¡Te odio!

1016 Palabras

Su mano tatuada, con esos símbolos antiguos que me fascinaban y aterraban a la vez, se alzó. Pensé que me iba a golpear o que iba a tomarme con violencia. Pero en su lugar, sus dedos enguantados rozaron mi mejilla. El contacto fue una descarga eléctrica, fría y luego ardiente. Su toque era firme pero extrañamente delicado. Recorrió el contorno de mi rostro, el rastro de la mordida que me había hecho en el labio. —Eres un peligro, Elena —dijo, con esa voz grave que vibraba en el silencio. —Tú eres el peligro. —Eres insolente, desafiante y tienes el porte de una reina caída. Odio eso —confesó, acercándose más. Su aliento cálido me rozó la boca—. Pero lo deseo más. Mis labios se separaron, temblorosos. Intenté resistirme, decirle que se detuviera, pero la cercanía, la química innegable e

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