvo a mi asiento mientras se instalan saludándose entre sí. Hay una chica que entra al final que parece tener entre veinticinco y treinta años, saluda a Raúl con un beso en la mejilla e intercambian palabras que no logro escuchar. Es bellísima, tiene el cabello rojo y ondulado que le cae por la espalda hasta la cintura, su cuerpo provoca mi admiración, los ojos azules tan hermosos que tiene me cautivan por un momento, hasta que pone su atención en mí y me lanza una mirada altiva. Toma asiento del lado derecho donde está Raúl, estoy a punto de preguntarle sobre ella pero él comienza a hablar. —Bienvenidos a una nueva semana, antes de iniciar quisiera presentarles a Johanna Meyer. Siento mi rostro calentarse. Espero que lo moreno de mi piel esconda el rubor que me ataca en estos momentos. Todos tienen la vista fija en mí mientras me levanto y saludo a cada uno conforme Raúl me los presenta. Al llegar con la chica pelirroja Raúl frunce el ceño. —El Licenciado Alejandro Medel no pudo estar hoy con nosotros pero ella es Isabel, su asistente. Ellos se encargan de la dirección general. Esta vez no caigo en la somnolencia de la exposición, repaso todos y cada uno de los reportes que se explican y trato de entender de lo que se habla, aunque tampoco intervengo. Cuando terminamos la sala se vacía y mientras caminamos a su oficina Raúl me pregunta mi opinión. —Interesante —contesto con sinceridad y pregunto sobre algunos puntos que no capté por completo. Cuando me instalo en el pequeño escritorio junto al de Raúl agrego un último comentario—. La próxima vez que me vayas a presentar con alguien, ¿puedes avisarme? Por favor, para estar mentalmente preparada. —Claro —dice con un deje de diversión en su voz—, lo siento por eso. —No hay problema, en realidad solo odio que me tomen desprevenida. Estoy sonriéndole. Caigo en que es la primera sonrisa verdadera que le dirijo desde mucho tiempo. —Me voy a la escuela entonces —digo juntando mis cosas con rapidez al fijarme en la hora. Él me desea un buen día y salgo de la oficina, tomo el elevador con mis pensamientos en los esfuerzos de Raúl por no incomodarme y un sentimiento extraño se apodera de mí. El timbre del elevador me sobresalta, regresándome al presente mientras se abren las puertas. Cruzo el estacionamiento en dirección a mi auto y siento un cosquilleo en la nuca que me detiene cuando lo alcanzo. Volteo hacia los elevadores y una mirada de color azul zafiro intenso me atrapa. Un joven que habla con otro señor sostiene su mirada sobre mí por un segundo más antes de dirigirla de nuevo a su acompañante. Me subo a mi auto, aturdida y manejo casi al límite de velocidad para llegar a la universidad. Logro entrar al salón antes que el profesor y tomo el asiento de costumbre frente a Qeren cerca de nuestro grupo de amigos. Josué, un chico que está interesado en mí, guiña un ojo dándome su mejor sonrisa, estuvo insoportable en la fiesta de Qeren y cada vez me gusta un poco menos de cuando nos presentaron. Qeren se acerca y me pregunta en voz baja sobre mi primer día. Pienso en la aburrida mesa administrativa, en la interesante junta con los gerentes, en mi extraño sentimiento hacia Raúl. Pienso en la intensa mirada de aquel joven en el estacionamiento. No digo nada a mi amiga sobre todo esto. —No vuelvo a llevar tacones al trabajo —le contesto bloqueando mis divagantes pensamientos. Las dos reímos en voz baja hasta que el profesor inicia la clase. De: Raúl Meyer (raul.meyer@kucing.com) Para: Álex (alejandro.medel@kucing.com) Asunto: Johanna Meyer Alejandro, contaba con que estuvieras el día de hoy en la oficina. Sé que puedo confiar en ti. Johanna no es tan comprensiva como Nicolás. Gracias por ser paciente, por todo lo que has hecho y sacrificado por mí. Trata de encontrar un rato esta semana para reunirte con ella. Raúl Meyer Presidencia Kucing Estatus: Entregado Acaba la última hora de clases y Qeren me invita un café, sé lo que trama. Nos despedimos de los demás y entramos en la cafetería más popular de la escuela, ella se forma junto a la barra mientras yo me siento en nuestra sala favorita. Con un vaso en cada mano se acerca a donde la espero, su enorme sonrisa traviesa y sus ojos rasgados revelan que tratará de sacarme toda la información posible y yo me resigno. No puedo tener muchos secretos con ella y eso es lo que más me gusta. Qeren es, junto con Nico, una de las pocas personas a las que amo. —Bien —deja un vaso frente a mí y se sienta—, cuéntamelo todo. —No fue tan malo como imaginé —detallo las juntas y llego a la parte donde Raúl me presentó a Isabel y Qeren me interrumpe. —Ese tal Alejandro es