4.¿Juego que?

1379 Palabras
No dijo nada. Ansta ignoró completamente mi presencia. Y en serio pensé que iba a delatarme por la forma en la que me miró. He pensado que por algo decidió callar. No pude escuchar mucho más porque al ver que no había sido delatada decidí irme. Esperé en el salón por algunos minutos más hasta que mi nueva familia por fin apareció. Es el momento de cortar el pastel y el momento de decir algunas palabras. Marine me llama con sus manos y me encamino a dónde están. Detrás del pastel hay dos plantos un cuchillo de plata y el micrófono sobre la mesa. —Bien, escuchen, ambos van a cortar 2 pedazos de pastel, los dos a la vez, ¿entienden? Esto será bueno para que las cámaras lo capten, luego di unas palabras Andrés, no creo que sea conveniente que Verónica se dirija al público en este momento. Andrés me echa una mirada disimulada, como si me quisiera decir algo, o como si me estuviera preguntando si entendí. —Bienvenidos a todos los presentes por segunda vez en la noche. Estamos muy felices de tenerlos acá y que nos acompañen en este momento de felicidad. Ahora tendremos una de las partes más importantes de la noche, los esposos van a partir el pastel y a decir unas palabras. —Habla Marine a todos los presentes. —Sigueme —ordena Andrés. Su tono autoritario me está empezando a hartar. Intento controlar mi expresión de disgusto. Me pasa el cuchillo entre las manos, lo agarro con agilidad y él coloca su mano derecha sobre la mía, me guía hasta el pastel, dos pedazos, cada uno en un plato diferente, eso cortamos y al final todos aplauden. El cuchillo queda sobre su rebanada la cual fue la última y toma el micrófono para hablar. —Estoy muy contento de tenerlos acá, de ver tantas caras conocidas que comparten este momento de felicidad junto a mí. Me hace sentir tan acompañado en este viaje que he empezado junto a la mujer que amo. Y sí… la mujer que amo, la que me cautivó desde el primer momento en que la vi, con esos grandes ojos marrones y deslumbrantes que brillan como estrellas. No sé ni que decir, no lo puedo creer. Está mintiendo, lo sé, pero miente tan bien que incluso yo podría creer que lo que dice es real. Tiene un aura al hablarle al público, un carisma, una seguridad en sus palabras. Emboba, hipnotiza. —Muchos debieron creer que no había futuro para mí al lado de una mujer, pero ya ven, esta mujer me cautivó. —Me mira directamente a los ojos y sonríe con delicadeza—. No solo por su belleza, (que por cierto hoy se ve más hermosa que nunca en este lindo vestido), pero también es una mujer inteligente y muy capaz. Estoy seguro que será la mejor ayuda idónea que podría tener. Gracias a todos. Los aplausos no se hicieron esperar, todos felices por el gran discurso que dió pero no todos se sintieron conformes. —Ahora que hable la novia. —Me paralizo en mi lugar. Marine me susurra para que me niegue. —Vamos, queremos escuchar que cautivó a la novia para casarse con semejante ogro. Sonrío por la audacia del invitado que se atrevió a decir eso, el ojo le tiembla a Andrés pero mantiene la misma cara de calma. Niego con la cabeza pero eso no deja tranquilo al invitado. —¡Oh, vamos! ¿Qué sería esta boda si la novia no habla? —Miro a Andrés para ver qué podría hacer, él no me da ninguna expresión que indique nada pero la intensidad con la que me observa me deja en claro que desea que no diga nada. Le arrebato el micrófono de las manos. —Bueno… —Sonrío—. ¡¿No lo han visto?