IV

2742 Palabras
Estoy en el cuarto de mi hermano buscando el libro que me pidió, aunque en realidad solo estoy pasando cosas de un lado a otro sin prestar verdadera atención, solo pienso en el licenciado Alejandro, no puedo sacarlo de mi cabeza aunque no he hablado con él desde aquel día. Qeren tiene razón sobre un comentario que hizo en la semana, es muy joven para el puesto, no debe tener más de treinta años. Kucing es una automotriz multimillonaria y no logro entender como un joven como él pude manejar tal responsabilidad, o por qué lo permite Raúl, o incluso el consejo de administración. Mi celular me sobresalta y le contesto la llamada a mi hermano. —¡Nico, no encuentro el dichoso libro! —No te preocupes —se ríe—, ya sé dónde lo dejé. Cuando puedas ve al despacho de papá, está en el librero detrás de su escritorio. Quiero ese libro porque tiene una dedicatoria muy linda y ansío presumirla. Suspiro de alivio y camino a mi cuarto sin cortar la llamada. —¿Por qué no me habías hablado del Licenciado Medel? Parece que él te conoce bien. —Ya te había dicho que si relajaras un poco tu carácter papá te habría presentado a Alex —exclama satisfecho—. Sé que te llevaras bien con él. —No lo sé —dudo un momento antes de seguir—, no lo he visto mucho desde que lo conocí, solo un par de veces con Raúl. ¿No crees que sea muy joven para el puesto? —que sutil Johanna. —Alex, a pesar de ser joven, maneja la empresa bastante bien —contesta después de un momento en silencio—. Es bastante inteligente, responsable, maduro y asertivo. Egresó de Columbia con algunos cursos adelantados y siempre tuvo menciones honoríficas. No sé qué me sorprende más: El hecho de que Nicolás habla de él con tanto cariño o de su formación profesional. Decido dejar pasar el tema y nos despedimos con un te amo cada quién. Me arreglo para salir con mis amigos en la noche y cuando estoy lista me asomo al garaje, asegurándome que Raúl no haya llegado a casa aún. Abro las puertas corredizas de madera y entro con cautela a su despacho. Me siento en una película tipo misión imposible, intentando que no me atrape dentro porque odiaría explicarle que hacía buscando entre sus cosas, odio explicarle cualquier cosa. El despacho es pequeño, un escritorio divide la habitación por la mitad y detrás de este hay un librero enorme que cubre la pared completa. Me acerco a este pero mi atención queda atrapada en tres fotografías que comparten una esquina del escritorio. En la primera, una versión más joven de mamá y Raúl se abrazan, mi corazón se aprieta cuando reconozco que los dos sonríen enamorados. En otra aparecemos Nicolás y yo. Es una foto que mamá nos tomó mientras estábamos de vacaciones en la playa un año antes de su accidente. Los dos estamos en traje de baño y Nico me sostiene para que una ola no me revuelque. Mamá tenía esa foto en casa. Era la favorita de mi tía y me pregunto si se la habrá regalado a Raúl. La tercera foto es la que más me impresiona. En ella aparecen Raúl y Alejandro sonriendo, el primero rodeando al segundo con un brazo. Parece que fue tomada hace poco ya que ninguno ha cambiado mucho. Gracias a que el ventanal del despacho da al camino de entrada escucho a un coche que se estaciona. Salgo de mi asombro y encuentro el libro de Nico donde juró que lo haría. Lo saco de un jalón, tirando al suelo el cuaderno empastado que estaba a su lado, maldigo y lo levanto para ponerlo de regreso en su lugar pero reconozco el nombre de mamá en la portada. Dudo unos segundos con el corazón a mil por hora y decido llevármelo también. Corro de regreso a mi cuarto y dejo los dos libros en mi cama justo cuando escucho la puerta principal cerrarse. Regreso abajo para esperar a Qeren pero al pasar por el comedor veo a Raúl sentado y la mesa preparada con tres servicios, no disimulo mi sorpresa. —Quería hablar contigo —dice invitándome a sentar junto a él. —Parece que solo cenas conmigo cuando quieres hablar —contesto. Raúl se tensa y yo acepto que mi respuesta fue un poco insolente. —Lo lamento—me acerco junto a él pero no tomo asiento—, ¿sobre qué quieres hablar? —¿Cómo estás llevando el trabajo en Kucing? —pregunta con evidente alivio. —Bien —contesto—, demasiado bien. —¿Pero? —pregunta adivinando que no he terminado. —Ya conocí todos los departamentos, ya me aprendí los manuales y ya repasé los números del grupo. Incluso me estoy aprendiendo las partes de un motor y del funcionamiento entero de un auto y de su ensamblaje. Estoy segura de que casi puedo diseñar un auto completo. Raúl suelta una pequeña risa y yo le hago segunda. Es la primera vez que me río con él y tengo un sentimiento extraño, entre incomodidad y satisfacción. Primero una sonrisa y ahora una risa, suspiro antes de seguir. —Hace un par de días que no hago gran cosa y me estoy