bc

OJOS DE HIELO

book_age18+
0
SEGUIR
1K
LEER
familia
los opuestos se atraen
chico malo
mafioso
heredero/heredera
obrero
drama
sweet
campus
ciudad
mundo de alta tecnología
addiction
like
intro-logo
Descripción

Él es hielo.

Yo soy la chispa que lo va a quemar.

Ryder Blake no habla. No sonríe. No pierde.

Hasta que llegué yo.

Ahora me mira como si fuera un problema.

Y un problema se elimina.

El problema es que no puede dejar de mirarme.

#enemiestolovers #hockeyboy #iceprince

chap-preview
Vista previa gratis
capitulo 1
Ashley Carter La nieve siempre me había parecido bonita. De pequeña me gustaba verla caer detrás de la ventana de la cocina mientras mi madre preparaba chocolate caliente y cantaba canciones viejas que apenas recordaba la letra. En aquel entonces, el invierno significaba mantas, películas malas y dedos entumecidos después de hacer muñecos de nieve. Después mi madre murió. Y la nieve dejó de parecerme bonita. Porque el invierno tiene algo cruel: lo cubre todo de blanco aunque debajo siga habiendo mierda. La noche que me fui de Minnesota estaba nevando. Claro que sí. Parecía hasta poético. Mi padre estaba tirado en el sofá, completamente borracho, una botella vacía colgando de sus dedos como si fuera una extensión más de su cuerpo. La televisión seguía encendida, iluminando el salón con flashes azules. Ni siquiera levantó la cabeza cuando entré por última vez. Ni siquiera notó que llevaba una mochila. Que había metido ropa suficiente para no volver. Que me estaba yendo. La casa olía a cerveza, humo viejo y decepción. Mi hogar. Qué palabra tan ridícula. Me quedé observándolo unos segundos. No porque fuera a extrañarlo. Solo quería sentir algo. Rabia. Tristeza. Miedo. Lo que fuera. Pero no sentí nada. Absolutamente nada. Y eso me asustó más de lo que debería. Saqué el móvil y miré otra vez el mensaje. Claire: Ven. No importa la hora. Solo ven. Mi tía. La hermana pequeña de mi madre. La mujer con la que casi no hablaba, pero que, aun así, había sido la única persona capaz de preguntarme una vez: "Ashley… ¿estás bien?" Y de verdad querer escuchar la respuesta. No le conté todo. Nunca lo hice. Pero creo que lo sospechaba. Las personas rotas siempre reconocen ciertas grietas en otros. Tomé mi mochila. Abrí la puerta. Y me fui. Sin despedidas. Sin lágrimas. Sin mirar atrás. Porque algunas casas dejan de ser hogares mucho antes de que uno se atreva a irse. Doce horas después estaba temblando en una estación de autobuses que olía a café quemado y gasolina. Lakewood. El sitio donde viviría ahora. Si es que podía llamarlo vivir. Miré mis botas mojadas y luego el mensaje que acababa de llegar. Claire: Estoy fuera ❤️ El corazón me dio un vuelco extraño. No estaba acostumbrada a que alguien me esperara. Ni a corazones en mensajes. Ni a personas preocupándose. Salí. El frío me golpeó de inmediato. —Mierda… —murmuré. Parecía que el invierno de aquí era todavía peor. Entonces la vi. Cabello oscuro. Abrigo elegante. Una sonrisa cansada. Mi tía Claire. Me observó unos segundos antes de acercarse rápido. Y abrazarme. Sin preguntar. Sin permiso. Como si fuera algo natural. Como si yo no fuera un desastre con piernas. Me tensé al principio. No recordaba la última vez que alguien me abrazó. De verdad. No un abrazo incómodo. No por compromiso. Uno real. De esos que dicen ya pasó sin necesidad de palabras. —Dios mío, Ashley —susurró—. Estás congelada. Quise responder algo normal. Algo gracioso. Pero la garganta me ardía demasiado. Así que solo asentí. —Vamos —dijo tomando mi maleta—. Ya estás conmigo. Ya estás conmigo. No sabía por qué esas palabras dolían tanto. Tal vez porque llevaba años sin sentir que pertenecía a ningún sitio. El coche era absurdamente bonito. Todo en la vida de Claire parecía demasiado bonito. El asiento caliente casi hizo que me durmiera. —¿Tienes hambre? —preguntó. —No mucho. Mentira. Me estaba muriendo de hambre. Pero la costumbre de no pedir cosas era difícil de romper. Ella me observó de reojo. Como si supiera que mentía. —Tengo sopa hecha. No sé por qué eso casi me hace llorar. Ridículo. Llorar por sopa. Qué patética. —Ashley —empezó después de unos minutos—. Hay algo que quiero decirte antes de llegar. Mala señal. Las frases que empezaban así nunca terminaban bien. —Vale… Dudó un segundo. —No estaremos solas. Fruncí el ceño. —¿Qué significa eso? —Me casé hace unos meses. Parpadeé. —¿Qué? —Se llama Daniel Blake. Es… maravilloso. Genial. Un desconocido. —Y tiene dos hijos. Ah. No. No, no, no. —Claire… —Sé que esto es mucho. —¿Dos hijos? ¿De qué edad? —Diecinueve y veinte. Casi me atraganto. —¿Chicos? —Sí. Perfecto. Maravilloso. Exactamente lo que necesitaba. Dos chicos desconocidos