La noche estaba más profunda cada vez. Ryan no lograba dormir, le preocupaba que Adele no llegara hasta que escuchó la puerta principal abrirse, él fingió que dormía para hacerle una broma. Ella lo vio acostado en el sofá y con una sonrisa se acercó hasta él. Eran las diez de la noche. —Quien te viera tan tranquilo, creerá que no rompes un plato —susurró Adele acariciando la mejilla de Ryan. Fue así como este agarró la muñeca de Adele y la haló. Adele soltó un grito—. Estúpido, me asustaste. Ryan rió y le hizo cosquillas. —¿Qué son estas horas de llegar, señorita? —Lo siento, amor, pero estaba en casa de Jessica, planeando mi regreso triunfal a la pasarela. —Ya va, ¿qué? —¿Lo olvidaste? —inquirió en un intento de que él fuera honesto, pues Ryan era capaz de mentir para no hacer