¡ ¡¿A mi esposo?! Esa labia que tiene, cualquier mujer caería rendida ante él. Con sus labios, con esas palabras astutas, con eso me cautivó, ya saben. Y esa sonrisa coqueta que tiene —Levanto una ceja. Todos ríen. —¿O sea que su boca es su mejor atributo? —pregunta un invitado y asiento—. Eso nos deja pensando a todos con cuál habilidad te conquistó. Lo dice de una forma sugerente y sé que ese comentario va en doble sentido, me río para darle la razón. —Esa boca es buena en todo. No lo dudes. El hombre abre la boca y los ojos con sorpresa y extrema diversión. Le entrego el micrófono a Andrés y él me sonríe divertido. *** —Aaah, no puedo creer que mi nuera sea tan inteligente. —Me rodea con sus brazos. —Mmm, respuestas rápidas e ingeniosas. Sabes como ganarte a la otra persona. Espero que seas así en los negocios. —¿Así de falsa? —Andrés arquea las cejas. —Sí… sabes lo que digo. Miente bien, seduce, convence, sé astuta, rápida e ingeniosa. —Bueno, ya es hora de que emprendan su viaje. Así que prepárense para irse. —Marine abandona la habitación dejándonos solos. —Creo que lo que más te gustó fue que quedaste bien parado en todo esto. —¿Qué estás insinuando? Sabes que cualquier cosa que hayas dicho ahí es verdad. Que no lo hayas comprobado no significa que no lo sea. —Tienes el ego en el cielo. Cuando un hombre es tan egocéntrico usualmente es el peor en lo que dice ser el mejor. —¿Qué dices, tonta? A mí no me compares con cualquier niñito, porque no soy cualquiera. Y limitante a hablarme solo lo necesario, necesito descansar de toda esta falsa al menos en estos días libres. Todo el viaje en el jet fue silencioso, nunca me dirigió la palabra y yo tampoco se la dirigí a él. Al llegar al hotel nos quedamos en la misma habitación por razones obvias, pero no compartimos cama. El lugar era lo suficientemente grande para tener una cocina y una sala. La primera noche nunca llegó a la cama, durmió en el sofá y así quedó todo. El estuvo en sus cosas las primeras 12 horas al llegar, en la computadora, en llamadas, todo parecía trabajo. No me dirigió la palabra ni siquiera para desayunar. Yo decidí no molestarlo tampoco, quería que esto fuera lo menos molesto e incómodo posible. Vi televisión, pedí algo de desayuno, me di un baño, dormí lo suficientemente y ese tipo de cosas, planeaba ir a la piscina en la tarde. Todo parecía bien dentro de lo normal, hasta que Andrés fue al baño y su teléfono no dejaba de sonar. Me asomo a ver la pantalla y el nombre de “Mamá” aparece en grande. Supongo que se trata de Marine. —¿Qué haces? —dice saliendo del baño y con cara de molestia. —No ha dejado de sonar. —Pero es mi celular, eso no es de tu incumbencia, ponte a hacer algo más productivo. Me alejo y lo dejo contestar la llamada. Vuelvo al sofá a ver la serie que estaba mirando antes de “entrometerme” en sus cosas. —¡¿Qué?! —Lo escucho gritar y giro la cabeza automáticamente. Parece preocupado—. Mamá, ¡Pero mamá!... Okay, lo haré. Aleja el celular de su oreja y presiona la pantalla, la voz de Marine se escucha. —Verónica, preciosa, ¿me escuchas? —Andrés me mira con cara de pocos amigos. —Sí, la escucho —Me acerco. —Okay, te enviaré un artículo para que vean lo que causan por estar con sus estúpidos juegos infantiles. ¿Qué? —No entiendo en qué pensaban con esa jugada. Ustedes sabían que había cámaras por todos lados y personas observando. Y no, no te culparé a ti, tu eres nueva en esto, toda la culpa es de Andrés, quien debió controlar la situación. Me atrevo hasta creer que él empezó eso, dudo que tengas cabeza para hacer algo así. Llega una notificación a mi celular, es un enlace el cual lleva a un artículo, lo abro. “Juego s****l durante la boda de Andrés Belte y Verónica Hernández” —¡¿Qué?!
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