El viernes por la mañana le escribo a Nicolás un correo desde Kucing rogándole que se acuerde de donde vio por última vez su libro, lo envío y Raúl entra a la oficina con noticias. Al parecer el licenciado Medel por fin hizo un espacio para mí en su apretada agenda.
Cinco minutos antes de la cita llego a la oficina del licenciado encontrando a Isabel concentrada en su trabajo, la saludo pero ella se muestra más hostil que de costumbre y solo me ordena entrar por una puerta abierta que está frente a su escritorio.
Isabel cierra la puerta más fuerte de lo necesario cuando estoy dentro. Doy un vistazo alrededor, es una pequeña sala de juntas. Hay una mesa rectangular con ocho sillas ejecutivas a su alrededor, una segunda puerta del lado izquierdo y un ventanal al fondo. Aún no hay nadie a parte de mí, así que me acerco a contemplar la panorámica de la ciudad por unos minutos. Un escalofrío recorre mis brazos y trato de calentarlos al frotarlos de arriba abajo con mis palmas.
—Es una maravillosa vista, ¿no crees?
Una voz masculina socarrona me sobresalta, la burla lasciva que reconozco en su frase me impulsa a voltear para marcar límites pero mis intenciones desaparecen en cuanto hago contacto visual con él. Es el chico que vi el primer día en el estacionamiento.
Sé que parezco estúpida, viéndolo de arriba abajo con la boca abierta pero las palabras están atoradas en mi garganta. De alguna retorcida manera se ve más guapo que aquel día: usa un traje que estoy segura, está hecho a la medida; su rostro está rasurado por completo, en su boca se forma una sonrisa presuntuosa adivinando el efecto que está provocando sobre mí y no tengo duda, lo provoca en todo el mundo.
—Soy Alejandro Medel, puedes llamarme Alejandro.
Camina hacia mí desde la segunda puerta y extiende su mano, la cual estrecho mientras digo mi nombre. Me invita con un gesto a sentarme en la silla que está en la cabecera mientras él hace lo mismo a mi lado, pero cuando se inclina hacia mí juntando sus manos en la mesa me golpea su aroma: café. El olor del café recién molido.
—La famosa hija de Raúl Meyer.
Tan perdida estoy en este hombre atractivo que por poco se me escapa la ironía en su declaración y por primera vez observo más allá de su físico, a su mirada crítica y voz fría.
—Así que —continúa—, decidiste involucrarte con tu empresa.
Molesta, pongo espacio entre los dos al recargarme en el asiento de la silla. ¿Por qué se está metiendo conmigo de esa forma?
—Raúl es el socio mayoritario de Kucing, no yo —contesto frunciendo el ceño y no logro contener mis siguientes palabras—: y con quien venga a involucrarme no creo que sea de su incumbencia Licenciado Medel.
Parpadea confundido y me imita al recargarse en el respaldo de sus silla mientras intenta esconder su aturdimiento.
—Tienes razón, no pretendía ser grosero.
Mi insolencia desaparece pero tengo ganas de preguntarle por lo que pretendía en cualquier caso. Él comienza a hablar acerca de las responsabilidades que tiene y dejo pasar el asunto. Nos concentramos de lleno a lo que de verdad importa: su trabajo como director general.
Todo este tiempo parece otra persona distinta, muy profesional y dedicado al grupo. Su mirada se suaviza y con entusiasmo, habla de los retos que su trabajo representa, de Raúl, agradeciendo la oportunidad que le da para su desarrollo personal. Al cabo de un par de horas da por terminada la clase, por llamarla de cierta forma y junto los documentos y anotaciones que hice. Alejandro me observa en silencio mientras lo hago y entonces, de la nada me pregunta por Nicolás, es la segunda vez que lo menciona y eso provoca a mi curiosidad.
—¿Conoces bien a mi hermano? —quedo un poco molesta con Nicolás porque nunca ha mencionado a Alejandro.
—Tuve el placer de encontrarme con él antes de que se fuera a California —contesta con un deje de cariño—, es un gran chico. De hecho, tengo un correo pendiente por contestarle.
Asiento en silencio, sintiéndome incómoda con esta conversación y un suave toque en la puerta me salva de seguir. Isabel se asoma e ignorándome sin discreción le recuerda a Alejandro acerca de un compromiso que tiene del área de servicio.
—Isa —dice él después de agradecerle—, quiero que cualquier cosa que te pida la señorita Meyer la pongas a su disposición. Si estoy disponible será un placer para mí atenderla pero no siempre podré.
La última parte la dirige a mí y por segunda ocasión en el mismo día Alejandro me toma desprevenida. Antes de retirarse, Isabel compone una mueca y de inmediato me da una sonrisa exagerada. Lo admito, me cala mi orgullo y le contesto con una sonrisa igual. Volteo para despedirme de Alejandro pero atrapo sus ojos azules chispeando en diversión y me sonrojo al saber que captó mi intercambio hostil con su asistente. Extiendo mi mano sin querer quitarle más tiempo y él toma la mía, entonces, un cosquilleo intenso aparece desde donde nos tocamos y se extiende por todo mi cuerpo, ninguno de los dos se suelta. Le observo dar un vistazo rápido hacia nuestras manos con un leve gesto incrédulo, un segundo después él retira la suya y yo salgo a toda prisa. No volteo ni me detengo, no hasta que llego a mi escritorio.
Agradezco que la oficina esté vacía y suelto el aire que retenía mientras busco el celular en mi bolsa y llamo a Qeren.
—¿Qué sucede? —contesta ella al segundo timbrazo.
Le cuento todo lo que acaba de pasar con lujo de detalle, sin omitir nada. Después de divertirnos un rato con todas nuestras teorías sobre el licenciado al que acabo de conocer cuelgo y me quedo reviviendo una y otra vez el encuentro en mi cabeza.
De: Alex (alejandro.medel@kucing.com)
Para: Nicolás (nicolasmeyer@standforduniversity.com)
Asunto: ¿Qué tal California?
Hola Nico
Espero que estés muy bien y me disculpo por tardar un poco en contestar tu correo. Me alegra saber que te estés acomodando bien a tu vida universitaria en el extranjero.
Acabo de conocer a tu hermana. Raúl no exagera con su carácter. Tal vez algún día pueda aceptarme como alguien cercano a tu padre.
Espero verte pronto.
Alejandro Medel CEO Kucing Estatus: Entregado
De: Nicolás (nicolasmeyer@standforduniversity.com)
Para: Alex (alejandro.medel@kucing.com)
Asunto: ¿POCO? Fueron más de 4 meses
Alex
No creo que puedas llevarte mal con Johanna. Lo que te contó papá no es del todo cierto.
Ella es una estupenda chica y sé que si le demuestras un poco de paciencia se terminaran llevando bien.
Le costará un poco aceptarte como alguien cercano pero al fin y al cabo lo hará.
California es excepcional. Regresaré para las fiestas de fin de año donde espero verte!
Nicolás Estatus: Entregado