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Alison y Julián (¿un amor prohibido?)

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Descripción

Soy Alison Medina, tengo 24 años, vivo con mis padres, Mario y Gaby, tengo dos hermanos mas. desde que conoci a Julian Méndez, me enamoré de él, como él de mi, el problema aqui, es que nadie me quiere cerca del hombre que amo, la unica persona que nos apoya es su hermana Esmeralda, pero Julián y yo lucharemos por estar juntos le guste a quien le guste.

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Capítulo 1 el pasado parte I
Narra Gaby Torres 24 años atrás… Me llamo Gabriela Torres Landa, tengo 20 años, mido 1.65, soy delgada, mi cabello es castaño y mis ojos color avellana. Vengo de una familia humilde, pero trabajadores, mi padre es obrero en una fábrica y mi madre trabaja en una maquiladora. Yo apenas comencé a trabajar para una familia adinerada, los señores Ricardo y Rosalía, son muy buenos conmigo, me tratan muy bien y además la paga es buena, con eso puedo ayudar con los gastos de la casa, yo soy empleada doméstica de planta, sólo tengo libre los fines de semana y días festivo y si, mis vacaciones correspondientes. Los Méndez tienen un hijo de 25 años, él se había ido a estudiar fuera del país, por lo que había escuchado de mis compañeras de trabajo. Un día el joven Roberto Méndez, regresó a casa de sus padres, todos estábamos en la sala de estar, para recibirlo, lo veo entrar y quedé asombrada, es un hombre muy apuesto, él saluda a sus padres con felicidad y de repente sin más, me mira fijamente y sonríe. ¡Dios! Es muy atractivo, pero mi burbuja de emoción se rompe cuando entra una mujer muy bien arreglada y muy guapa, tiene de la mano a un pequeño como de 3 años. No lo podía creer, estaba casado y con un hijo, pero claro, como un hombre como el joven Roberto, se iba a fijar en alguien como yo. –      Vayan preparando la comida. – la señora Rosalía se dirige a nosotras, asentimos y nos fuimos a la cocina. –      Es todo un dios griego. – dice Amelia, mi mejor amiga. –      Lástima que este casado con esa mujer. – esta vez habla Jimena. Ella es más envidiosa, casi no nos llevamos muy bien. –      ¿Cuánto llevan de casados? – esta vez hablé yo y Jimena me mira mal. –      Como tres años, es más o menos la edad que tiene su hijo. – vuelve a hablar Amelia no muy segura de su respuesta. Salimos a servir la mesa, tratamos de no demorarnos tanto, seguramente el Joven Roberto debe tener mucha hambre. Le avisé a la familia que la comida ya estaba servida, agradecieron y se fueron a sentar, nosotras teníamos que estar de pie a un lado de la mesa, para lo que necesitaran. El joven no dejaba de mirarme, al menos sabia ser discreto, lo que menos deseo, son problemas con su esposa o los padres de él. Ya era de noche y eso significaba que ya era la hora de descansar, no podía sacar de mi mente a ese hombre, es realmente guapo, yo nunca había podido tener un novio, me dedicaba a mis estudios, pero debido a nuestra crisis económica, tuve que dejarlos, y apoyar a mis padres, con el trabajo que tengo, no me daría tiempo de retomar mis estudios. Pero tengo algo cercano a un novio, Mario Medina, es mi mejor amigo, sé que el siente algo más por mí, pero no lo quiero ilusionar, debería darse la oportunidad con alguien más, él lo sabe, pero dice que nunca se alejaría de mí. Es muy lindo y caballeroso, pero sólo puedo ofrecerle mi amistad. Estaba por dormir, cuando siento que alguien abre la puerta de mi dormitorio, enciendo la luz, se trataba del joven Roberto. –      Joven, ¿Qué hace aquí? - digo confundida. –      Vine a conocerte. – dice con seducción. ¡Dios, no! Es un hombre casado. –      ¿Dis… disculpe? – estoy atónita no puedo reaccionar bien. –      Eres una mujer muy bella. – debe estar borracho para andar diciendo mentiras. –      Joven, usted no debería estar aquí. – me levanto de mi cama y camino hasta quedar frente a él. –      No puedo dejar de pensar en ti, desde que te vi. – se acerca a mí y yo doy un paso atrás. –      ¿Cómo te llamas? – este hombre me va a volver loca y no sé si pueda contenerme a sus encantos. –      Ga… Gaby… - digo tartamudeando por su cercanía. –      Mucho gusto, Gaby. – me da un beso en la mejilla y siento como me pongo roja. –      Descansa… - dice en un susurro en mi oído. Abro los ojos y veo como sale de la habitación. No, no, no y no, no puedo estar pensando en él, es prohibido, tiene esposa y un hijo. Pero… es tan guapo. A la mañana siguiente, me levante desde las 5 am. Debo bañarme y prepararme para comenzar a trabajar, ayudar a mis compañeras con el quehacer y el desayuno para la familia Méndez, casi no podía dormir de tan solo pensar que el joven Roberto me