un viejo rabo verde. ¿Para qué demonios contrataría a alguien tan guapa como aquella chica si no? Me río de sus conclusiones porque, sin ponernos de acuerdo, pensé lo mismo que ella al principio. Le explico que en la junta, Isabel tiene una fuerte presencia con los demás, es inteligente, la respetan y además sabe demasiado de lo que habla, convenciéndome de que sus méritos son la verdadera razón para ocupar el puesto que tiene. Continúo relatándole el momento incomodo que tuve con Raúl. Ella está a punto de decir algo pero yo la interrumpo, no estoy preparada para escuchar su opinión respecto al tema. —Por cierto—digo para distraerla—, me encontré al hombre más guapo que he visto en mi vida. Qeren alza las cejas, sorprendida y logro mi cometido. Se olvida de Raúl y emocionada me pregunta sobre el chico. —Llevaba un traje con un corte que le ajustaba a la perfección —le describo, sé que estos detalles la vuelven loca—. La forma en que la barba incipiente le cubría el mentón era deliciosa, tiene unos hermosos ojos azules pero se me hizo raro, ya que su cabello es obscuro. —¡Tal vez se lo tiñe! —exclama y de inmediato ahoga un grito—. ¡Tal vez es gay! Me río pensando que tiene razón pero recuerdo los detalles que me he guardado para mí, su imponente porte, sus manos dentro de los bolsillos del pantalón exudando confianza y la fuerza de su mirada. —No lo creo —continúo—, solo lo vi durante algunos segundos pero no creo que sea gay. —Lástima que Javier no estaba ahí contigo —se queja—. Su radar es increíble, siempre acierta, incluso cuando conoció a su novio. ¿Le hablaste a aquel tipo? Niego con la cabeza lamentándome, aunque no me desanimo, tal vez lo vuelva a encontrar. Pero al día siguiente no lo veo, ni durante la siguiente semana, ni al dar un recorrido por toda la empresa o en las bodegas o las diversas plantas del grupo. Incluso Raúl me llevó a la escudería en las afueras de la capital. Me convenzo de que era solo una visita fortuita y de que no tengo nada de buena suerte. Casi termino de leer los documentos administrativos que Isabel me mandó por correo a principios de la semana, tres días leyendo y estoy muerta de aburrimiento. Si no es por la tarea de la escuela que me mantengo ocupada ya me hubiera quedado dormida en varias ocasiones. Raúl casi siempre está en su oficina excepto cuando tiene reuniones con clientes importantes: poderosos empresarios, atractivas actrices, personas del gobierno e incluso puedo jurar que en una ocasión se habría reunido con el mismo presidente en persona. Fisgonear por toda la oficina se ha convertido en un nuevo hábito mío, quiero negarlo pero no pierdo la esperanza de encontrarme con alguna información sobre aquel hombre de mi primer día. Más tarde estoy en la habitación de Nico buscando su libro pero soy interrumpida por un correo que me deja con una sensación extraña. De: Desconocido (alejandro.medel@kucing.com) Para: Johanna (johanna.meyer@kucing.com) Asunto: Bienvenida a Kucing Srita. Meyer Lamento no haber estado presente en la reunión de estas dos semanas, ya que como puede imaginar mi agenda es demasiado atareada. Aun así mi asistente me puso al tanto de que nos deleitará con su presencia de ahora en adelante. Espero tener la oportunidad de conocerla pronto, así como lo hice con su hermano, el joven Nicolás. Lic. Alejandro Medel Gerente General Estatus: Entregado Lo leo tres veces seguidas y aún así no puedo borrar la sensación de incomodidad que siento. Tomo el teléfono y le envío un mensaje a Qeren. “¿Recuerdas que te hablé de un tal Alejandro, el director? Acabo de leer un correo que me mandó, no sé por qué no me dan buena vibra sus palabras. Te envío una captura de pantalla.” “¡Osea!... si se lee medio raro…” “Verdad que parece escrito con cierto toque de algo obscuro? No sé, sarcasmo???” “Tal vez es porque nunca lo has escuchado en persona.”  Considero lo que dice Qeren y siento que tal vez estoy exagerando. Nicolás siempre dice que exagero, con Raúl, con tía Alim, con todas las personas que conocía; exageraba de pequeña y ahora de adulta. Cuando toda la vida te dicen que exageras, terminas por creerlo. Recuerdo el libro de mi hermano pero muero de hambre, así que mejor voy a la cocina y al llegar al recibidor veo la luz que sale del despacho de Raúl, suspiro molesta que nunca se pregunte siquiera si estoy en casa. Después de picar fruta subo de dos en dos las escaleras y entro al cuarto de Nicolás. Me quedo en shock cuando veo cajas, maletas y un relajo completo. Empiezo a buscar el famoso libro pero entrada la noche desisto sin encontrarlo.
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