—No se trata solo de tu pierna —dice Martín, bajando la voz. El gesto es inesperado. Por primera vez, lo veo vulnerable—. Se trata del ballet, de tu vida. Pensamos… pensamos que habías muerto. Tu padre nos dijo que no querías saber nada. —Mi padre miente —escupo, el veneno del alcohol y las apuestas de él envenenando mis palabras. El silencio se apodera de la sala. Los tres me observan. Siento la tensión acumularse, el dolor del pasado mezclado con la amenaza inminente del futuro (Dante). —Vinimos porque… —comienza Catalina, dudando. —Porque el Festival Internacional de Zúrich tiene un cupo libre —termina Martín, con esa mirada de depredador que siempre tuvo. Extiende un folleto con papel brillante, sin un solo pliegue. Mis ojos viajan por el logo: Gran Premio de Zúrich. Categoría Sen