fue a visitar, eso no estuvo bien, lo más curioso es que no había bebido, su mujer es muy guapa como para estándose, fijando en una mujer tan simple como yo. Ni que fuera cenicienta, donde en este caso el príncipe es un hombre de familia. Estábamos sirviendo el desayuno, y en todo momento, el joven no dejaba de mirarme, y comienzo a sentirme nerviosa, creo que debería renunciar y entrar a la maquiladora con mi madre, pero me preguntaría porque dejé un trabajo como este donde la paga es muy buena. ¡Demonios! ¿Qué le diría? ¿Qué me estoy enamorando del hijo de mis patrones y que él también se está fijando en mí? Pésima idea y descartada. Una vez que terminaron su desayuno, todos se levantaron y nosotras recogimos los platos. Fuimos a lavar los trastos y después con nuestro desayuno, antes de continuar con nuestras labores. –      Gaby, querida. – me llama la señora Rosalía. –      ¿si, dígame? – le pregunto amablemente y ella me sonríe dulcemente. –      ¿Puedes ir al mercado por estas cosas? – me extiende un papel con su encargo. Lo tomo y veo lo que necesita. –      Por supuesto que sí. – me da el dinero que necesito y antes de irme, aparece mi perdición. –      ¿Qué necesitas, madre? – al parecer, estaba escuchando cuando la Sra. Me había llamado. –      Unas cosas que necesito para una comida especial para tu padre, pero ya mandé a Gaby por las cosas. – él me mira un momento y la vuelve a mirar. –      Si quieres yo la llevo en el coche para que no demore mucho. - ¡¿Qué?! Tiene que ser una broma. –      No es necesario, yo… - no termino de hablar cuando su madre me interrumpe. –      No hay problema, mi hijo tiene razón, así no pagas transporte. – dice amablemente y yo por más que quiero mantenerme lejos de su hijo, este parece estar siguiéndome como sombra. –      No se diga más. ¿nos vamos? – dice con amabilidad, yo siento no quedándome de otra. Se despide de su madre, y salimos de la casa, abre la puerta de su carro, me subo y segundos después sube él, yo estoy hecha un manojo de nervios. –      ¿Qué pretende? – digo un poco molesta. –      Nada, sólo conocerte. – dice con arrogancia. –      ¿disculpe? Si sabe que trabajo para sus padres… - digo con ironía. –      Lo sé, pero no es impedimento para ser amigos. – seguramente sea eso. –      Usted está ca-sa-do – le digo recalcando y deletreando la última palabra. –      ¿lo dices por Samira? – dice como si no le importara. –      Si, me casé con ella, no porque la “ame” sino porque me dio un hijo, un día llegó a decirme que esperaba un hijo mío y la acepté sólo por eso. A mí me enseñaron a ser responsable de mis actos. –      Y aunque fuera así, no debería estar buscándome. – digo y detiene el auto en una esquina. Me mira profundamente y me vuelvo a poner nerviosa. –      Tú en verdad me gustas, que digo, me encantas, eres muy bella, y me gustaría estar contigo. – esto no puede estar pasando. –      Que cosas dice. – me volteo hacia la ventanilla ignorando su mirada. –      Mírame, ¿acaso no te gusto? – hace que lo mire nuevamente y veo deseo en sus ojos. –      Yo… bueno… sí. – digo nerviosamente, se acerca a mí y comienza a besarme. ¡oh por dios! Besa muy rico, es tierno. –      Dame la oportunidad que lo que te digo es verdad. - ¿tanto le gusto? –      Pero… ¿Qué dirá su familia? – digo preocupada. –      Tranquila, por el momento es mejor guardar nuestro secreto. – giña un ojo con coquetería y me da un beso rápido antes de continuar con el viaje. Regresamos del mercado, ambos teníamos que estar como si nada para no levantar sospechas, sé que esto está muy mal, pero creo que si me enamoré de él. Sale su esposa con su hijo en brazos y lo reciben con amor, dijo no amarla, pero al parecer, ella si lo hace. Estaba en mi cuarto leyendo una revista antes de dormir para no estar pensando en él, en eso siento que se abre la puerta y veo su perfecta silueta. –      Hola. – saluda y cierra la puerta detrás de él. –      Hola. – digo tímidamente. Veo que se acerca, me muevo un poco dándole espacio, se acomoda junto a mí y me abraza. –      Tenía ganas de verte. – dice dándome besos en los labios. –      Y yo a ti. – me acomodo más en su pecho. –      Sabes algo. – dice y lo miro atenta. –      Dime. – digo y me sonríe. –      Sé que te acabo de conocer, pero cuando te vi, supe que tenía que estar contigo. Tengo un convenio con Samira, cuando nuestro hijo cumpla 6 años, me dará el divorcio y así seré libre. – lo miro con los ojos muy abiertos, sólo espero que no esté jugando conmigo. –      ¿en verdad? – digo sin seguir creerlo. –      Si, y quiero todo contigo. – esto debe ser un sueño, ¿será real? Seria cuestión de verlo con mis propios ojos con el tiempo.

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