Melanie le dio una sonrisa falsa y preguntó de nuevo por Brandon. Adele, en su interior, deseaba cachetearla para ponerla en su lugar. Para todos, Melanie era intocable pero Adele más que nadie sabía que esa era una careta. —¿Vas a seguir, Melanie? Ya te dije que no está, se fue. —No te creo, ¿cómo la ves? —No es mi problema, Melanie, si desconfías de tu pareja es asunto tuyo con él, a mí me sacas de ese saco. —Ay sí, Adele la santa paloma, la que no rompe un plato. —¿Y tú qué, Melanie? —habló Ryan enojado por la forma en que Melanie se expresaba de su esposa—. Adele no será una santa paloma, es verdad, pero tú no eres santo de mi devoción y si Adele no te lo dice, yo si lo haré: das asco. Melanie le propinó una bofetada a Ryan, pero este sintió una paz por decir lo que pensaba de

