Al día siguiente Peter llegó temprano a casa ya que fue dado de alta. Cuando lo vi entrar por la puerta, no pude contenerme y me lancé a abrazarlo, pero él no correspondió. —Laura, qué haces aquí? Pensé que fui lo suficientemente claro cuando dije que no quería verte —dijo Peter, fríamente. —Lo siento, Peter, pero me tendrás que ver todos los días de tu vida. No voy a irme; voy a luchar para que recuperes la memoria y te des cuenta de que solo estás viviendo en el pasado —respondí con determinación. —¡Por favor! Ahora te haces la buena delante de él, pero ya no lo engañas más —interrumpió Missi con desdén. —Tú eres la que no debería estar aquí —replicó Elizabeth, enojada. —Todas deberían hacer silencio, me duele la cabeza —dijo Peter, subiendo por el ascensor. Intenté seguirlo, pero

