Al día siguiente, me despertaron los gritos abrumadores de Missi. —¡Peter! ¡Baja la voz, por favor! —exclamó Peter, tratando de calmarla. —¿Cómo puedes hacerme esto? Veo a esa mujer abrazándote y no puedo decir nada. Ella se está aprovechando de ti —gritó Missi, fuera de sí. —La única que se está aprovechando aquí eres tú, Missi. Te aprovechas de la falta de memoria de Peter para engañarlo y mentirle en su propia cara. Él cree que te ama y piensa que todo lo que dices es verdad, pero todos sabemos que no es así —le respondí, indignada. —No te quiero ver cerca de Peter, porque no sabes de lo que soy capaz —amenazó Missi. Me levanté de la cama y me puse frente a ella. Le di una cachetada, y ella me la devolvió. —Por favor, ya son adultas. No deben estar peleándose —dijo Peter, desesper