aburriendo bastante. Raúl frunce el ceño un poco mientras parece pensar lo que acabo de decir. Para mi sorpresa me propone que trabaje junto a Alejandro. Me imagino estar con él, soportando cada segundo del día la tensión que se genera entre nosotros. Observo que Raúl espera un poco ansioso y entiendo que mi respuesta es importante para él, pero suena el timbre principal y sé que no me queda tiempo. —¿Hablamos mañana? —él asiente comprendiendo. Al llegar a la estancia me encuentro con Qeren que está acompañada de Josué y Moisés. Me acerco a saludarla sintiendo la mirada lasciva de Josué sobre mí. —Te ves preciosa—susurra Qeren halagando mi vestido. El timbre suena una vez más cuando saludo a Moisés. Josué me abraza, tomándose más tiempo de lo necesario para rozar sus manos por mi cintura mientras la señora Martínez abre la puerta principal y Alejandro entra a la casa. Como siempre que estamos cerca atrapa mi mirada de inmediato y yo trato de liberarme de los brazos de Josué, sintiéndome de repente muy incómoda. —Señorita Meyer —me saluda Alejandro con voz fría y altanera, y les da un vistazo rápido a los chicos. Descubro en ese momento que ese tono de voz es lo que más me molesta de él. —Licenciado —lo saludo tratando de imitar el mismo tono—. Ellos son amigos míos. Qeren, Josué y Moisés. Chicos, él es el licenciado Medel, pertenece a la dirección del grupo. —¡Encantada de conocerte! —exclama Qeren con voz seductora que, por poco me provoca una carcajada—, Johanna me ha hablado de ti. Me lamento en mi interior mientras Alejandro la saluda con un beso en la mejilla, su mirada relajándose; Moisés le estrecha la mano con respeto y me percato de que Alejandro vuelve a endurecerse cuando saluda a Josué. Alejandro puede no ser un hombre de muchas palabras pero para expresar su desagrado le basta esa mirada. Raúl llega al momento rompiendo la tensión y saluda a todos. —¿Vas a salir? —me pregunta mi padre. —Una chica de la escuela tiene una fiesta por si cumpleaños, no regreso muy noche —le explico a Raúl, por primera vez a donde me dirijo—. Nos vemos después licenciado —empujo a los chicos a la puerta y ahora me pregunto si la explicación fue para Raúl o para él. Se despide de mí con un asentimiento y con profunda mirada azul desafiándome. ¿A qué? No estoy segura. Me subo al asiento del copiloto en el carro de Josué y él arranca con brusquedad. Sé que está molesto por la actitud de Alejandro hacia él. Trato de no sentirme culpable, ni yo misma sé que sucedió ahí. El auto se sume en un silencio intenso hasta que Qeren lo rompe con un pequeño susurro que provoca una carcajada de Moisés. Ellos hablan de la escuela durante el resto del trayecto tratando de involucrarnos a Josué y a mí, aunque lo único que logran sacarnos son monosílabos. Agradezco al cielo mientras llegamos a casa de Maricela, la chica cumpleañera y bajo rápido del auto. Qeren me alcanza justo cuando cruzamos la sala abarrotada de gente. —¡Vaya momento el de tu casa eh! —¿De qué hablas? —pregunto como si no supiera a lo que se refiere, sin detenerme, observando a mi alrededor la fiesta. —¡Del guapuras! —contesta emocionada, pasando por alto mi intento de evadir el tema—, ¿viste la mirada que le lanzó a Josué? —Sí. No me sorprende, ya te conté como se portó conmigo también, la primera vez. Me sostiene del codo llevándome a unas sillas desocupadas, su mirada incrédula me estudia y me incomoda de inmediato. —¿Qué?—me quejo soltándome con delicadeza. —No viste como te miraba a ti, ¿verdad? —¿A mí? ¿Cómo o qué? —pregunto, esta vez en verdad desorientada. —¡Dios mío Johanna! Te comía completa con la mirada —me confiesa con voz entusiasmada—. Hasta que llegó tu padre no dejó de verte solo a ti. —Estás alucinando —niego con la cabeza y me deshago de la emoción que se forma en mi pecho levantándome el ego. —¿Por qué crees que Josué se enojó tanto? —pregunta buscando alrededor por él y yo hago lo mismo pero no lo encuentro por ningún lado—. Hubiera querido saber quién le rompía la mano primero a quién. Aunque le apuesto todo al guapuras. —Primero —alzo mi dedo índice para enumerar mis argumentos—, Josué y yo no somos nada… —No creo que él se lo tome tan a la ligera —me interrumpe. —Es su problema —sacudo la cabeza y me recuesto en la silla. —Bueno —continúa Qeren—, no puedes negar que Medel se interesa por ti más de lo normal. Dudo por un momento. Recuerdo los encuentros que tuvimos y sé que Alejandro no mostró una actitud relajada. —No lo sé Qeren. Ahorita pudo haber parecido eso pero mañana se puede mostrar de nuevo frío y prepotente. Aparece Moisés ofreciéndonos un vaso a cada una y así olvidamos nuestra plática. Doy un trago e identifico el sabor a vodka por lo que bajo el vaso a la mesa que tenemos a lado donde se queda olvidado por unas cuantas horas. No me siento con ganas de tomar. No soporto el alcohol en general pero el vodka aún menos, prefiero cócteles dulces pero en esta fiesta no hay más que cerveza, vodka, tequila y refresco. Paso un rato agradable con Qeren y Moisés platicando de mil y un temas pero a Josué no lo veo desde que llegamos. Si es verdad que Josué se toma en serio lo que hay entre nosotros tendré que hablar pronto con él para dejarle las cosas claras. Nunca he sido de relaciones serias, no confío suficiente en los chicos para tener una. Intenté ver a un psicólogo para entender el porqué de esta situación y llegué a la conclusión que todo se origina desde la poca confianza que le tengo a Raúl. —Voy por más tragos —Moisés le arrebata el vaso a Qeren—, y un refresco para la princesa, los dos se ríen al burlarse de mí y por tercera vez en la noche se aleja en dirección a la barra. —No debe pasar por ahí —exclama Qeren y volteo para verlo ser jalado por uno de sus amigos hacia el barril de cerveza. Las dos reímos a carcajadas. Moisés es un experto en dar espectáculos de beber, en cuanto le ponen la manguera en la mano sabemos que lo perdemos durante el resto de la noche. Suspiro y me ofrezco a ir por más bebidas. En el camino veo a Josué devorando sin pudor a una chica que no reconozco. Aliviada de haberme librado de él llego a la barra antes de que pueda verme. Un chico bien parecido me saluda con una sonrisa y se dedica a preparar mi orden mientras trato de deshacerme de los escalofríos que aparecen de la nada. Con las bebidas en mano regreso con Qeren pero siento como me detienen del codo haciendo que derrame mi refresco. —¿Se puede saber que pasa entre aquel tipo y tú? —Josué me interroga antes de que tenga la oportunidad de hablar. Un calor se forma en mi estómago pero respiro hondo antes de que pueda enojarme con él por ser tan cínico. Lo ignoro y sigo mi camino dándole un trago al vaso de Qeren y el calor del alcohol me relaja el estómago contraído. —¡Johanna! —grita Josué por encima de la música. —No hay nada que explicar, no me molestes con escenas de celos —contesto dejándolo plantado. Al llegar junto a Qeren no me sorprendo cuando está sentada en el regazo de un chico que apenas he visto en la escuela. Estoy segura de que ni ella misma conoce su nombre pero al parecer está bastante cómoda, así que termino de un trago el vodka y me acerco con Moisés, quien me ofrece un vaso de cerveza para entrar en el juego con ellos pero me niego. No me estoy divirtiendo como quisiera, miro alrededor y no encuentro nada interesante. Una ovación me sorprende cuando incitan a Moisés a tomar de su cerveza. Bien, él y Qeren estarán fuera de combate dentro de unas horas y prefiero no amargarles la velada con mi mal humor. Sé que si me ven así ellos se solidarizarán conmigo y dejarán de lado su diversión. Les mando un mensaje de texto a los dos diciéndoles que me regreso aunque sé que no lo leerán hasta que alguno capte mi ausencia. Abro mi aplicación para pedir un taxi y llego a la puerta principal sin encontrarme con Josué. Espero unos minutos y me subo al auto que se estaciona frente a mí. En seguida me siento algo mareada, durante todo el camino temo vomitar en las vestiduras de piel del auto. Cuando por fin el chofer se estaciona frente a la puerta de mi casa bajo agradecida por el aire refrescante que me da en el rostro, mi alivio solo dura unos segundos porque Raúl sale con Alejandro en ese momento. Maldigo mi buena suerte y camino a la puerta con toda la dignidad que me queda tratando de mantenerme recta, aunque fracaso en mi intento de mostrarme sobria. —¡Johanna! —exclama Raúl incrédulo al verme. Trato de enfocar mi mirada en su rostro pero cada vez me siento peor, sé que está enfadado y yo estoy haciendo el ridículo. Trato de respirar hondo y espero que me dejen de atacar las náuseas y que el suelo debajo de mí se estabilice. Levanto mi dedo índice pidiéndole un momento y enfoco a Alejandro que intenta bloquear una sonrisa, sin mucho éxito, por cierto. —Essstoy bien, solo un poco mareada —logro decir y Alejandro me toma del codo para evitar que me caiga cuando mis rodillas se doblan por un momento—. Buenas noches, Alex, Raúl. El calor que deja el contacto de Alex en mi piel me enajena de la situación por lo que al siguiente segundo me zafo y entro a la casa cada vez con menos fuerzas. Me apresuro a subir a mi cuarto, me meto a la cama y de pronto se me aclara la mente por un momento. No tomé ni siquiera un vaso completo de vodka y concluyo que alguien debió de alterar la bebida que tomé. Mientras la obscuridad cae sobre mí como un manto me doy cuenta de que dejé en el olvido toda la formalidad y me despedí de él por su nombre. Lo que es peor, con una abreviatura de su nombre.
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