La risa de mi amiga y el sabor balanceado del café con leche me dejaron un grato sabor de boca, risas y más risas entre las dos, me hacía tanto bien, y aquella mujer era tan guapa que era difícil creer que alguien la tratará mal, supongo que en este momento y ahora que todo estaba bien para ella, se podía permitir esa felicidad y estaba feliz por ella. —Me voy —dijo ella mientras tomaba sus cosas y antes de que pudiera, pague la cuenta—, Regina, no pagues tú, déjame a mí hacerlo, por favor. —Para nada, tú pagaste la última vez, así que no te dejaré —comenté con una sonrisa triunfal, extendiendo al mesero la tarjeta y algo de efectivo para la propina Dejé a Deniska en el café y regresé con muchos más ánimos que antes, me había aclarado, como siempre, las ideas, me parecía sorprendente

