»Capítulo 4«

1154 Palabras
Tenía que hacerlo lo tenía que hacer la necesitaba, ansiaba tocarla, poseerla. La quería tener justo aquí, conmigo. ¡Maldición! ¿Cómo se atrevió a desobedecerme? La castigaré por eso, le haré entender que el que manda aquí soy yo, haré que se grabe en la cabeza que si yo hablo ella tan solo obedece. Es mía, ella es de mí propiedad, solo mía, hecha solo para mí. ¿Por qué eres tan terca mí ángel? Te veías tan hermosa con ese vestido, parecías un verdadero ángel, uno el cual me está destruyendo muy lentamente. No sabes cuánto te necesito Lucía. No sabes ni en lo más mínimo como quiero corromper tú alma, verte sufrir y a la misma vez verte sonreír. Me enloqueces Lucía. Me enloqueces como no tienes ni puta idea. Está noche serás mía mí ángel. Te haré saber una y mil maneras el como te amo. El agua fría cae por mí cuerpo como una cascada, aumento la velocidad sobre mi falo, echo mi cabeza hacia tras imaginándomela a ella. El como sería ver su cuerpo desnudo, escucharla gemir, ella sobre mí montandome, como su rostro se rompe de placer, besarla, morderla, dejar mí marca sobre su piel. ¡Joder! Gruño cuando esté último pensamiento me hace venir. Respiro con dificultad apretando mí mandíbula. Bajo la vista a mí m*****o y este sigue duro. No es suficiente para mí. Ella es la única que calmara mi hambre, solo ella. [...] Lucía había llegado hace un rato, Se notaba que se le habían pasado los tragos, algo que me vendría bien la verdad. Camino despacio hasta su habitación y abro la puerta lentamente tratando de no hacer ni el más mínimo ruido, no quiero que nadie se de cuenta de lo que estaré por hacer. Cuando estoy adentro cierro la puerta con seguro, busco a Lucía con la mirada y la logro ver tirada en la cama aún con su ropa puesta. Camino hacia ella con dificultad ya que las luces están apagadas y solo la luz de la luna alumbra un poco la oscura habitación. Me acerco y la muevo cerciorandome de que esté profundamente dormida y para mí suerte lo está. Saco de mi bolsillo trasero las esposas la tomo entre mis brazos y la coloco en una mejor posición, levantó sus manos por sobre la cabecera de la cama y las sujeto con las esposas. Sonrió satisfecho, hoy el destino está de mi lado. Me quito las únicas prendas que tenía encima y quedó totalmente desnudo, la adrenalina y el éxtasis surgen por todo mi cuerpo. Quito los zapatos que traía Lucía y empiezo a subir a la cama. Tocó una de sus piernas lentamente y beso el centro de su entre pierna. Lucía se remueve un poco, la veo detenidamente y en un segundo se tranquiliza. Procedo a levantar su vestido y con impaciencia le quitó las bragas, abro sus piernas, pongo mí rostro en el medio de estás, huelo su aroma y puedo decir que su olor es fascinante, paso mi lengua por sus pliegues, chupo su clítoris, mí ángel se remueve como si esto le gustará. Sabe tan bien como huele, es tan exquisita. Chupo, saboreo, muerdo. Paso mi lengua por su entrada y Lucía jadea levemente, sonrió por mis adentro, ella lo está disfrutando tanto como yo, le doy unas últimas lamidas y me detengo. Trato de quitar su vestido pero se me hace imposible, así que me levanto de mi lugar y busco unas tijeras, sonrió al encontrarlas sobre su escritorio, nuevamente me acerco a ella y corto su vestido lentamente disfrutando del momento, de lo que estoy por hacerle. Tiro su vestido y las tijeras a alguna parte de la habitación, mí garganta se seca y mí m*****o palpita. ¡Maldita sea, es una puta diosa! Está totalmente desnuda, expuesta solo para mí. Dibujo con mis dedos su figura, beso su ombligo con delicadeza, con mí pulgar toco su pezón y me llevo uno de sus senos a mi boca, muerdo provocando marcarlo. Cuando ya no aguanto más la espera me coloco en el medio de sus piernas, lamo y muerdo su cuello. Me acerco a su rostro y me deleito con su belleza, quién diría que está noche el demonio iba a corromper al ángel más puro, la luna sería testigo de nuestra unión y él diablo celebrará en el infierno. Devoró sus labios sedientos de ellos, ella empieza a removerse, abro su boca y meto mi lengua saboreando cada parte de ella, probando el sabor de la perdición misma. Lucía se retuerce con desespero y me detengo para mirarla, de sus ojos caen lagrimas, su pecho sube y baja con esfuerzo y su labio inferior tiembla. Ella me ve con miedo y confusión a la vez. —No - dijo con dificultad dándome a entender que el alcohol aún surge efecto en ella. —Tranquila mí ángel - ella movía sus manos tratando de soltar las esposas mientras sus lágrimas caían y balbuceaba cosas sin sentido para mí —Te prometo que seré lindo - le propine un casto beso y ella negaba una y otra vez sollozando. Me coloco en su entrada y empujó lentamente, ella chilla de dolor y le tapo la boca con una de mis manos. Es tan deliciosa, meto mi cabeza en el hueco de su cuello y ella solo sigue llorando y retorciendose de dolor, me olvidó totalmente de ella y la lujuria me consume enterrandome con salvajimos en ella. Gruño al sentirla, su interior me da una increíble bienvenida y es mejor del como me lo imaginé. Empiezo a dar embestidas con fuerza, llenandola de todo mí m*****o, la habitación es adornada con mis gemidos. ¡Dios! Su cuerpo, su interior es una maldita delicia, tocar cada parte de ella es como tocar el más delicado diamante. Nuestras pelvis chocan en un adictivo sonido, por un momento me doy cuenta que mí ángel tiene la mirada perdida en el techo y sus lágrimas caen en abundancia, en ningún momento emite algún sonido, pero cuando siento que voy a llegar a mí límite me olvidó nuevamente de ella y acelero mis estocadas escuchando a Lucía dar un leve grito. Muerdo su cuello con rudeza apretando su cintura cuando me corro en su interior dando las últimas embestidas. Salgo de su interior lentamente intentando no causarle daño y mí ángel me da una última mirada para luego cerrar sus ojos y quedar profundamente dormida. Me quedo un minuto más contemplandola, la tapo con las sábanas y me levanto de la cama recogiendo mí ropa, antes de salir le doy un último beso. —Descansa mí ángel - y sin esperar más me voy de aquella habitación donde Lucía y yo nos unimos en uno solo, donde había firmado mí sentencia, aquella habitación donde la oscuridad fue parte del como mi delicada flor perdió su virtud.
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