Sus ojos se abrieron en una calle, Adele corría con todas sus fuerzas y detrás de ella un hombre que quería lastimarla. Adele no tenía idea de quién podía ser pero su vida estaba primero, era salvarse o morir. Debía correr más, sin embargo, sus fuerzas disminuyeron, debilitándola. De pronto, entró en un callejón sin salida y se escondió detrás del primer basurero que encontró. A su lado había algunas piedras, las tomó y guardó en su bolsillo. Adele no fallaba en puntería, cuando sintió los pasos del sujeto que se acercaba peligrosamente a su refugio, le lanzó la primera piedra, dándole justo en la cabeza. El sujeto maldijo y buscó de nuevo a Adele. Cuando Adele estuvo lista para lanzar la segunda piedra, alguien, no sabía quién, golpeó al sujeto en las piernas, haciendo que este gritara

