La arquitectura del corazón

1380 Palabras

El regreso a la Mansión Gordon con un niño extra en brazos se sintió, extrañamente, como colocar la última pieza de un rompecabezas que no sabíamos que estaba incompleto. Lucas había pasado todo el vuelo desde Roma aferrado a la solapa de la chaqueta de Bautista, durmiendo a ratos, despertando sobresaltado para comprobar que seguíamos ahí. La inseguridad de un niño abandonado es un fantasma difícil de espantar, pero Bautista, con una paciencia infinita que contradecía su fama de CEO implacable, le había susurrado historias sobre aviones y nubes hasta calmarlo. Al llegar a casa, la tarde caía suave sobre Buenos Aires. Matilde nos esperaba en el porche, con Leo saltando a su lado como un resorte incontenible y la pequeña Alma en brazos de la niñera. —¡Llegaron! ¡Llegaron! —gritó Leo al

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