viviendo conmigo. Porque mi vida claramente no era suficientemente incómoda. —No soy buena socializando —murmuré. Ella sonrió un poco. —No tienes que impresionar a nadie. Eso lo dices tú. Porque yo sí sabía cómo funcionaban las personas. Te miraban. Te juzgaban. Y decidían en segundos si valías la pena. Spoiler: normalmente no. La casa me dejó sin palabras. No. Casa no. Mansión. Parecía sacada de una película de ricos con problemas emocionales. Ventanas enormes. Ladrillo oscuro. Luces cálidas. Dos coches demasiado caros en la entrada. Miré mis botas viejas. Mi abrigo barato. Mi mochila medio rota. Sentí ese nudo familiar en el pecho. No pertenezco aquí. Claire debió notarlo. —Respira. —Tu definición de “todo irá bien” me preocupa. Rió bajito. —Ven. El calor me golpeó al entrar. La casa olía a vainilla y madera. Silencio elegante. Todo demasiado limpio. Demasiado perfecto. —¿Hola? —gritó Claire. Escuché una voz masculina desde otra habitación. —¡En la cocina! Y entonces apareció. Apoyado contra una encimera. Alto. Rubio. Con una sudadera gris remangada hasta los codos. Había tatuajes en su antebrazo. Y una sonrisa arrogante que me cayó mal instantáneamente. La clase de chico que sabía exactamente lo atractivo que era. Y claramente disfrutaba de ello. Sus ojos bajaron lentamente por mi ropa. Mis botas. Mi mochila. Volvieron a mi cara. Sin disimulo. —Así que tú eres Ashley. No me gustó el tono. Demasiado seguro. Como si ya hubiera decidido algo sobre mí. —Y tú debes ser uno de los hijos. Una sonrisa torcida. —Jaxon Blake. Claro. Nombre de chico problema. —Ashley Carter. —Bonito carácter. —Bonita arrogancia. Claire murmuró mi nombre en advertencia. Pero él soltó una pequeña risa. Como si le divirtiera. —Interesante. Lo odié un poquito. Solo un poquito. Hasta que escuché pasos detrás. Pesados. Lentos. Y el ambiente cambió. No sé explicarlo. Simplemente cambió. Giré. Y ahí estaba él. Más alto. Muchísimo más alto. Cabello rubio oscuro, algo despeinado. Sudadera negra. Pantalón deportivo. Hombros anchos. Demasiado anchos. Pero fue su cara lo que me hizo quedarme quieta. Mandíbula marcada. Nariz recta. Una pequeña cicatriz cruzando la ceja. Y esos ojos. Dios. Azules. No bonitos. No. Peor. Azul hielo. Fríos. Intensos. El tipo de ojos que parecían capaces de mirar demasiado dentro de alguien. Me observó. Una vez. Sin sonreír. Después miró mi maleta. Volvió a mí. Y frunció apenas el ceño. —¿Quién es? Seco. Directo. Ni siquiera un hola. Jaxon sonrió. —La nueva. La nueva. Qué horror. El chico volvió a mirarme. Demasiado tiempo. Como si intentara descifrar algo. O encontrar un problema. —Parece problemática. Se me tensó la mandíbula. Perdón. ¿Qué? —Y tú pareces bastante imbécil. Silencio. Claire cerró los ojos. —Ashley… Pero él no reaccionó. Ni un poco. Solo cruzó los brazos. —Ryder —dijo—. Y no me gustan los problemas. Algo en su voz me irritó al instante. Ese tono. Ese juicio. Como si supiera algo de mí. Como si pudiera mirarme dos segundos y decidir quién era. No tenía ni idea. No sabía nada. —Perfecto —respondí—. Porque a mí no me gustan los chicos con complejo de superioridad. Jaxon soltó una carcajada. —Dios, esto va a ser divertido. Ryder ni siquiera sonrió. Solo sostuvo mi mirada. Frío. Impasible. Molesto. Y aun así… No pude apartar los ojos. Porque había algo raro en él. Algo que no encajaba. Como si estuviera enfadado con el mundo. Como si cargara algo demasiado pesado. Como si estuviera acostumbrado a proteger cosas. O personas. Finalmente habló. —No hagas llorar a mi madre. Mi madre. No Claire. Mi madre. Había algo feroz en la forma en que lo dijo. Protector. Casi amenazante. Después subió las escaleras sin esperar respuesta. Lo observé irse. Y me di cuenta de algo molesto. Era absurdamente guapo. Lo cual era una tragedia. Porque acababa de decidir que lo odiaba. —No le hagas caso —dijo Jaxon acercándose demasiado—. Mi hermano cree que puede arreglar el mundo. Le lancé una mirada. —Pues empieza fatal. Jaxon sonrió. Lento. Peligroso. —Créeme, princesa… Bajó la voz. —Todavía no has visto lo peor de nosotros. Y no sé por qué. Pero un escalofrío me recorrió la espalda. Como si acabara de entrar en un lugar del que no iba a salir igual. O como si esa familia… Fuera a destruirme

editor-pick
Dreame - Selecciones del Editor

bc

Unscentable

read
1.8M
bc

He's an Alpha: She doesn't Care

read
666.2K
bc

Claimed by the Biker Giant

read
1.3M
bc

Holiday Hockey Tale: The Icebreaker's Impasse

read
905.2K
bc

A Warrior's Second Chance

read
320.1K
bc

Not just, the Beta

read
325.1K
bc

The Broken Wolf

read
1.1M

Escanee para descargar la aplicación

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook