Capítulo 8: Terminemos con esto
Unas semanas después volví a mi vida normal, sin más noticias de ellos, lo que me relajaba e inquietaba al mismo tiempo, así que decidí olvidarle, aunque siempre llevaba la presión en el pecho de anticipación.
Al salir de la escuela camine a casa con paso apresurado, ya que estaba nublado y si empezaba a llover se mojarían todos los libros, aun así, una pequeña parte de mi deseaba que lloviese mucho.
Llegué a casa exhausta, aventé la mochila al suelo y posteriormente me tumbe en el sofá más cercano sin darme cuenta de la mirada fija que mi madre me daba desde la cocina, al reparar en ella me incorpore lentamente y fruncí los labios.
-Ve y báñate, saldremos en veinte minutos. - ordeno.
- ¿Por qué...? - pregunté.
-Solo hazlo. - al ver su expresión me hizo obedecer.
Me puse de pie y subí las escaleras corriendo dirigiéndome al cuarto de baño con prisa, obtuve de camino mis toallas, pensé con diversión que de habérseme olvidado me hubiese quedado desnuda como perro mojado y tendría que pedir a alguien que me las entregue, afortunadamente eso no me pasa muy a menudo.
Al terminar me observé al espejo, llevaba un pantalón n***o, una blusa igualmente de tirantes negra y botas café claro, recogí una gabardina gris oscuro ya que hacía mucho frío. Nos encontrábamos en noviembre.
-Vamos. - salimos de la casa rápidamente, cada vez me encontraba más confundida y con muchas preguntas, me subí al carro y esperé a que mi madre lo encendiera y avancemos.
Al cabo de un rato en silencio con mi madre conduciendo pude apreciar como salíamos de la ciudad, uniendo puntos descubrí a donde nos dirigíamos (la mansión de los padres de Falcón), me removí incomoda en mi asiento, preguntándome la razón por la que nos encontrábamos allá.
Lo primero que me sorprendido y pareció inusual fue el gran jardín decorado como si se fuera a celebrar una gran fiesta, decidí ignorar la voz que me decía que eran preparativos de boda y me hice la tonta.
- ¿Qué hacemos aquí?
-Te vas a casar. - asentí como si fuese una noticia que me dan todos los días, abruptamente me pare al comprender las palabras que momentos antes no había registrado, observé por la ventana del vehículo a meseros y personal ir de un lado al otro con copas y vajilla que supuse era cara, salí del automóvil nerviosa, al cerrar la puerta me sobresalte al sentir una mano cálida y delicada en mi hombro.
-Niña, no puedo creerlo, tres horas para la boda y tú no estás lista. - mis ojos se abrieron como platos. -vamos, hay mucho trabajo que hacer. - me jalo al interior de la intimidarte mansión, me arrastro por diferentes pasillos y escaleras, finalmente me empujo dentro de una habitación.
Era poco decir que el cuarto era un completo caos: estilistas, maquillistas, personas entrando en pánico. En cuanto percibieron mi presencia, me vi enredada en una avalancha de personas, en un tiempo récord me encontraba totalmente lista observando mi reflejo en el espejo.
Llevaba un vestido blanco espectacular, parecía una princesa sacada de un cuento de hadas, poseía un corsé que hacía ver atributos que sabía que tenía, pero nunca los había visto de una manera tan elegante y voluminosos.
El vestido tenía una cola larguísima y el velo en mi cabello no tenía ni siquiera descripción, el velo de encaje blanco cubría mi rostro, en pocas palabras, era el vestido de mis sueños, sin embargo, no me encontraba bajo las mejores circunstancias, pensé con amargura, el vestido de mis sueños, el chico de mis sueños... pero, ¿de qué me servía? Él no me amaba y yo tampoco a él si era sincera. Había atracción, me gustaba demasiado y me provocaba emociones y sentimientos muy variados que me mantenían intrigada y con cierta cautela.
Me sobresaltó un ligero golpe en la puerta.
-Adelante. - me sorprendí al escuchar mi voz ahogada, como si fuese a llorar.
Entró la madre de Falcón, se veía hermosa con un vestido color vino, largo de corte imperial.
-Te vez hermosa. - ella me dijo con un largo suspiro.
-Yo... gracias. - conteste con timidez.
- ¿Lista?
NO.
-Sí. - sonreí.
-Lo normal sería que tu padre te escolte al altar, sin embargo... al considerar la situación tu madre sería la más indicada.
Asentí en agradecimiento.
Bajamos juntas hasta la puerta principal donde se encontraba mi madre esperando con un elegante vestido color perla, la madre de Falcón se despidió y salió silenciosamente.
- ¿Estas lista? - otra vez esa pregunta, suspiré.
-No, tengo miedo. - contesté con franqueza.
-Es normal, tienes que afrontar todo con valentía, yo también tengo miedo de que te provoquen daño, eres mi niña preciada después de todo. Este es el último momento en que te puedes arrepentir. Yo no espero que asumas esta responsabilidad y si tu deseo es salir por esa puerta, lo respetaré. No te quise presionar con la fecha de tu boda para que continuaras tus estudios en una relativa tranquilidad. - Le sonreí para tranquilizarla y miré a mi espalda donde se encontraba la salida.
La libertad, estaba tan cerca y al mismo tiempo tan lejos. Por un momento me permití fantasear con la posibilidad de escapar y dejarlo todo tirado. Suspiré y volví a fijar mi vista al frente. A partir de ahora solo aceptaré las cosas a como vengan.
-Terminemos con esto. - murmuré y me aferré al brazo de mi madre como si mi vida dependiera de ello. Al lado de ella me dirigí a un futuro incierto, que me podría volver tanto feliz como infeliz.